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Leo,
no sin cierto asombro, un artículo en el diario Levante-EMV en el
que un exmiembro de Izquierda Unida, ahora de Nova Esquerra, o lo
que es lo mismo un trásfuga que debería haber abandonado su sitio
en el Ayuntamiento, ya que los ciudadanos no le votaron con sus
nuevas siglas, muestra su desacuerdo en el hecho de que las
instituciones públicas (Ayuntamiento, Generalitat y Diputación)
hayan colaborado en la exposición de José López Sellés sobre la
Congregación Claretiana en Xàtiva, y continua mi asombro al
comprobar los motivos que le hacen opinar de ese modo: el que se
viertan frases que le molestan, o hablando en plata, que recuerdan
una época dictatorial y olvidada.
Podría estar
totalmente de acuerdo si no fuese de que todo depende del cristal
con que se mire, y en este caso, el tránsfuga (perdón, el todavía
concejal que no debiera) ha mostrado una intolerancia que raya los límites
de los derechos democráticos más elementales, mostrando una
postura intransigente y populachera que le viene grande.
Yo tampoco puedo
estar de acuerdo con algunas directrices de las teorías políticas
de quien protesta, pero sin embargo nunca me atreveré a opinar que
no debería tenerlas, sino que las respetaré sin compartirlas, eso
si, pero me parece que la protesta del tránsfuga (perdón, del
concejal) en este caso ha sido como mear fuera de tiesto.
Y como todo
depende, creo que la exposición de López Sellés debería verse
como una recopilación de una parte de la historia de Xàtiva, que
se quiera o no se quiera está ahí, pasó, y marcó toda una época.
La historia se escribe con B i con V y se podrá estar de acuerdo o
no con ella, pero no puede ignorarse.
Quizás lo que más
duela es la falta de sensibilidad de quien no está de acuerdo, por
cuanto estoy seguro que López Sellés ha puesto una gran ilusión
en esta exposición, la misma ilusión que pone en todos los
proyectos que lleva a cabo, y se quiera o no, Sellés ha sido una
pieza fundamental en la recuperación de nuestra historia, y ha
llevado a cabo, y está llevando, acciones sociales y culturales que
algún día deberán ser reconocidas como se merecen.
A mi entender el
aún concejal ha patinado de forma lamentable al querer mezclar la
historia con las ideas y alzarse como defensor de los ideales más
democráticos que sólo son los suyos. A mi, personalmente me
desagradaría ver una exposición sobre las víctimas del
franquismo, pero ello no quiere decir que no existieran, como
existieron las del marxismo.
Pero, amigo mío,
la historia no conoce ni de ideas ni de actitudes.
Sólo es historia.
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