EL TENOR IGNACIO GINER ASEGURA QUE ES UN PRIVILEGIO CANTAR EN XÀTIVA Y PARA LA GENTE DE XÀTIVA
"Alfredo Kraus ha sido siempre el referente en el mundo de la opera"

 

De pequeño, y como se dice, casi sin saber hablar, su principal afición era cantar el «Ave María» imitando a los tenores que escuchaba en los discos de vinilo de la época. Sabía ya que su destino era el ser tenor con todo lo que ello conlleva, y de esta forma, después de los primeros años de estudio en el Colegio Claret de Xàtiva, y cuando todavía era un niño, fue enviado a la Escuela de la Mare de Deu del Carmen de Valencia, donde estuvo hasta que la voz de niño se convirtió en la de hombre. A los 19 años comenzó la carrera de canto que años después terminaría, y al mismo tiempo hacía sus primeros pinitos en plan profesional. Debutó con «Madame Butterfly» y desde entonces su carrera ha sido imparable.

Desde aquel debut Ignacio Giner ha recorrido medio mundo. El tenor de Xàtiva, con una fama ya reconocida, ha actuado en ciudades como Pesaro, Florencia, Hamburgo, Colonia, Bonn, etc. y prácticamente en todas las capitales españolas. Ha actuado para millones de telespectadores en festivales como el de la OTI y en estos momentos acaba de finalizar una gira por Estados Unidos, y en todas estas actuaciones no se ha limitado a cantar operas, sino que también ha interpretado oratorias y ha actuado en algún concierto.

Desde que Ignacio Giner comenzó como tenor de forma profesional siempre ha actuado mediante contrataciones personalizadas, «por medio de representantes, aunque de forma esporádica también he formado parte de compañías, como la de la opera de Moldavia, con la que interpreté «Madame Butterfly» de Puccini, o la actuación con el Nacional de Cuba, interpretando «La Traviata» de Verdi».

Alguien podría pensar que la vida de un tenor puede ser agitada, intensa y diferente al del resto de la gente. Sin embargo Ignacio Giner asegura que «es de lo más normalita y monótona. Puede decirse que todo el tiempo se ocupa dentro del teatro y viajando en aviones. No hay tiempo para la diversión o el turismo». Y es que la profesión obliga a una serie de esfuerzos que comienzan en el mismo momento es que el agente ofrece al tenor una u otra representación, «los diferentes teatros programan las funciones que van a representarse durante la temporada, y entonces los agentes te ofrecen el trabajo que tu mejor puedes hacer, siempre teniendo en cuenta las características de tu voz».

En cuanto al número de representaciones, «depende mucho de la demanda y de la ciudad. Por ejemplo para hacer una opera hay unas dos o tres semanas de ensayo y en ciudades como Madrid o Barcelona se hacen después entre ocho y diez funciones. En Valencia son generalmente dos o tres». La demanda, como no, tiene una gran importancia en el mundo de la opera, «el público se inclina por obras como «La Boheme», que siempre son de gran aceptación».

Y respecto a las preferencias de representar una u otra obra Ignacio Giner es claro, «mis favoritas son «La Traviata» de Verdi; «La Boheme» de Puccini y «L´Elixir d´Amore» de Donizetti, aunque cuando te ofrecen obras digamos «mas duras», también hay que hacerlas».

Existe la creencia generalizada de que dentro de la opera existe excesivo divismo y que es un arte sólo para minorías. Ignacio Giner asegura que «el divismo depende mucho de las personas y es cierto que existe pero en minorías. Ahora bien, lo que si creo es que el artista debe ser el máximo responsable de la representación. En cuanto a que es para minorías pienso que eso ocurría antes. Hay que tener en cuanta que el montaje de una representación supone un desembolso económico muy importante en cuanto a decorados, atrezzo, vestuario, orquesta, director, cantantes, etc. En otras épocas la inversión sólo podía recuperarse mediante la recaudación en taquilla, y estos momentos ya existen esponsors y subvenciones que abren al público en general el mundo de la opera. Además, la existencia de la televisión, y el CD, ha supuesto que la gente conozca un poco más la opera, y si bien la gran mayoría no pueden permitirse adquirir un abono para toda una temporada, si que es factible asistir a cualquier representación. Los tiempos, afortunadamente, están cambiando».

Siempre existe un ejemplo a seguir y una voz a igualar. En el caso de Ignacio Giner su preferencia está clara, «la meta es Alfredo Kraus. Ha sido el mejor en la cuerda de tenores. También Josep Carreras en su primera época antes de la enfermedad, que se mostraba como un tenor muy valiente, no tan académico como Kraus. Tampoco hay que olvidar a Carlos Alvárez, un malagueño que sorprende por su buen gusto al cantar. En un principio yo trataba de imitar a Alfredo Kraus, hasta que un día un gran cantante catalán, Juan Oncina, al escucharme cantar me dijo que yo tenía una gran voz, muy timbrada y muy colocada, pero que había escuchado a Kraus en mi interpretación. Desde ese día me propuse ser Ignacio Giner y no imitar a nadie, aunque no se puede olvidar al gran maestro como el ejemplo a seguir».

Respecto a las sopranos, Ignacio Giner también lo tiene muy claro, «la número uno es Montserrat Caballé, también en primera época. No ha habido ninguna como ella, ni siquiera María Callas. Cuando todas las cantantes respiraban en el mismo momento de la canción, Montserrat no lo hacía. Era y es la mejor».

Ignacio Giner presume de ser de Xàtiva y de vivir en Xàtiva, «y además tengo el gran honor de poder cantar en Xàtiva y para la gente de Xàtiva. Es un privilegio el poder actuar en escenarios como el castillo y que tus conciudadanos te aplaudan y te feliciten por la calle. Además es importante el poder actuar gobierne quien gobierne en ese momento la ciudad. Yo podría vivir en cualquier otro lugar como Madrid o Barcelona, pero prefiero una Xàtiva que debe seguir prosperando. Es importante unir esfuerzos en ese sentido».

Ignacio Giner incide en el hecho de que Xàtiva debe seguir creciendo culturalmente, «y por ello es tan fundamental la construcción del nuevo teatro. Yo viajaba por pueblos y ciudades y en todos ellos siempre había un pequeño teatro o una casa de cultura con una salón para representaciones y en Xàtiva no teníamos nada desde que se cerró el Gran Teatro. No hay derecho a que no se puedan realizar conciertos ni obras de teatro en las mínimas condiciones. Ni siquiera Sant Agustí vale. Hubiese sido preferible tener un edificio menos bonito pero con mayor acústica. Por eso es tan importante el nuevo teatro, del cual espero pueda escucharse perfectamente el sonido de un clarinete o un violín, desde la última fila  de la sala».

Finalmente respecto a su futuro artístico más inmediato, Ignacio Giner opina que «siempre aspiro a lo máximo y espero poco a poco que mi nombre sea más conocido. Hay que seguir trabajando con humildad pero sin ninguna pausa, como las hormigas, hasta conseguir el objetivo deseado».

 

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