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Las
elecciones del próximo 13 de junio constituyen para todos los
ciudadanos y ciudadanas, una nueva apuesta por el futuro real de
esta ciudad. Lejos queda aquel 1979 cuando por vez primera los
setabenses acudíamos a las urnas con el primer voto en la mano para
elegir democráticamente a nuestros legítimos representantes en la
Casa de la Ciutat. El variopinto abanico de posibilidades y opciones
políticas se han ido diluyendo al paso de los años, posiblemente
al mismo ritmo que las irrealizables utopías que llenaban las páginas
de los programas electorales.
Después de
veinte años algunas cosas han quedado claras. En primer lugar la
democracia se ha consolidado por la alternancia habida en el poder
municipal. Si el PSOE estuvo dieciséis años gobernando la ciudad,
los resultados de 1995 dieron la alternativa al PP, que simplemente
cogió el relevo, y con sus formas y su programa ha establecido una
nueva etapa en la historia democrática de Xàtiva. Sin ningún
trauma y sin grandes cambios. Con un nuevo talante, y con una
diferencia lógica, si tenemos en cuenta que cada opción se
presenta con alternativas distintas, pero que en el fondo llevan a
coincidir en el mismo camino. No ha hecho falta sacar las armas a la
calle ni que llegase una nueva revolución para restablecer el orden
perdido. La ciudad sigue ahí, con sus cambios habidos en estos
cuatro años, y será precisamente la gestión la que determine si
el cambio fue positivo, fue negativo o quedó como estaba. Y esa
gestión se conoce y se valora por el simple papel que se saca de
las urnas. Buscar nuevas interpretaciones simplemente llevan a
confundir y variar la realidad del voto.
Trabajo será de
los diferentes candidatos establecer cuales son sus prioridades en
la ciudad y si las formas de gobernar de unos y otros pueden hacer
variar la verdadera realidad de Xàtiva, o si simplemente se trata
de pequeños matices sin importancia. Apoyaría totalmente las
palabras de Adolfo García cuando dice que los problemas de Xàtiva
son los que son, nos gusten o no nos gusten, y si repasamos
pacientemente cada uno de los programas, veremos que el final de la
carrera está en el mismo lugar.
La consolidación
de la democracia permite en estos momentos que el voto ya no se
otorgue a aquellos grupos que garantizaron las mayorías anteriores.
Las alternancias ya se oyen, se ven y se leen, y mientras el centro
se presenta como progresista, la izquierda sigue apostando por su
unidad, y el nacionalismo por su independencia. Todos ellos son válidos
en una ciudad donde caben todos, y donde todos son necesarios para
poder conseguir el fin por el que, teóricamente, se concurre a
estos comicios.
El Partido
Popular se presenta ante el electorado con su gestión recién
terminada y presentando su trabajo; el PSOE quiere recuperar una
imagen perdida y asegura que su castigo se ha cumplido en estos
cuatro años y ya no merecen más; Izquierda Unida confía en su
electorado fiel para que no se note la ruptura que sufrió; el BNV
sigue con su discurso independiente y sin sucursalismos como fuerza
necesaria, mientras que Unió Valenciana es toda una incógnita
llena de juventud y no quiere perder el tren que le llevó a
conseguir un concejal.
Las cinco
opciones huyen, en términos generales, de falsas utopías y
propuestas que en otros comicios eran defendidos a capa y espada,
pero que el tiempo ha demostrado que la mejor propuesta es aquella
que se hace desde el suelo, a menos que se tenga un aparato para
poder volar.
Existe además un
hecho que habría que tener en cuenta. En estas elecciones casi mil
jovenes van a votar por primera vez, y entre ellos existen la
sensación de la duda y el desconcierto. Se hace necesario una
explicación coherente y precisa a estos jovenes de cuales son las
verdaderas propuestas que se ofrecen en pro de una ciudad mejor. A
una gran parte de este nuevo electorado le importan poco las
derechas o las izquierdas, y aunque sin olvidarlas del todo, creen
en una democracia participativa, donde también ellos tengan algo
que decir.
Que a esta
alturas existan indecisiones de este tipo tendrá que hacer
reflexionar a los partidos políticos para que expliquen que quieren
hacer, como quieren hacerlo, y la seguridad de que lo harán.
El próximo
milenio está a la vuelta de la esquina y las prioridades de los
ciudadanos van cambiando al paso del tiempo de forma muy rápida. El
bienestar social y la calidad de vida ocupan las primeras
necesidades. La ciudad debe establecer un futuro donde convivan
conjuntamente todos aquellos elementos que hagan de Xàtiva una
ciudad habitable y preparada para acoger las nuevas inquietudes que
están por llegar.
Los problemas de
Xàtiva son los que son, pero habrá que establecer las
correspondientes soluciones, prioridades
y orden de actuaciones para mejorar sus infraestructuras,
comunicaciones, urbanismo, medio ambiente, cultura, patrimonio,
turismo, historia, y todas y cada una de las acciones que sirvan
para que Xàtiva prepare su futuro con todas las garantías
posibles.
Por ello son
importantes todos y cada uno de los votos, ya que, no debemos
olvidar, que la democracia no consiste en acudir a las urnas una vez
cada cuatro años, sino que el resto del tiempo hay que seguir
ejerciendo el derecho a la reivindicación, y el derecho a que se
nos explique como se desarrolla el programa que se ofreció como
documento de trabajo a llevar a cabo en la ciudad.
Si algún día se consigue que los
programas electorales se hagan para cumplirlos, en ese momento se
habrá dado el paso definitivo para que la fuerza de los votos, sea
la fuerza de todos y cada uno de los ciudadanos y ciudadanas, que
libre y democráticamente acudimos a votar para reforzar nuestro
sistema de pluralidad y alternancia política.
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