AQUÍ ESTÁ MI MENSAJE. SOCORRO: LLEGAN LAS ELECCIONES

 

Poco importa que se hayan cumplido mucho más de 20 años desde que acudimos por vez primera a unos comicios. Se sigue repitiendo la misma historia de siempre. Poco importa que nuestra democracia haya alcanzado un grado importante de madurez, por cuanto sigue existiendo la creencia de que está verde. Sigue existiendo la creencia de que conviven en la misma sociedad dos partes bien diferenciadas: los tontos y los listos. Los primeros son aquellos que depositan su voto cuando se les llama al orden, y los segundos los que figuran en las listas para ser votados.

Pasan las elecciones (centrémonos en las municipales que nos tocan más de cerca). Los ganadores toman posesión de sus cargos, reparten sus poderes y dejan el resto a la oposición, quien molesta y enrabietada inicia una feroz crítica hacia el poder establecido. Esta fuerza dura entre doce y trece meses, para dejar paso al silencio más absoluto, a la apatía más considerable y la dejadez en todas sus consecuencias. Los que gobiernan, gobiernan con cierta lentitud, preparando un camino que sólo comenzarán a recorrer con todas sus fuerzas más allá del principio de este capítulo.

Han pasado tres años, y cuando llegan los tres años y medio comienzan a surgir las voces. Se preparan los nuevos candidatos. Los que ya no serán ni aparecen para pedir disculpas por todo lo acontecido: llámese poder u oposición; los que serán dicen que ya demostraron y los que vienen de nuevo presentan su DNI, sus características, sus intenciones y sus discursos repetidos que escuchamos desde hace... ¿tanto tiempo?.

Vaya que suerte. Tres años y medio de silencio y de repente llegó el ruido, «tanto y tanto ruido». Durante todo este tiempo de todo se hizo y no se habló de nada. De nada se hizo y se habló de todo, pero de puertas adentro.

Ahora sonó el pistoletazo de salida y de golpe: ¡Voila!. Todos tenían algo que decir y muchos tenían que hacer. Se sabía que por aquí habían medio ambiente, y obras, y bienestar, y cultura, y deportes, y ocio, y formas de gobernar, y maneras de hacer oposición, pero no se descubrió hasta este momento, hasta el mismo momento que hace cuatro años, u ocho, o doce, o dieciséis. Vaya, para ir directos al grano: nos acaban de comunicar a los sufridos votantes que vienen las elecciones, y a partir de este momentos nos llegaran los mensajes del «nosotros haremos más» o «no puedes equivocarte más», como si el ciudadano fuese el que se equivocase cuando deposita libre y democráticamente su voto.

Precisamente quienes se equivocan son los que en el sufrido papel plasman una serie de buenas intenciones que se convierten en la mayoría de los casos en quimeras irrealizables o en posteriores explicaciones de «no sabíamos que era imposible». Pongamos como ejemplo aquello de «Otan NO» ¿Recuerdan?.  Hagan memoria del final. La madurez de la democracia está constatada y demostrada y el voto del ciudadano tiene precisamente el valor de la libertad, para que desde foros que no tienen ninguna garantía se pretenda decir quien tiene más legitimidad que otros.

El valor de la democracia se basa en el trabajo constante y continuado de un programa coherente y serio. Terminó el tiempo del miedo y las frases de «yo o el caos». Aparecer como el Guadiana a tres meses de las elecciones provoca recelos e inquietud y en nada beneficia al sistema.

En una sociedad madura, alguien tendrá que pensar que es hora de cambiar  el mensaje para que sea creíble, y que los candidatos (léase todos) se presenten ante el electorado sin caretas ni dobles lenguajes. Sólo de esta forma estaremos jugando a un juego limpio donde todos tengamos cabida. Seamos de la ideología que seamos.

XAVIER ESTORNELL 

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