ARTISTAS LOCALES Y MÁXIMOS GALARDONES

 

En los últimos treinta años son apenas una media docena los artistas locales capaces de haberse alzado con el máximo galardón de las fallas setabenses. Alternándose durante verdaderas etapas en las que su liderazgo era incontestable, otras veces reverdeciendo viejos laureles o en otras surgiendo de manera inesperada. Los Grau, Blanco, Herrero, Roca y Moracho, con el antecedente de Martínez Mollá, han llenado de primeros premios las imaginarias vitrinas de muchas fallas de Xàtiva que, en algunos casos, obtenían con ellos su primer triunfo. Son los artífices de las ilusiones de una comisión que a lo largo de las tres últimas décadas han sumado los primeros premios de una competición local a veces encarnizada.

               La reciente historia de las fallas de Xàtiva en su vertiente meramente competitiva referida a los monumentos ha sido propicia en una masiva presencia de artistas locales y de duelos entre ellos por la consecución de los máximos galardones. El último curato de siglo ha demostrado que apenas un reducido grupo de cinco artistas, con escasísimas excepciones, ha formado parte de una selecta lista que, curiosamente, también ha ofrecido etapas diferentes de liderazgo consecutivo de alguno de ellos. Descontando el despegue protagonizado por José Martínez Mollá, que ya antes de los setenta emigró a Valencia y estableció allí su taller y desarrolló su faceta artística, Xàtiva ha repartido entre un escaso ramillete de artesanos sus máximas condecoraciones falleras. Los veteranos Antonio Grau Cros (retirado en 1995) y Manolo Blanco, los no tan jóvenes aunque sí experimentados Paco Roca y Miguel Angel Gozalbes Moracho (éste último, también retirado desde las pasadas fallas) y el joven Xavier Herrero, que se incorporó en 1996 a la lista de vencedores locales, forman la corta lista de ganadores del primer premio de la especial, aquél que concede a la comisión el placer de pinchar con la parte metálica del banderín la plataforma del monumento que mostrará al espectador la contundencia del premio a la mejor falla de la ciudad.

LA SUPREMACIA DE ANTONIO GRAU Y MANOLO BLANCO

Antonio Grau Cros se retiró de la construcción artesana de fallas en 1995. Heredero del liderazgo profesional que ostentó su padre, Antonio Grau Tomás, este veterano artista obtuvo en 1971 el primer premio con una falla para la plaza del Espanyoleto. La década de los setenta fue para él y para Manolo Blanco. No hay otros vencedores en toda esta etapa (excepción hecha del premio de 1974, ganado para El Carme por Mario Lleonart). Sus victorias se fueron alternando. Así, en 1970 Blanco gana el máximo galardón para la comisión de Tetuán. Al premio de 1971 le sucede la revalida de 1972. Ese año, Grau vence con la falla de República Argentina. En 1973, Blanco recupera el cetro ganando para El Carme el máximo premio de la competición fallera setabense. En 1975 Grau Cros gana el primer premio con el monumento de la falla Cid-Trinitat y en 1976, Blanco vence de nuevo al llevarse a casa el galardón con una falla realizada para la comisión del Raval. Alternancia de nuevo ya que Grau gana en 1977 con República Argentina. Aquel triunfo derivaría ya en una supremacía absoluta de Manolo blanco que gana consecutivamente con Raval los primeros premios de la especial de 1978, 1979, 1980 y 1981. Los ochenta siguen consolidando el liderazgo artístico de Blanco ya que en 1982 y 1983 sigue ganando los primeros premios, pero esta vez con las fallas que construye para la comisión de Gregorio Molina.

