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A partir del martes 23 de
noviembre, la Casa de la Cultura de Xàtiva (Edificio Alameda)
acogerá una exposición de la pintora setabense Carmen Mollá,
quien en una continua superación de cada una de sus obras, vuelve a
mostrar aquellos rincones más característicos de Xàtiva y al
mismo tiempo aquello que no son tan conocidos, pero que por su
singularidad merecen ser plasmados en las creaciones de esta pintora
autodidacta, que a fuerza de trabajo y constancia ha conseguido
hacerse un hueco entre los paisajistas de Xàtiva, dando un toque
muy personal a sus cuadros, llenos de sensibilidad y buen hacer.
Carmen
Mollá pasó una larga infancia en Francia donde comenzó a dibujar
pequeños paisajes y a enamorarse de unos rincones y paisajes que le
ofrecía París. De vuelta a casa, Xàtiva se le apareció como la
segunda oportunidad de seguir creando, ya que en ella descubrió la
verdadera belleza de una ciudad llena de matices, colores, luces y
sombras e infinidad de detalles llenos de melancolía.
Puede asegurarse
que Xàtiva «obligó» a Carmen Mollá a dedicarse en serio a la
pintura, y de este modo, hace más de veinte años, que la pintora
setabense lograba un sencillo premio en el Salón Guiteras. Era el
comienzo de un largo y fecundo trabajo que ha hecho de Carmen Mollá
una pintora paisajista, llena de impresionismo y expresionismo, lo
que no hace sino confirmar los paralelismos entre los dos matices de
la materia perfectamente compatibles.
Carmen Mollá,
tiene muy presente aquella frase que le dijo un buen día un pintor
setabense, «en Xàtiva hay muchos aficionados y pocos pintores»,
pero lejos de desanimarla la animó a creerse una aficionada, que
cada día intenta superarse para ser un poco más «pintora». Y
ello lo está consiguiendo a fuerza de trabajo, constancia y horas,
muchas horas frente al lienzo, para transmitirle sus emociones, su
estado de ánimo y la respuesta que obtiene al impacto que le
produce el paisaje de Xàtiva.
Para Carmen Mollá,
cada hora del día es diferente para plasmar una obra, un detalle,
una sensación. El cuadro que se inicia al amanecer debe terminarse
al amanecer del día siguiente, de la semana siguiente, del mes
siguiente o del año siguiente. No importa el tiempo, pero sí que
importa que el momento sea el mismo, para que la sensación sea la
misma. Por ello no es de extrañar el ver obras de esta pintora a
diferentes horas del día o en diferentes épocas del año. Todo
sirve si al final queda plasmada la sensibilidad con que Carmen Mollá
trabaja en cada uno de sus obras para intentar trasmitir al
espectador esa emoción tan especial que siente el artista cuando
está creando.
Carmen Mollá es
de esas artistas tímidas que no hablan con sus voz sino con sus
obras. Ella no engaña y cada mañana, cada tarde o cada noche se la
puede ver por los rincones de Xàtiva enfrentándose ante el lienzo
sin miedo alguno, entregándose en cada pincelada, en cada trazo y
en cada sensación por el simple placer de hacerlo, y por la
necesidad imperiosa de pintar.
Por ello en cada
cuadro de los que pinta Carmen Mollá hay algo que atrae fuera de la
simple interpretación del conjunto: es su forma tan personal de
hacerlo el que los convierte en una peculiar obra; en un objeto a
contemplar sin ninguna prisa, hasta descubrir el resultado final de
una sensibilidad escondida que se aprecia cuando el espectador
consigue ver más allá de la forma establecida.
Y es por ello por
lo que Carmen Mollá sigue trabajando y nos sigue sorprendiendo con
nuevas creaciones donde se «retratan» los rincones, monumentos y
paisaje que encierra Xàtiva, una ciudad que se encuentra gracias a
su obra en paises como Alemania, Japón, Estados Unidos, Francia,
etc. e incluso «La Font dels 25 xorros» pintada por Carmen Mollá
cuelga de las paredes de la casa de Montserrat Caballé.
Esta es pues una
buena oportunidad de ver como Carmen Mollá sigue superándose en su
quehacer diario y como sus obras han alcanzado una madurez exquisita
de buen hacer y de buen gusto.
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