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Debe
ser la cuestión que la convierte en el cuento de nunca acabar, pero
lo bien cierto es que vuelve a ser el tema estrella de las últimas
semanas después de mucho tiempo sin estar en candelero.
Son
las tan traídas y tan llevadas pensiones, producto de
conversaciones y murmullos, de bulos y de mentiras, de verdades y
comentarios y que han servido para centro de atención en campañas
electorales, jugando con el miedo y con los pensionistas como
destinatarios finales del cinismo y la hipocresía de los políticos.
El
PSOE que consiguió crear el miedo en el cuerpo cuando llevó casi a
la ruina a la Seguridad Social, amenazó con que si la derecha
llegaba al poder - ¿les viene a la memoria Alfonso Guerra?-,
desaparecerían las pensiones; pero lo que era bien cierto es que
estuvieron a punto de desaparecer porque en las arcas públicas no
había ni un mísero duro.
Ahora,
cuando la derecha no ha eliminado las pensiones, y tres cuartas
partes de este país tienen un plan privado por si acaso las moscas,
el PSOE exige desde la privilegiada posición que les otorga la
oposición, que se revisen y se aumenten las más pequeñas,
olvidando, claro está, la memoria colectiva de sus acciones. Justa
petición y justa reivindicación en un presente de bonanza económica,
y aunque se jura y se rejura que el futuro está asegurado, ¿quien
garantiza que las arcas públicas no volverán a estar vacías
dentro de algunos años ?.
Si
nadie lo garantiza y como mucho son palabras que se puede llevar el
viento, la solución es fácil: que se dejen de pagar las elevadas
cuotas a la seguridad social (la asistencia sanitaria es gratuita
para todos), que se incluyan en los presupuestos del estado los
gastos sanitarios (puede hacerse eliminando unos cuantos miles de
funcionarios de los que sólo se sabe el nombre y no el trabajo), y
entonces podremos hablar si tapujos y sin miedos de una hipotética
desaparición futura de los pensiones, porque si de hecho puede
ocurrir lo mismo, ¿para que estamos desembolsando un ojo de la cara
mensualmente que no sabemos donde irá a parar?.
Habría más empleo al desaparecer las cuotas a
la Seguridad Social; todos tendríamos un plan privado que nos
garantizase el futuro y ya no habrían pensiones para privilegiados
y no privilegiados. Pero con esta medida, ¡ay!, se terminaría el
tema estrella de las campañas electorales; las confrontaciones políticas
y la demagogia barata de los que hablan desconociendo la razón de
sus palabras.
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