LA MEDIA DE ESPECTADORES SE SITUA EN TORNO A LOS CUATROCIENTOS POR FUNCIÓN
Xàtiva en la cabeza de la actividad teatral del Circuit

 

A menos de un año —si se cumplen los plazos establecidos— para contar con una sala teatral estable; el nuevo teatro setabense, la actividad desarrollada en Xàtiva sigue su camino con paso firme. Cifras que señalan el constante aumento de la asistencia de espectadores y una continua presencia ante el público de las novedades que ofrecen los grupos locales han convertido a la ciudad en un hervidero teatral que recoge de esta manera el trabajo sembrado años atrás. Compañías como La Bicicleta o Teatre de La Lluna, fallas que ponen en escena montajes que llevan detrás meses de preparación y veladas en las que el cine Saetabis ha colgado el cartel de agotadas todas las localidades evidencian el dulce momento que atraviesa el teatro, a pesar de las crisis y los problemas en los que siempre ha parecido estar envuelto. Una programación en Fira d’Agost a veces escasa o cierta irregularidad en la calidad de algunas obras de la programación municipal pueden ser el contrapeso a tan dulce momento, sin olvidar nunca el denso debate que siempre acompaña a la expresión por parte del público de cuáles son sus preferencias.

Una media cercana a los cuatrocientos espectadores por obra ha situado Xàtiva en los puestos de cabeza de la actividad teatral en las poblaciones —excepción de las capitales de provincia— que figuran en el Circuit Teatral Valencià. El invento, tutelado por Teatres de la Generalitat, viene de atrás y supone una atractiva opción para aquellos ayuntamiento que, mancomunadamente, establecen con el órgano gestor del teatro público valenciano una serie de condiciones que permiten abaratar costes y contratar de una manera regular compañías y montajes que difícilmente vendrían si se ejerciera la contratación individualizadamente.

Teatres subvenciona una parte de la obra, el ayuntamiento pone sus propios precios y, según la asistencia de público, es mayor o menor la cantidad que el gobierno autonómico ha de aportar por espectador para la celebración de una obra de teatro. Una baja cantidad de espectadores, lógicamente, provoca que Teatres de la Generalitat subvencione la actividad artística de esa población porque los ingresos del municipio por la venta de localidades están muy lejos del caché de la obra. Por contra, un número de espectadores elevado hace que con el cargo de la taquilla se esté cerca de poder afrontar los gastos globales. Y lo que quede por llegar a ese punto, lo proporciona el ente teatral autonómico.

Xàtiva es alumno aventajado frente a Teatres. Llenazos a lo largo de 1998 como los experimentados con obras como Mandíbula afilada o Intríngulis, del grupo de teatro cómico visual Vol Ras (900 espectadores), arrollaron en las estadísticas. Gracias a ello, aquel año propició un número total de 13.600 asistentes a las representaciones teatrales de todo el año —sumadas la programación regular, la especial, los montajes infantiles y la Fira d’Agost—. La aportación económica del consistorio tanto ese año como el que ahora termina estuvo cerca de los tres millones, una cantidad que en el caso de Xàtiva se ve  fuertemente menguada por los costes de montar una infraestructura eventual y tener que desmontarla después de cada representación. La delegación de Cultura del Ayuntamiento de Xàtiva no tardará muchas semanas en ofrecer las estadísticas de 1999. Antes de ello, la programación hasta final de temporada (junio 1999) y la que se lleva ejecutada de la presente seguro que arrojan cifras muy elevadas. Por un lado, se ha consolidado la afluencia media que, a falta de datos oficiales, se sitúan por encima de los 400 espectadores. Asimismo, el cine Saetabis ha sufrido una importante remodelación y su cambio de nombre ha estado acompañado de otras novedades como la reducción del aforo o la numeración de las localidades. Estas dos circunstancias han originado situaciones insólitas como colocar en las taquillas del cine el cartel que señala que todas las localidades están agotadas. Sucedió con la representación de Manicòmic y ha ocurrido también, de manera reciente, con la obra de Pot de Plom Defecte 2000. En ambos casos se superó ampliamente el número de 500 espectadores.

