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Mi
querido amigo y compañero de abogacía, don Carlos Sarthou Carreres
(brillante y culto publicista, entusiasta setabense y director de la
Revista Játiva Turista, a la que con su gran talento y amor a esta
bella ciudad de papas y artistas, ha sabido elevar a la envidiable
categoría de excelente publicación, de que hoy goza buscada y
leída con interés cada día más creciente por los amantes de
Turismo y del Arte), pídeme, atentísimo como siempre, unas
cuartillas para un resonante y cascabelero extraordinario que ha
decidido publicar con motivo de la tradicional Feria que comenzará
el 15 del corriente Agosto.
No
ha estado acertado el Sr. Sarthou al solicitar nuestra
colaboración; pero no pudiendo declinar el honor que la petición
envuelve, vamos a emborronar unas cuartillas, que si no nos
acrediten de literatos -a lo que no aspiramos-, desde luego, den
testimonio de nuestro vivo deseo de atender a tan buen amigo y de
nuestro intenso cariño a esta hidalga ciudad, en la que nacimos y
vivimos, y cuyas grandes glorias constituyen para nosotros -como
para todo buen setabense-, un motivo de legitimo orgullo, cual si en
ellas hubiéramos tenido participación.
Nos
proporciona, además, esta intervención periodística, el dulce
sentimiento de rememorar pasados tiempos -ya bastante lejanos-, en
los que al llegar los anhelados días de la Feria, escribíamos
nuestras largas crónicas, desprovistas, si duda, de todo aliño
literario, pero vibrantes de pasión y en las que no faltaba el
sentido recuerdo y muy merecido elogio para nuestra bellas y
simpáticas amigas de entonces, muchas de las cuales aún conservan
encantos juveniles, hallándose las más convertidas en respetable
mamás de frescos y bellísimos capullos, que a la vez que acreditan
la excelente estirpe, remuevan brillantemente los atractivos de
aquellas.
Hoy,
como ayer, la Feria resulta siempre grandiosa, y aunque por si sola
tiene esplendente vida, deseando este Ayuntamiento que tengo el
honor de presidir (como los anteriores, de muchos años a la fecha
también), darla un mayor impulso, ha dispuesto la celebración de
múltiples festejos, algunos de ellos de procedencia americana, como
la Jin-Kama, automovilística, en la que me costa tomará parte un
crecido número de coches, algunos de ellos tripulados por
lindísimas señoritas, lo que contribuirá a aumentar la bulliciosa
y alegra animación que siempre reina en ella; más hoy, como ayer,
la nota saliente, de color rosa, está reservada para las
muchísimas mujeres hermosas que, ricamente ataviadas, dan al amplio
y espacioso salón de la Feria -cubierto por frondosos plátanos que
los resguardan cariñosamente de las mordientes caricias del sol- el
encantados aspecto de un inmenso y fragante jardín donde múltiples
y diversas flores de encendida belleza atraen la admiración de los
concurrentes, despertando en sus almas la gratísima impresión que
emana de la presencia de lo bello y artístico.
Xàtiva,
la ciudad milenaria, que, como Numancia, consintió ser quemada
antes que rendida, sesteando durante mucho tiempo al arrullo de sus
pretéritas glorias -glorias de Arte, de Santidad, de Sabiduría y
de Valor- parecía, no ya estacionada, sino en vidente inferioridad
a su esplendoroso pasado; más, afortunadamente, aquella apatía
secular a todos imputable (y que siendo sensible, explica
perfectamente un sentimiento de dulce añoranza), empieza a
sacudirse vigorosamente, presagiando, no ya el retorno a su antiguo
y glorioso apogeo, sino el intenso excedimiento del mismo, con la
rápida creación de una esplendente urbe, cual se merece por su
límpida historia, por la hidalguía proverbial de sus hijos, por su
magnífica situación geográfica, por la exuberancia de su extensa
y pintoresca vega, por sus miles de fuentes, venero de riqueza, y
cuyos cantos cristalinos son como un himno a la vida y al trabajo,
por sus espléndidos panoramas y por la atrayente gracia y radiante
hermosura de sus mujeres.
Como
es público en ésta, jamás ambicioné el cargo que desempeño, no
porque no lo considere muy honroso -que como un alto honor lo
estimo-, sino porque aparte de mis múltiple ocupaciones que me
absorben muchas horas, siempre he creído, y de criterio no he
variado, que son muchos los convecinos que pueden desempeñarlo tan
bien como yo, y bastantes, mejor, encontrándose entre estos
últimos todos mis compañeros de Consistorio; pero ya aceptado el
cargo, aspiro a responder a la confianza que la designación
implica, haciendo cuanto me sea posible en favor del progreso de
Xàtiva, con la firme esperanza de que mi paso por la alcaldía,
mejor dicho, nuestro paso, el de todos los que integramos el actual
Ayuntamiento, no ha de ser anodino, y que al final podremos
presentar un aceptable balance de nuestra gestión.
A
más nuestra voluntad para conseguirlo, creemos contar para ello con
el apoyo del vecindario, en general, contando con el muy entusiasta
y valiosísimo de muchos, y entre ellos de los excelsos patricios,
D. Attilio Bruschetti, D. Juan de Selgas y D. Ramón de Ochando, a
todos los cuales se ha honrado Xàtiva nombrándoles hijos
adoptivos, como pequeña correspondencia a su bien demostrado amor a
la ciudad y un interés en beneficio de la misma, siéndonos grato
dedicarles este pequeño recuerdo que en sí lleva un testimonio de
gratitud.
Era
mi propósito al empezar a escribir, llenar sólo un par de
cuartillas, pero hablando de Xàtiva nos ha sucedido como cuando se
habla con la mujer amada: que transcurren las horas sin darse
cuenta. Cerremos, pues, y vayámonos preparando para gozar del
sugestivo panorama que nos ofrecerá esta colosal Feria, cuya
tradición remonta sus orígenes a tiempos bíblicos, pues, ¿quién
será el que no conozca aquel gracioso cantar de un ingenioso vate
local que nos refiere que el señor Faraón rey de todos los
egipcios, adquirió ya en ella un fogoso corcel?.
Y
cuando nos digan que aquí hace mucho calor, respondemos que es
natural que así suceda en donde hay tantas mujeres que son
verdaderos soles.
* Fernando Bernabé fue alcalde de
Xàtiva. Este artículo se publicó en el número 8 de la revista
«Játiva Turista» en agosto de 1927 que dirigía Carlos Sarthou.
Se ha reproducido para mostrar a los lectores la forma literaria y
el entusiasmo con el que hablaba el autor de Xàtiva, de su Feria, y
de todos aquellos aspectos que la rodeaban.
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