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Cuando el cielo de Xàtiva
albergaba la inundación colorista del castillo de fuegos
artificiales que daba la bienvenida a la Fira d’Agost de 1999,
Melchor Peropadre se despedía de este mundo en una habitación del
hospital Lluís Alcanyís. Él no sabía, derrotado por la
enfermedad, que la ciudad que adoró parecía estar poniendo música
a su última partida. Con la desaparición del viejo comunista, Xàtiva
queda huérfana de uno de sus padres más creativos y fecundos en
campos como la música, el periodismo, la poesía o el compromiso
político. Siempre desde la afición, jamás desde la erudición o
el academicismo, Peropadre aportó numerosas obras musicales,
particulares enseñanzas o, en sus últimos años, contundentes y
bellos artículos y crónicas periodísticas que igual denunciaban
hechos y situaciones injustas que elogiaban la figura de algún
personaje «menor» que él rescataba del olvido.
Melchor
Peropadre nació en Barcelona en 1920. Llevar el nombre de uno de
los tres monarcas orientales de la Epifanía no se debió a otro
motivo que el de ver la primera luz el día 6 de enero de la recién
estrenada década. Nacer en la ciudad condal también fue fruto de
la casualidad. De ascendencia aragonesa, La verdadera cuna vital de
Melchor era la localidad oscense de Barbastro. El año 1934, en
cambio, marca la verdadera dimensión de su adscripción ciudadana
porque, trasladado a Xàtiva por los imperativos laborales de un
padre ferroviario, Melchor se establece en la capital de La Costera
con 14 años y ya nunca dejará de pronunciar con vehemencia ni de
reconocer contundentemente su plena condición de socarrat
empedernido.
La heterodoxa
formación musical de Melchor comienza con el organista de la
catedral de Barbastro, quien introdujo a Melchor en las técnicas
del violín y en las primera enseñanzas solfeísticas. Una osadía
interpretativa con la bandurria y la guitarra fueron, en cambio, los
precedentes musicales aún carentes de las elementales normas
interpretativas que señalan los pentagramas. Son muchas las veces
que Melchor rememoró sus repetidas fustraciones musicales. La
primera de ellas la supuso la Guerra Civil española, cuyos avatares
le condujeron a luchar en los frentes aragonés y catalán. Con
algunas iniciativas musicales discretas pero valientes en la Xàtiva
de pre guerra, la contienda civil nacional le permite, a pesar del
dramatismo de una lucha fratricida, no dejar de lado la música.
Prisionero en una cárcel francesa, forma en prisión un terceto con
un pianista y un intérprete de violín.
La guerra da paso
a la posguerra y Melchor se vincula, tras el fin de la contienda, al
ejército y a sus posibilidades formativas en lo musical. Ingresa en
la banda de Capitanía General de las Baleares, es violinista de la
Orquesta Sinfónica de Palma y acude a oposiciones musicales que,
sistemáticamente, se le cierran -aseguró él años atrás- por
sus reconocidas simpatías políticas hacia la izquierda. La
aventura musical bélica y militar de Peropadre dura nueve años.
El regreso a Xàtiva,
la formación de una familia tras su matrimonio con Amparo Ramos y
su condición de inquieto marcan, a partir de bien entrada la década
de los cuarenta, la intensa faceta musical de carácter local y
comarcal emprendida por Melchor simultáneamente a su condición de
funcionario en un centro educativo. Ceñirse al resumen para citar
algunos de las proyectos e iniciativas de Melchor en las décadas de
los cincuenta, sesenta y setenta supone olvidarse de mucho. Funda la
Rondalla de Xàtiva, enseña a la interpretación de la bandurria,
la guitarra y el laúd a los niños o inicia los primeros arreglos
en esta primera etapa de regreso a la ciudad.
Funda años después
en La Primitiva la banda de corte humorístico La Matraca, recibe
lecciones de los maestros Cervera, Gomar y Tello en el conservatorio
y comienza a refrendar oficialmente unos estudios y aptitudes
musicales no regladas que le impidieron alcanzar cotas más altas.
Acepta la dirección de la banda de música de Quatretonda, de la
que Melchor contó que eran «unos pocos músicos que no sabían
ni lo que era una zarzuela». Melchor siempre recordó el
intenso trabajo de convertir aquella minúscula y anárquica formación
musical en una banda de relevante calidad interpretativa. La
aseveración prueba también el escaso apego por la humildad que
Melchor tuvo en muchas ocasiones, sin que estas palabras signifiquen
demérito del «padre musical» de muchos músicos locales de
brillante presente artístico.
