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Que
hace mucho tiempo que no sale de su querida, añorada, conocida y
puteada sede socialista, allí en Ferraz. Que le pasará al «probe»
Ciscar, aprendiz de palanganero de su señoría, que consigue, de un
plumazo y con esa carita de niño muerto que nunca rompió un plato,
cargarse a todo el socialismo valenciano y pasarse por sus
entretelas la democracia interna de un partido y la externa de unos
votantes, anulando la voluntad popular de unos ciudadanos que no le
votaron a él.
El «probe»
Ciscar que se tomará su cafetito más sólo que la una, ha
transformado una imagen que ya comenzó a transfigurarse en el mismo
momento en que dejó de ser conseller de cultura.
Desde entonces,
su imagen patética en las apariciones públicas, cuando su partido
perdía elecciones e intentaba explicarlo inexplicable, daban pena.
Como bien decía Matilde Fernández, pasará a la historia como el
mejor secretario de «desorganización del PSOE», y aquel a quien
la democracia se la trae floja con tal de seguir chupando del bote
que sus jefes le ofrecen.
El «probe»
Ciscar, como Juana la Loca, ha perdido no sólo los papeles, sino el
bolígrafo y los cuatro pelos que adornan su mente malévola. ´Los
electores, con la fuerza que otorgan las urnas, eligieron a Antoni
Asunción como jefe de la oposición a Zaplana, pero el «probe»
Ciscar hizo todo lo posible para que el ex de interior tuviese que
marcharse a casa por segunda vez, después de intentar salvar a un
partido que agoniza gracias a personajes como Ciscar.
Luego, se carga
una ejecutiva democrática para poner sus fauces, sus hombres y sus
nombres, en el poder valenciano, aunque esto haya provocado una
ruptura cuyas consecuencias finales todavía están por llegar. Y
todo con la bendición de Almunia y la callada de González a quien,
efectivamente, le «importaba un huevo» quien fuese el nuevo
secretario general de los socialistas valencianos.
El «probe»
Ciscar ha hecho buenos los pronósticos de su desfachatez y no ha
hecho sino llenar un poco más de basura a aquellos que son
incapaces de dejar, de una vez por todas, su pesebre, y marcharse a
casa con la cara baja de la vergüenza.
Pero todo es
cuestión de tiempo. El tiempo justo en que Almunia reciba el mayor
varapalo de su historia en las próximas elecciones generales, y
entonces tenga que salir por piernas con Ciscar abriéndole camino.
Y mientras tanto
sus excompañeros valencianos, podría hacerle la jugada y pasarse
todos al «Grupo Independiente Socialista Libre» (por poner unas
siglas y que no se diga) y de esta forma allanarle el camino a esta
Ciscar malévolo y maquiavélico que ha llenado de vergüenza las
portadas de todos los periódicos.
Si Pablo Iglesia levantara la cabeza, la volvería
a bajar al contemplar la patética imagen de un «probe» Ciscar,
tembloroso y patético, que cada día muere matando un poco más las
siglas de un partido que no merece elementos como él. |