Pero qué secreto hay en la programación para que la acogida sea tan buena. En principio destaca la voluntaria actitud de los programadores de proponer un sumario variado. Obras de calado humorístico, uno o dos montajes clásicos y alguna obra fuera de estos registros componen la docena de montajes que ofrece la programación regular. La dosificación de las obras —una al mes— también contribuye a que el espectador no esté saturado y vea con comodidad la posibilidad de acudir al teatro cada cuatro semanas aproximadamente.

Pero no todo discurre por tan buenos derroteros. No es ningún secreto que la sala Alucine está destinada a la exhibición cinematográfica y que sus locales no ofrecen grandes facilidades para el buen desarrollo de un montaje de mediana envergadura. Esta situación y un presupuesto municipal que no ha crecido sustancialmente impiden que a Xàtiva puedan acudir montajes más complejos e incluso alguna primera figura teatral. Este año, además, se ha comenzado con mal pie y alguno de los montajes cómicos ligeros que toda programación alberga cada año han sido especialmente flojos. El año que ahora acaba ha sido, en ese sentido, irregular. El público ha disfrutado con la comedia social de gran calado que fue Aquella nit amb Lluís o con la siempre hilarante comparecencia del alcoyano Xavi Castillo y ha sufrido lo demodé que está el primer espectáculo que montó Tricicle en 1979 —interpretado, además, por la compañía suplente— o la insulsa Pasarela Otoño-Infierno, un auténtico fiasco de reciente puesta en escena. Montajes aceptables como Todo Sakespeare… O casi o clásicos como La Ratonera, de Agatha Christie, han confirmado esa tendencia. La Fira d’Agost, por su parte, estableció este año la anunciada reducción programadora y contó con un único espectáculo. Ello no fue obstáculo, sin embargo, para que el mismo fuese un auténtico hallazgo. Y es que tres meses antes de ser estrenada en Valencia y unas semanas antes de partir hacia Barcelona, más de 1.500 personas celebraron el abrumador éxito de Besos, la última comedia del alcireño Carles Alberola. Otro plato fuerte de la programación especial no cristalizó. Dentro de Nits al Castell, fue suspendida repentinamente la obra El idiota en Versalles, del valenciano Chema Cardeña.

Pero la programación anual no sólo vive de los montajes que ofrece el ayuntamiento. La Bicicleta —a pesar de no haber estrenado una obra de envergadura desde 1997, con la aclamada Històries de Lliteratura— o Teatre de la Lluna, las dos compañías locales más importantes, no dejan de estar en el candelero. La última de ellas, además, realizó meses atrás una nueva edición de su Mostra de Teatre i Dansa. Al margen de su última creación, Phoëbon, la muestra acogió diferentes espectáculos tetrales y de danza contemporánea y no ha sido menos intenso el curso especializado de interpretación impartido a lo largo de todo el verano. A la siempre frenética actividad de estos grupos locales se han sumado las fallas. La consolidación del concurso de teatro de la Junta Local Fallera ha dado muestras de una fecundidad creativa más que considerable. Comisiones como República Argentina o Molina-Claret cabe mencionarlas en ese sentido como colectivos preocupados en dar un paso más allá. Fruto de ese esfuerzo, los dos montajes ofrecidos por ambas en 1998 y 1999 han supuesto una llamada de atención hacia su indiscutible labor, repleta de calidad.

Todas estas circunstancias creativas y de seguimiento han llevado a la actividad teatral de Xàtiva a discurrir por un sendero de optimismo. La presencia de un teatro menos comercial en determinadas circunstancias, que el público prolongue su fidelidad al teatro profesional también al campo de los montajes locales o que la programación oficial proporcione alguna alegría, en forma de figura o de libreto de contrastada calidad, son algunos de los pequeños puntos negros que la afición local y la administración pueden subsanar. Cada uno en la faceta que le corresponde.

  Agustí Garzó

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