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Todo
el mundo ha coincidido al señalar que el discurso del presidente de
la Junta Local Fallera en la presentación de las dos falleras
mayores de Xàtiva sonó a despedida y cierre, sin ningún genero de
dudas. Además, desde los diferentes sectores de la sociedad
setabense se apuntaba una realidad clara y patente: la Junta
Ejecutiva de la Junta Local Fallera que preside Ximo Sánchez tenía
muy claro su cometido y su trabajo: un mandato de dos años;
realizar los cambios necesarios; crear un nuevo estilo de Junta
Local; mejorar el mundo de las fallas en todos sus aspectos y dejar
el testigo a quien quiera cogerlo, con el trabajo ya hecho y el
camino llano para nuevas iniciativas.
Sin embargo no
parece ser que estén hechos todos los cambios, ya que desde algunos
sectores falleros no se aceptan de buen grado y ello se ha podido
comprobar en estos dos años. En mi opinión, no se ha valorado
suficientemente el trabajo de Ximo Sánchez y de todo su equipo,
quienes han conseguido sacar el mundo de las fallas setabenses de un
pozo oscuro que no tenía ningún futuro, y que además dependía de
viejas costumbres, excesivamente arraigadas en el pasado. Hablar de
fallas era hablar de tradiciones caducas, de prohibiciones absurdas
e incluso de pensamientos conservadores que encasillaban a todos en
el mismo paquete sin ninguna distinción, ya que los «progresistas»
eran claramente una minoría que se perdía.
Con la nueva
Junta Local Fallera las costumbres han cambiado y el cambio ha sido
positivo: riqueza en la indumentaria; falleras mayores democráticamente;
nueva forma de entender la fiesta; una cultura mucho más
progresista dentro de la propia fiesta; jurados transparentes;
independencia de la Junta Central Fallera que vive en las cavernas
del pasado, etc. Por ello no acabo de entender algunas de las críticas
que ha recibido Ximo Sánchez y por eso me preocupa quien tome el
relevo y si los sectores que continúan cerrados a cualquier
iniciativa de cambio estarán esperando su oportunidad para
reivindicar su posible fuerza.
Las fallas y sus
componentes no pueden permanecer ajenos a los cambios de la
sociedad. No se puede vivir libre y democráticamente con respeto a
las ideas de cada uno, y que el coto fallero sea la válvula de
escape para reivindicar proyectos caducos. Todavía se percibe esa
imagen en algunos sectores y además se aprovechan incluso por «artistas»
musicales para cada año sacar a la calle un tema que puede incluso
dar vergüenza ajena, pero que triunfa dentro de un gran sector.
Por ello, y vuelvo a repetir que es mi opinión,
el trabajo de la Junta Local Fallera en sólo dos años ha sido
intenso, positivo y creo que valorado en la mayoría, aunque la
minoría pretenda imponer sus criterios. En estos momentos da gusto
presenciar un desfile o asistir a una semana cultural, pero, ¿seguirá
así? Por ello la pregunta de este artículo. ¿Terminó el trabajo?
¿Está todo controlado?. Espero que la respuesta será afirmativa y
quien coja el relevo, siga los pasos de quienes han sido capaces de
dotar a las fallas de Xàtiva de su propia personalidad: una
personalidad abierta al futuro.
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