|
Me
pide mi buen amigo y director de esta revista un artículo de opinión
sobre cualquier cuestión que según mi entender afecte a esta
nuestra ciudad o a sus ciudadanos, y en un principio rechazo su
invitación pensando
que mis opiniones no deben ser excesivamente interesantes, y después
por no tener ningún tema de rabiosa actualidad que merezca ser
plasmado en esta páginas.
Pero un hecho
viene a hacerme cambiar mi primera negativa y acepto la invitación
por dos cuestiones fundamentales: en primer lugar mi condición de
ciudadano del casco antiguo de Xàtiva, y en segundo lugar por la
noticia que escucho en la radio local.
Desde las
dependencias municipales se anuncia, a través de las ondas, que va
a ser cortado todo el suministro
de agua potable en aquellas calles que corresponden al sector número
cuatro, y resulta que el sector número cuatro acoge decenas y
decenas de calles: desde la Baixada de l´Estació, a la Plaça de
la Bassa, pasando por Ausiàs March o la Albereda de Jaume I. Y para
que ningún vecino se quede sin conocimiento de causa se citan por
orden alfabético todas y cada una de las calles en cuestión,
anunciando el corte para el día siguiente. La verdad, una eficacia,
más que contrastada.
Pero, ¡ay!, y ahí
está el quid de la cuestión, cuando en ese momento me viene a la
mente la infinidad de veces, que, al levantarme por la mañana no
había ni una gota de agua en las cañerías, y el aviso de corte o
avería había brillado por su ausencia. Me viene a la mente cuando
después de una llamada telefónica me han comunicado que allí, en
mi barrio, en mi zona, en el casco antiguo de Xàtiva, no habría
agua en un par de días y que perdone usted la molestia, pero es lo
que hay. Y me viene a la memoria que este hecho se ha repetido hasta
la saciedad en los últimos dos años, sin que se dignase, nadie, a
avisar a mi barrio, a una gran parte del casco antiguo de Xàtiva,
que los que teníamos la suerte de vivir allí no tendríamos agua
ni para lavarnos las manos.
Pero claro, somos
una parte mínima de la ciudad y no pertenecemos a la red número
cuatro. No pertenecemos a ese entramado de tuberías que vomitan
agua a las grandes fincas y grandes calles de la ciudad. Somos de
otras calles y otras casas.
Me sobrecogió el
detalle del aviso por las ondas radiofónicas y el anuncio de que un
vehículo de policía comenzaría también el aviso por las zonas
afectadas, para que nadie dijese no haberse enterado. Así se hacen
las cosas.
Y me viene a la
memoria que mi calle y mi barrio tienen excesiva suciedad y mientras
en otras zonas y barrios se pueden ver máquinas limpiadoras,
contenedores modernos y limpios, mangueras que rocían con agua la vías
pública y trabajadores que recogen papeles, en mi calle y barrio
los contenedores están sucios y huelen; los servicios de limpieza
no pasan con regularidad; no sabemos lo que es una máquina
limpiadora en aquella zona, y nuestras quejas en ocasiones son
escuchadas pero en otras no. Es como aquel otro artículo que se
publicó en esta misma revista sobre los ciudadanos de primera y de
segunda.
Y mientras
escribo estas líneas se me ocurre revisar mis últimos recibos de
agua y basura. Efectivamente los pague de los primeros por aquello
de las domiciliaciones bancarias, y pague justo la misma cantidad de
aquellas zonas donde se les avisa de los cortes de agua, se les
comunican las incidendencias y tienen las calles mucho más decentes
que la mía.
Pero yo vivo en
el casco antiguo de la ciudad, y eso no se paga con dinero ni con
servicios.
Desgraciadamente.
|