Como invitado,
dirigió las bandas de música de Llosa de Ranes, Genovés y Benigánim.
Forma paralelamente a su continuidad en La Primitiva Setabense una
orquesta de canción ligera que le reporta intensas giras e incluso
llevar una de las composiciones de la formación, en voz de otros, a
la final del Festival de Benidorm. El regreso al repertorio rondallístico
le convierte en director de la Sección Femenina y en profesor, de
nuevo, de jóvenes e incipientes valores musicales.
Bien entrados los
sesenta, da el paso de lo artístico a lo administrativo haciéndose
cargo de la presidencia de la sociedad artístico-musical La
Primitiva Setabense, la popular Música Vella. Melchor siempre
reivindicó para esta etapa suya al frente del colectivo la autoría
de la recuperación social y artística de una sociedad que «estaba
desahuciada y embargada», según sus propias palabras cuando
habló de la intensa época en la que la sociedad pasó de la
posible desaparición al traslado a unos nuevos locales.
Composiciones religiosas, pequeñas obras de teatro, repertorios de
rondalla, zarzuelas, el Himno a Xàtiva, la presencia en el
comité fundacional de la Federación Valenciana de Sociedades
Musicales... Los años posteriores a la jubilación de Melchor, que
compartió su destino laboral con la antigua escuela de Maestría
Industrial, primero, y el instituto de bachillerato Josep de Ribera,
después, no sólo no mengua a partir de 1985, sino que se
intensifica.
Enviuda en 1990.
Años antes, Melchor ya gozaba en el ambiente musical de Xàtiva de
una especial relevancia. Su figura era del viejo profesor de enseñanzas
indiscutidas y de conocimientos amplios y vastos. Pero mucho antes
de ello, en plena transición, Melchor protagoniza un episodio político
de singular trascendencia. Catalogado por algunos como personaje
afecto al régimen al desarrollar su labor profesional como
funcionario del Estado en los referidos centros educativos de Xàtiva,
Melchor Peropadre irrumpe en las primeras elecciones democráticas
de después del franquismo en la cabeza de la lista local del
Partido Comunista de España. Hubo quienes no daban crédito al ver
a Peropadre, quien obtuvo una acta de concejal para su partido,
representando en el consistorio la ideología revolucionaria, de
igualdad, lucha y proletariado que tantos años había estado
latente y oculta en los destinos laborales del músico. Aquella
aventura política, en cambio, tuvo una duración escasa. Melchor
cedió su sillón de concejal antes que se cumpliera el año de su
presencia en el salón consistorial. No terminó, en cambio, una
continuada presencia en el partido, en su consecuencia posterior:
Esquera Unida, e incluso una nueva presencia en candidaturas
municipales o su siempre atendido papel de asesor, ideólogo y
luchador empedernido por las libertades.
El Melchor
Peropadre de los noventa no es otro que el relevante periodista. En
todas las publicaciones comarcales editadas en Xàtiva desde los
primeros ochenta han estado presentes los escritos de Melchor. Su
presencia en las hojas de la prensa local abarcó desde las crónicas
especializadas de los acontecimientos musicales a los amplios
reportajes que retrotayeron a los lectores a épocas y personajes
que estaban en el recuerdo. La Veu de Xàtiva, Noticia-7, Xàtiva
Semanal... Los últimos años de Melchor, marcados por la hemiplejia
de su derrame cerebral de 1993, no detuvieron; al contrario,
alentaron su intensa colaboración en los medios de comunicación.
La edición comarcal del diario Levante-EMV o esta revista gozaron
en sus páginas de las ricas aportaciones de Peropadre hablando de
la necesaria unidad de la izquierda, del 50 aniversario de la
formación profesional, de la clase política local o de los
personajes más curiosos y atractivos de la vida artística de Xàtiva
a la que él contribuyó con elevadas dosis de entusiasmo literario
para romper injustos anonimatos. La hemeroteca local es testigo de
justicia de la brillantez literaria y el afán periodístico de
Melchor. Una pequeña publicación recopilando sus escritos no sería
mala idea. A quien corresponda. Afortunados somos, vaya por delante,
quienes en tantas ocasiones disfrutamos en exclusiva antes de su
publicación de la prosa precisa y noble que tantas veces tuve el
honor de mecanografiar para que días después fuera disfrutada en
negro sobre blanco por lectores que llegaban a venerar los escritos
de Melchor. Se nos ha ido un compañero de fatigas.
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