|
Después
de la Semana de Pasión dice y manda la tradición que la Pascua es
casi obligatoria para todos los mortales, o al menos los que
habitamos por estos lares tan característicos. La Pascua, lleva,
por que así está hablado, acordado y ratificado, la inevitable
salida al campo, la comida de la mona, el buen tiempo que debe
imperar esos días y el primer contacto en serio del año con la
naturaleza. Si no se sale al campo; si no se hace la siesta en la
verde hierba crecida en el invierno, si no se colocala tienda de
campaña y si no molestan las moscas, la Pascua ya no es lo que
esperamos.
Pero ocurre que
como en todas las cosas, llegó un momento en que el desmadre en el
campo llegó a tales extremos que la Pascua era un suplicio cuando
terminaba: árboles cortados, basuras por todas partes, y un
espectaculo francamente lamentable, pero la solución fue tan drástica
como el problema: impedir cualquier manifestación madiambiental
bajo riesgos insospechados: fuertas multas, prohibiciones
constantes, etc. Lo grave de todo esto es que la solución fue
drastica por no intentar buscar alternativas positivas que
permitiesen una utilización racional de los espacios. Estamos de
acuerdo en que había que cerrar cualquier posibilidad a la locura
sobre el campo, pero la solución pasa por habilitar lugares
concretos donde la vigilancia sea constante y donde se puede
permitir una serie de valores que los ciudadanos/as necesitan para
mantener vivas las tradiciones. En estos momentos en Xàtiva no
existen lugares de acampada libre lo que obliga a quienes encuentran
en sus parajes el lugar ideal de relajación y tranqulidad, a buscar
otras alternativas semejantes, cuando cabría la posibilidad de
habilitar lugares concretos en l´Estret de les Aigües o margenes
del río Alboi. Ello significaría no tener que desplazarse hasta
parajes donde sus alcaldes terratenientes (leáse pueblos de la
Canal de Navarrés) emulan al sherif del lejano oeste com sus
todo-terreno a falta de caballo, para imponer la ley y el orden pese
a tener que pagar una tasa por ocupar sus territorios.
La primavera
nunca será primavera si la Pascua no se disfruta con su tradición
centenaria. ¿Quien recuerda aquellos días donde la Albereda se
llenaba de jovenes por las tardes después de todo el día de Pascua
y allí se organizaban juegos populares?. Eso se acabó, como se
acabará la Pascua al aire libre si no se toma una solución
racional al problema del respeto al medio ambiente. La concienciación
colectiva de la mayoría no impide el gamberrismo incontrolado de la
minoría, y de ahí que sea necesario una justa medida para cada
cosa.
Si prohibimos la
Pascua y dejamos que el resto del año se amontonen las basuras en
el campo, se produzcan incendios, se contaminen los ríos y se
deteriore el medio ambiente, mal asunto.
Terminaremos conviertiendo la tradición
pascuera en el alquier de un apartamento en Gandia. Y eso si que sería
lamentable para futuras generaciones, por muy trágico que ahora
parezca.
|