Querido Melchor

 

Querido Melchor:

Te marchaste sin avisar a nadie, como supongo era tu intención. Tu dilatada vida se apagó en un abrir y cerrar de ojos como supongo lo planeaste en el mismo momento en que te diste cuenta que tu tiempo había terminado y ya nada tenías que hacer aquí. Tuviste en ese momento la misma fuerza de voluntad que hace uno años cuando te sobrepusiste a la lucha que tu cuerpo te provocó, pero tu mente, lúcida y despejada, logro vencer y te agarraste al futuro con la misma ilusión con que hacías las demás cosas.

Querido Melchor, amigo de tus amigos y de tus enemigos; revolucionario justo, comunista convencido y de ideas claras, músico, poeta, amante de tu Xàtiva, la cual te debe muchas cosas que espero no le tendrás en cuenta.

Amante de tu país que te persiguió, pero al que perdonaste en las tinieblas de la postguerra...Querido melchor.

Con tu pérdida se pierde una figura entrañable pero quedan tus ideas, tus himnos, tus escritos, tus recortables, tus palabras y tus silencios y todo aquello que sirvió, querido Melchor, para ganarte el cariño de aquellos que te conocimos y nos consideramos tus amigos. Aquellos que por Navidad recibíamos una postal tuya con el villancico plasmado en música y elaborado por tus propias manos.

Recuerdo, Querido Melchor, tus colaboraciones en La Veu de Xàtiva o cuando te acercaste por primera vez a Noticia-7 cuando todavía podía considerarse un semanario, para proponernos la edición de esos maravillosos recortables de los monumentos de Xàtiva que hiciste a escala con la paciencia de santo que te caracterizaba, o las últimas conversaciones que tuvimos para que plasmaras tus opiniones en esta también tu revista La Ciutat de Xàtiva. Recuerdo la última vez que viniste a mi casa para entregarme un precioso trabajo sobre «Els Motets de Xàtiva» y obligaste a tu nieto a llevarte en el coche porque no consentías que nadie pudiese pensar que ya no eras capaz de desplazarte, aún con la ayuda de los demás.

Y en ese momento, querido Melchor, comprendí la grandeza que supone el hacerse mayor y aceptarlo con todas las fuerzas del mundo y del saber. Como también comprendí el valor de tus cosas aquel día en que me regalaste un álbum con tapas de cuero donde podía leerse «certificados de defunción» y en su interior se amontonaban los recortes de periódicos y revistas del tiempo de la transición, con artículos sobre el comunismo, la reforma, puntos de vista de Santiago Carrillo, Tierno Galván, Pablo Sebastiàn...las primeras posiciones de un PSOE dispuesto a dar caña en el país... ¿Recuerdas Querido Melchor?.

En los últimos meses te retiraste de toda vida pública y entre Reus y Xàtiva viviste de tus últimos recuerdos, de tu mente lúcida, consciente de que el final estaba a punto de llegar y lo esperabas con la tranquilidad que sólo las personas como tu son capaces de hacerlo. Aquellas que han vivido conscientes de que algún día tendrán que morir.

Ya ves, Querido Melchor, no he hablado de tu música, de aquella que te despidió en el último adiós pese a tu silencio, y es que tu música la recuerdo en tu propia voz y así la tengo grabada en la mente: tu música y tu benevolente sonrisa de padre bueno.

Te marchaste en silencio, querido Melchor, pero estoy seguro que ahí donde estés, habrás irrumpido con la fuerza que siempre te caracterizó, y que serás feliz.

Tu figura ya no está entre nosotros, pero nos queda tu vivo recuerdo. El recuerdo, querido Melchor, del amigo entrañable y sincero que siempre fuiste.

Querido Melchor, que te vaya bonito.

VICENT SORIANO

LA CIUTAT de Xàtiva
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