LA CONSAGRACION DE PACO ROCA

La década de los ochenta, que había comenzado con la continuidad en lo más alto del ya veterano Blanco propiciaría, sin embargo, una recuperación de Grau y la consagración del joven Paco Roca. De esta manera, en 1984 y 1985 Antonio Grau Cros logra sus dos últimos premios de especial de su carrera artística con sendas fallas para República Argentina, la primera, y El Mercat la segunda. Estos dos premios suponen un broche de oro a la trayectoria de este artista por lo que se refiere a máximos galardones, aunque su trabajo siguió estando presente en las fallas de Xàtiva diez años más. En 1986 surge Roca en la limitadísima lista de los primeros premios. Raval gana el premio con una falla de este nuevo artista que llevaba sin embargo bastante tiempo avisando de sus posibilidades. Para demostrar que la irrupción de Roca no es ningún espejismo sirve de ejemplo el segundo primer premio con Raval también sólo un año después, en 1987. Parece que a Roca no hay quien le desbanque por que en 1988 revalida su triunfo, aunque esta vez con Espanyoleto.

LA LLEGADA DE GOZALBES MORACHO

Con Gozalbes Moracho topa el colectivo artístico local. Este joven artesano arriesga sobremanera en 1989 para darle a República Argentina el primer premio de aquel año, galardón que se le negaba desde el 84. Lo de Miguel Angel Gozalbes toma carta de consolidación un año después, en 1990. República Argentina, de nuevo, logra el primer premio con una falla de Moracho. La década de los noventa, que con Blanco en el exilio de Dénia o Grau dedicado a otras fallas menos ambiciosas parecía ser sólo de Roca propicia un duelo entre ambos artistas. Precisamente Roca es quin se lleva el gato al agua en 1991, de nuevo con Españoleto. No sabían ninguno de los dos, en cambio, que el regreso de Manolo Blanco haría que este veterano artista reverdeciese laureles de nuevo en su ciudad. Así, en 1992 y 1993 dos grandes fallas para República Argentina dan el primer premio a Blanco, que alcanza su techo artístico en la ciudad desplegando sus triunfos en la década de los sesenta, setenta, ochenta y noventa. Aún lograría Gozalbes Moracho dos primeros premios más después de la rentrée de Blanco. La supremacía de República Argentina no tiene parangón y en 1994 y 1995 este artista le da dos nuevas máximas victorias a la falla. Serían los dos últimos premios grandes de Moracho, distanciado de la alta competición con su acceso a la política municipal y su retirada definitiva el año pasado.

LA «DESAPARICION» DE LOS ARTISTAS LOCALES

Con Blanco de nuevo fuera de los circuitos de la especial en Xàtiva, Paco Roca con algunas posibilidades de premio que no fraguan, Grau retirado de manera definitiva y Gozalbes Moracho distanciado de la alta competición, la lista de primeros espadas locales a la búsqueda de un máximo premio competitivo está huérfana. Surge entonces Xavier Herrero. El yerno de Blanco, debutante en especial unos años antes, consolida los augurios que sobre él se cernían y le da a República argentina el primer premio de la especial de 1996.

Todo indica que el nombre de Herrero será, sin duda, el que llene los casilleros de los artistas vencedores de la especial hasta bien entrado el tercer milenio. Sin embargo, sólo un año después, un artista foráneo logra 23 ejercicios después arrebatar el premio a un artesano de Xàtiva. Así, Bernat Román le da el máximo galardón de 1997 a Juan Ramón Jiménez. La historia se repite en 1998 ya que herrero, que sí que logra el premio de la especial, no gana globalmente y es Paco Roca, con Sant Jordi, quien recupera su presencia en lo más alto del triunfo artístico local.  Este año, con tres artistas de fuera de Xàtiva, la posibilidad para un primer premio local de especial sólo la tiene Manolo Blanco, quien plantará para Sant Jordi. Xavier Herrero baja el nivel competitivo con la presencia de la falla de República Argentina, que construye de nuevo este año, en la sección primera. La ausencia de Grau, Roca (sólo compite en Valencia) y Moracho hace que las posibilidades de un triunfo local absoluto queden reducidas al ámbito familiar de los Blanco. Suegro en especial y yerno en primera, la historia de 1999 no puede propiciar un nuevo nombre setabense en la lista sagrada de artesanos locales triunfadores del día 16 de marzo.

AGUSTI GARZÓ 

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