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Fue enterrada a principios de la década
de los años sesenta y con ella desapareció uno de los elementos más
característicos de la ciudad que todavía se recuerda. La balsa
lavadero, de cuyo nombre fue rebautizada la plaza con la llegada de
la democracia (antes era del Caudillo y de Emilio Castelar), sirvió
para que durante décadas y décadas fuese el sitio principal para
lavar la ropa. Típicas fotografías de la época recuerdan el
singular monumento, que según el actual equipo de gobierno, podría
ser recuperado durante la actual legislatura. ¿Quien no ha oído
hablar de la Bassa?
Rafael
Alventosa García, en el libro «Játiva en tus manos», editado por
la imprenta Marbau, con motivo de su cincuenta aniversario, escribe
que «Así fue la típica Plaza de la Balsa, hoy del Caudillo.
Tomó su nombre pro la gran balsa-lavadero allí emplazada, que servía
para los menesteres de la población, antes de la instalación
domiciliaria de las aguas potables. Tres grandes bocas de agua, una
de ellas mayor y un surtidor central sobre una taza circular de
piedra, verían sus transparentes aguas del manantial de Bellús.
Bello aspecto y admiración de todo visitante».
Una gran parte de
la Bassa fue enterrada a principios de la década de los años
sesenta, no sin la oposición de muchos vecinos, incluso de algunos
concejales, entre los que se encontraban Remedios Laguía y el
desaparecido Francisco Bolinches. La taza semiesférica de mármol
de buixcarró fue a parar a la Plaza de la Seo, donde todavía
permanece como fuente en el jardín central, y algunas de las
losetas del monumento, sirvieron para hacer las aceras de esta misma
plaza.
La Bassa que
durante años sirvió como lavadero público, sustituyó a unos baños
árabes que existían en la ciudad, y de los que aprovechó su
caudal. Este lavadero se construyó en la primera mitad del siglo
XIX y se destruyó (enterrando gran parte del mismo) en la reforma
general de la Plaza a principios de la década de los años sesenta.
La simetría de
su planta, la situación en el centro de la Plaza y la calidad de
sus restos (copa de mármol), hacen pensar que su trazado obedecía
a un proyecto que, por su época, sería académico. En la parte
superior de la zona que ocupaba el lavadero, junto al monumento a
Ribera, se encontraron restos de una bóvedas que podrían
pertenecer a los antiguos baños.
Ahora, el nuevo
Ayuntamiento pretende recuperar este monumento, como se ha
recuperado el Portal del Lleó, o el también lavadero del Jardín
del Beso, el segundo en importancia después del de la Bassa, cuando
el agua no había llegado a los domicilios. Esta política de
recuperaciones, se enclava dentro de un contexto que sirva para que
Xàtiva muestre toda una serie de elementos, que en su momento
sirvieron como referencia social, cultural e histórica.
En el mismo
sentido estaría la recuperación de la biblioteca del Jardín del
Beso, sus ornamentos, y el futuro proyecto de recuperar el templete
de la Glorieta, recordado aún por muchos setabenses.
Toda esta serie
de acciones pretenden enriquecer y ampliar la candidatura de Xàtiva
a ser declarada Patrimonio de la Humanidad; mostrando monumentos
característicos que un día existieron en la ciudad y que por unos
u otros motivos desaparecieron. Al mismo tiempo serviría como
atractivo turístico, pese a que su función no sería la misma que
fue en su día.
La ubicación no
sería exactamente la misma, ya que la presencia del tráfico rodado
y la amplitud de las vías, hacen inviable esta posibilidad, por lo
que la Bassa sería desplazada hacia uno de los lados, quedando
integrado dentro del jardín e intentando que tenga la mayor
cantidad posible de elementos originales, ya que se tiene la certeza
de que desenterrando el lugar, pueden aparecer un gran número de
ellos.
La recuperación
de este lavadero, puede significar una recuperación de la memoria
entrañable, ya que la Bassa está mucho más fresca en el recuerdo
que lo estaba el Portal del Lleó.
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