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Son
las siete de la tarde en Xàtiva de una tarde cualquiera, y para
comenzar a narrar esta historia es necesario hacerlo como conductor
de coche, de ciclomotor o de peatón, así que imagínense todas las
situaciones y pónganse en ese lugar para meterse de lleno en el
caos de una ciudad.
Carretera de la
Llosa a Xàtiva. Se contempla el Portal del Lleó y antes de llegar
a la rotonda comienza el embotellamiento. Es imposible que en una
rotonda se formen largas colas pero es así. En esta jungla de
asfalto el más valiente es el que logra pasar a pocos centímetros
del coche de al lado y milagrosamente no ocurre nada.
Ahora vamos por
Gregorio Molina, aunque si se sube por la Baixada del Carmen dirección
Avenida de Selgas, el lío es exactamente el mismo. De los teóricos
dos carriles que existen, apenas queda uno por donde pasa el vehículo
y como necesariamente tienes que detenerse en la tienda donde te
esperan para recoger un paquete, haces lo mismo que todos, ya que la
ORA está algo más que completa. Justo en ese momento, el agente de
turno te ha viso llegar y ya ha tomado nota de la matrícula. Has
estado tres minutos pero no valen las excusas: «Usted cree que con
el tráfico que hay puede estacionar en doble fila». Resignado
subes al coche y milagrosamente al subir por Cerdán de Tallada
encuentras un lugar vació pero para estacionar debes hacerlo entre
dos vehículos aparcados en doble fila. Lo consigues. Cuando vuelves
al cabo de media hora te han taponado la salida y estás media hora
más tocando el claxon. Nada de nada. Buscas al agente pero debe
estar ahora por la Baixada de la Estació, donde el caos va en
aumento. Que pesadilla.
Las chicas de la
ORA intentan tranquilizarte pero al final de mosqueas y exiges que
venga la grúa para que te despejen el camino. Imposible. Está en
la Albereda retirando coches que provocan parte del tapón. Y el
parking medio vacío.
Mientras tanto el
peatón intenta sin resultado que le dejen pasar por el paso de
cebra, pero ni de esas lo consigue. Hay demasiados nervios y los
coches no paran. Al final, frenazo, dos gritos y se consigue cruzar
la acera, sorteando, eso sí, dos ciclomotores que adelantaban por
la derecha.
Precisamente esos
ciclomotores estacionan entre vehículo y vehículo después de
comprobar que no existe zona azul para ellos. El agente les comunica
que allí no pueden estar y si el agente no está, lo más normal es
que el vehículo, cuando salga del estacionamiento, se lleve por
delante la moto.
Y todo ello una
tarde cualquiera de verano o de invierno. En Xàtiva sin ir más
lejos. En una jungla de asfalto sin ley ni orden.
¿Quieren
comprobarlo?
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