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Pertenece al grupo «L´Aire
Lliure» y es uno de esos artistas capaces de adentrarse en
cualquier terreno sin tener miedo a las consecuencias por una
sencilla razón: le sale bien. Y como bien le sale, los resultados
son unas mezclas de estilos creadas con toda la intención del mundo
y que permiten al espectador poder disfrutar de esos matices cromáticos
que predominan en el paisaje, en los trazos, en los pequeños
detalles inimaginables para el profano y el entendido. Esos mismos
detalles que Toni Sáez traslada al estilo oscuro y misterioso, a la
luz de la lámpara o a la silla colocada en el lugar justo para que
penetre en el subconsciente y no se olvide. Ese detalle de la sombra
vigorosa, del espejo luminoso o del cielo gris y misterioso. Jugar
con los colores y acertar en el juego que sabe conjugar con las
formas. La conclusión no podía ser otra que la que consigue:
captar la atención. Y cuando se consigue captar la atención el
trabajo está bien hecho y la obra preparada.
Toni
Sáez es de esos artistas a los que nada les importan las modas
pasajeras que sólo conducen a desacertadas derivaciones del arte
concreto y conciso. Sáez ha comprobado todas las técnicas y en
todas ha obtenido un excelente resultado. Sus comienzos fueron en lo
abstracto y todavía conserva muchas de aquellas obras donde puede
observarse que dentro de cada línea y cada trazo, existe una
mensaje subliminar y una lectura que no sólo no es pasajera, sino
que además cautiva. De aquellos tiempos le quedan las obras y los
premios que obtuvo.
Sáez tuvo
incursiones en el mundo de las fallas, pero sobre todo descubrió el
aire libre, el cielo azul y los campos de violetas, que mezclados
con aquellos monumentos y rincones ricos en matices, llenaron ya por
completo su aspiración pictórica. Cada domingo la llamada del
campo es exacta y precisa, y los pinceladas captan con la
personalidad de este pintor autodidacta, cada uno de los detalles
que después rematará en la tranquilidad del estudio, cambiando,
posiblemente, el azul del cielo primaveral por el gris del otoño o
la tierra seca del verano por la húmeda del invierno. Todo le vale
a este pintor que ha sabido conjugar la independencia con sus
propias creencias artísticas.
Y cuando el aire
libre no invita, siempre queda el retiro de plasmar la naturaleza
muerta, pero que debe vivir desde el momento en que llega al lienzo.
De esta forma sillas, mesas y ventanas, harán de complemento ideal
y de compañía al jarrón de flores marchitas de donde destaca
aquella margarita que con su amarillo brillante iluminará la oscura
y tétrica habitación.
En los últimos años Toni Sáez ha sorprendido
a propios y extraños con obras que han causado admiración por lo
complejo de su elaboración y por lo depurado de la técnica, así
como por las formas, su colocación, su luz y su espacio. Ello le ha
valido ser merecedor de algunos importantes premios, pero los
premios son, al fin y al cabo, una pequeña recompensa a tanto
esfuerzo; el esfuerzo de demostrar que es posible la superación
personal y es posible sorprender con obras que encierran todo un
torbellino de sutilezas.
Toni Sáez sabe hacerlo.
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