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El
Ministerio de Educación acaba de anunciar una nueva reforma para
los próximos cursos donde se piensa establecer la línea a seguir
en el Bachillerato, a inicios de cuarto curso de ESO. Ello significa
que los estudiantes deberán elegir que quieren estudiar en un
futuro, en un curso donde la enseñanza todavía es obligatoria y es
posible que muchos de ellos no continúen cuando empiece el
Bachillerato. Se trata de un nuevo experimento dentro del mundo de
la educación, que ya comienza a ser una constante en los últimos años
sin que se encuentre el camino correcto a seguir.
En estos momentos
el sistema también hace agua por todas partes ya que durante el
primer curso de bachillerato se obliga a los estudiantes a unas
asignaturas obligatorias que un curso después ya son opcionales si
se opta por una determinada línea a seguir en una futura
universidad. Lo estudiado en primero no tiene ninguna continuidad en
segundo y lo que se estudia en segundo no ha sido iniciado en
primero.
Los experimentos,
con gaseosa, son mucho menos peligrosos que el jugar con un sistema
educativo. Se dice que la Selectividad debe cambiarse cuanto antes,
ya que en estos momentos acceder a la carrera deseada es cuestión
de auténticas lumbres y en ocasiones ni así, por lo que se tiene
la sensación de haber estado perdiendo el tiempo optando por unas
asignaturas que te preparen para una carrera a la que no puedes
acceder; que el sistema no funciona; que la forma de calificar no es
la correcta, que la ESO es el corderito y el Bachillerato el lobo, y
todo ello por unos criterios no establecidos desde las primeras
bases de la enseñanza. El paso de la escuela al Instituto, o lo que
es lo mismo, de segundo de ESO a tercero, es una barrera todavía
infranqueable para muchos estudiantes que chocan contra la pared del
cambio tan radical que existe. Se diga lo que se diga no se califica
igual en segundo que en tercero, o si se quiere, no se califica
igual en la escuela que en el instituto, y no existe un reciclaje
uniforme entre todos los profesores, o entre todos los maestros.
Mientras unos dan clase, otros enseñan. Y no hablemos de la
Universidad, que sería un tema que merecería una página mucho más
extensa.
Una asignatura
pendiente en este país sigue siendo la educación, se mire por
donde se mire. Es increíble que los libros utilizados durante un
curso no sean ya recomendados para otro, así como la forma tan
peculiar que existe para recomendar lecturas. Esa falta de criterios
es lo que provoca en numerosas ocasiones el fracaso escolar y la
sensación de impotencia en algunas asignaturas sin entrar en
valoraciones más profundas que nos llevarían a conclusiones más
determinantes.
Mientras no
existan uniformidades contrastadas, pactadas y comprobadas para que
la enseñanza tenga un resultado aceptable, se seguirán jugando con
fuego y con el futuro del país. Una enseñanza correcta provoca una
sociedad justa y más solidaria con los demás; mejor preparada para
aceptar los retos que le propongan. Mientras se siga experimentando
se seguirá fallando y mientras se siga fallando podremos ver a los
estudiantes, encerrados en el propio sistema, en unas jaulas
semejantes a las que cubren el patio del Instituto Doctor Simarro.
Pero ese tipo de experimentos (el de las
jaulas) sería cuestión de un futuro artículo.
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