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De pequeño, y como se dice, casi
sin saber hablar, su principal afición era cantar el «Ave María»
imitando a los tenores que escuchaba en los discos de vinilo de la
época. Sabía ya que su destino era el ser tenor con todo lo que
ello conlleva, y de esta forma, después de los primeros años de
estudio en el Colegio Claret de Xàtiva, y cuando todavía era un niño,
fue enviado a la Escuela de la Mare de Deu del Carmen de Valencia,
donde estuvo hasta que la voz de niño se convirtió en la de
hombre. A los 19 años comenzó la carrera de canto que años después
terminaría, y al mismo tiempo hacía sus primeros pinitos en plan
profesional. Debutó con «Madame Butterfly» y desde entonces su
carrera ha sido imparable.
Desde
aquel debut Ignacio Giner ha recorrido medio mundo. El tenor de Xàtiva,
con una fama ya reconocida, ha actuado en ciudades como Pesaro,
Florencia, Hamburgo, Colonia, Bonn, etc. y prácticamente en todas
las capitales españolas. Ha actuado para millones de
telespectadores en festivales como el de la OTI y en estos momentos
acaba de finalizar una gira por Estados Unidos, y en todas estas
actuaciones no se ha limitado a cantar operas, sino que también ha
interpretado oratorias y ha actuado en algún concierto.
Desde que Ignacio
Giner comenzó como tenor de forma profesional siempre ha actuado
mediante contrataciones personalizadas, «por medio de
representantes, aunque de forma esporádica también he formado
parte de compañías, como la de la opera de Moldavia, con la que
interpreté «Madame Butterfly» de Puccini, o la actuación con el
Nacional de Cuba, interpretando «La Traviata» de Verdi».
Alguien podría
pensar que la vida de un tenor puede ser agitada, intensa y
diferente al del resto de la gente. Sin embargo Ignacio Giner
asegura que «es de lo más normalita y monótona. Puede decirse
que todo el tiempo se ocupa dentro del teatro y viajando en aviones.
No hay tiempo para la diversión o el turismo». Y es que la
profesión obliga a una serie de esfuerzos que comienzan en el mismo
momento es que el agente ofrece al tenor una u otra representación,
«los diferentes teatros programan las funciones que van a
representarse durante la temporada, y entonces los agentes te
ofrecen el trabajo que tu mejor puedes hacer, siempre teniendo en
cuenta las características de tu voz».
En cuanto al número
de representaciones, «depende mucho de la demanda y de la
ciudad. Por ejemplo para hacer una opera hay unas dos o tres semanas
de ensayo y en ciudades como Madrid o Barcelona se hacen después
entre ocho y diez funciones. En Valencia son generalmente dos o tres».
La demanda, como no, tiene una gran importancia en el mundo de la
opera, «el público se inclina por obras como «La Boheme», que
siempre son de gran aceptación».
Y respecto a las
preferencias de representar una u otra obra Ignacio Giner es claro, «mis
favoritas son «La Traviata» de Verdi; «La Boheme» de Puccini y
«L´Elixir d´Amore» de Donizetti, aunque cuando te ofrecen obras
digamos «mas duras», también hay que hacerlas».
Existe la
creencia generalizada de que dentro de la opera existe excesivo
divismo y que es un arte sólo para minorías. Ignacio Giner asegura
que «el divismo depende mucho de las personas y es cierto que
existe pero en minorías. Ahora bien, lo que si creo es que el
artista debe ser el máximo responsable de la representación. En
cuanto a que es para minorías pienso que eso ocurría antes. Hay
que tener en cuanta que el montaje de una representación supone un
desembolso económico muy importante en cuanto a decorados, atrezzo,
vestuario, orquesta, director, cantantes, etc. En otras épocas la
inversión sólo podía recuperarse mediante la recaudación en
taquilla, y estos momentos ya existen esponsors y subvenciones que
abren al público en general el mundo de la opera. Además, la
existencia de la televisión, y el CD, ha supuesto que la gente
conozca un poco más la opera, y si bien la gran mayoría no pueden
permitirse adquirir un abono para toda una temporada, si que es
factible asistir a cualquier representación. Los tiempos,
afortunadamente, están cambiando».
Siempre existe un
ejemplo a seguir y una voz a igualar. En el caso de Ignacio Giner su
preferencia está clara, «la meta es Alfredo Kraus. Ha sido el
mejor en la cuerda de tenores. También Josep Carreras en su primera
época antes de la enfermedad, que se mostraba como un tenor muy
valiente, no tan académico como Kraus. Tampoco hay que olvidar a
Carlos Alvárez, un malagueño que sorprende por su buen gusto al
cantar. En un principio yo trataba de imitar a Alfredo Kraus, hasta
que un día un gran cantante catalán, Juan Oncina, al escucharme
cantar me dijo que yo tenía una gran voz, muy timbrada y muy
colocada, pero que había escuchado a Kraus en mi interpretación.
Desde ese día me propuse ser Ignacio Giner y no imitar a nadie,
aunque no se puede olvidar al gran maestro como el ejemplo a seguir».
Respecto a las
sopranos, Ignacio Giner también lo tiene muy claro, «la número
uno es Montserrat Caballé, también en primera época. No ha habido
ninguna como ella, ni siquiera María Callas. Cuando todas las
cantantes respiraban en el mismo momento de la canción, Montserrat
no lo hacía. Era y es la mejor».
Ignacio Giner
presume de ser de Xàtiva y de vivir en Xàtiva, «y además
tengo el gran honor de poder cantar en Xàtiva y para la gente de Xàtiva.
Es un privilegio el poder actuar en escenarios como el castillo y
que tus conciudadanos te aplaudan y te feliciten por la calle. Además
es importante el poder actuar gobierne quien gobierne en ese momento
la ciudad. Yo podría vivir en cualquier otro lugar como Madrid o
Barcelona, pero prefiero una Xàtiva que debe seguir prosperando. Es
importante unir esfuerzos en ese sentido».
Ignacio Giner
incide en el hecho de que Xàtiva debe seguir creciendo
culturalmente, «y por ello es tan fundamental la construcción
del nuevo teatro. Yo viajaba por pueblos y ciudades y en todos ellos
siempre había un pequeño teatro o una casa de cultura con una salón
para representaciones y en Xàtiva no teníamos nada desde que se
cerró el Gran Teatro. No hay derecho a que no se puedan realizar
conciertos ni obras de teatro en las mínimas condiciones. Ni
siquiera Sant Agustí vale. Hubiese sido preferible tener un
edificio menos bonito pero con mayor acústica. Por eso es tan
importante el nuevo teatro, del cual espero pueda escucharse
perfectamente el sonido de un clarinete o un violín, desde la última
fila de la sala».
Finalmente
respecto a su futuro artístico más inmediato, Ignacio Giner opina
que «siempre aspiro a lo máximo y espero poco a poco que mi
nombre sea más conocido. Hay que seguir trabajando con humildad
pero sin ninguna pausa, como las hormigas, hasta conseguir el
objetivo deseado».
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