|
A punto de entrar en el año 2.000, y en un
momento donde la medicina científica ha conseguido avances que hace
sólo unas décadas eran impensables, siguen existiendo los
curanderos, esas personas que desde siempre han estado presentes en
la vida cotidiana de los ciudadanos como alternativa a una medicina,
según su opinión, excesivamente academicista y sin alternativas a
enfermedades en ocasiones desconocidas. Los curanderos aseguran
tener un poder y una energía que reciben de Dios, y necesitan
descargarla haciendo el bien a los demás. En ningún caso tienen
tarifas oficiales por sus servicios, y únicamente aceptan la
voluntad de los demás. LA CIUTAT ha estado con dos de ellos.
Iluminada Peris y Ramón G.
Ramón
G. e Iluminada Peris son dos ciudadanos de Xàtiva que ejercen el
curan-derismo. El primero de ellos, en pleno casco antiguo de la
ciudad no quiere ningún tipo de fotografías ni darse a conocer públicamente,
ya que asegura, «mi padre ya era curandero y de él conseguí la
energía que tengo. Desde entonces por mi casa pasan diariamente
decenas de personas que buscan remedio a sus males y todos me
conocen sobradamente». Ramón tenía muy claro que su futuro
pasaba por curar a la gente, «cuando no libero la energía me
encuentro muy mal y también se que hay gente que me necesita aunque
en ocasiones vengan a mi casa sólo para chafardear, pero cuando
comprueban que soy capaz de adivinar a que han venido, su postura
cambia radicalmente».
A la casa de Ramón
acuden ciudadanos de todo tipo y condición, «desde los más
humildes a los que han visitado todo tipo de clínicas privadas y
están decepcionados de pagar un dineral a médicos que en ocasiones
lo único que hacen es tenerlos como conejillos de indias sin saber
realmente cuando es el mal que padecen».
Pero Ramón no
presume de poder curar a todo el mundo, «claro. El único que
puede curarlo todo es Dios y yo no lo soy. Sin embargo lo que está
en mis manos intento hacerlo lo mejor posible y si que puedo decir
que he conseguido que muchos enfermos hayan calmado sus dolencias.
Con mi energía les trasmito tranquilidad y paz y eso también ayuda
a que el enfermo haga un esfuerzo mayor para curarse».
Ramón opina de
la medicina que «me merece todo el respeto del mundo y de hecho
yo acudo al médico cuando me hace falta, pero ello no es
incompatible con que haya personas que tengamos un poder que nos
permita curar y aliviar a los demás. La medicina no es una ciencia
exacta y existen alternativas, no sólo el curanderismo, sino la
utilización de hierbas, agujas, etc. Todo lo que sirva para hacer
el bien a los demás debe ser reconocido como algo positivo».
Ramón no cobra
por ninguna de sus consultas, «la gente que viene a mi casa deja
su voluntad y en algunos casos ni siquiera eso. ». Para este
curandero, «siempre existirá gente con energía para hacer el
bien a los demás. De ello estoy seguro, y de hecho aquí en Xàtiva
hay mucha gente que cura desde siempre».
Iluminada Peris
no tiene ningún reparo en afirmar que practica el curanderismo en
su casa «por la necesidad de hacer el bien». Esta joven
setabense hace años que sintió que poseía una serie de virtudes
que le fueron confirmadas por otro curandero quien le aseguró que
en su momento las desarrollaría y ella misma se daría cuenta de
cuando estaría preparada para comenzar a curar, y sería la propia
gente la que acudiría a ella. Según Iluminada, «yo sentía
algo extraño dentro de mi e intuía algunas de las cosas que
posteriormente ocurrían. Ello me llevo a plantearme seriamente el
desarrollar mi energía para intentar ayudar a los demás. Una tía
mía ya se dedicaba a curar hace muchos años».
Iluminada Peris
está convencida de que los curanderos tienen un don especial debido
a su propia energía, lo que les lleva a desarrollar sus virtudes en
toda aquella gente que lo necesita, «a mi casa viene gente muy
desesperada y otros muy incrédulos, que cuando ven que parte de sus
problemas y de sus dolencias se curan, ya comienzan a creer más en
lo que hago. Incluso puedo asegurar que hay médicos que acuden a
casa de curanderos en algunos momentos. Si la medicina falla en
muchos de sus diagnósticos, ¿porque no buscar alternativas en
algunos momentos determinados?».
El sistema que
tiene Iluminada de intentar curar las dolencias es «tocar con
mis manos allí donde está el mal y desde ese mismo momento dejar
que la energía actúe dentro del enfermo».
Iluminada no cree
que la sugestión tenga nada que ver con la mejora de los enfermos,
que por su propia mente pueden desarrollar una fuerza mayor para
crecerse ante las adversidades, «es mucho más positivo un
enfermo que quiera curarse por encima de todo, que otro que lo vea
todo de forma negativa, pero ambos necesitan de nuestra mente y
nuestra fuerza para transmitirles esa sensación de bienestar».
Iluminada, además,
se dedica a leer las cartas del tarot como vidente, «mucha gente
quiere saber como se solucionaran sus problemas y por ello recurren
a las cartas, aunque en la mayoría de ocasiones el simple hecho de
poder hablar con alguien ya les tranquiliza y les calma, y por eso
es tan importante la comunicación entre el enfermo y nosotros».
Esta curandera
recurre en ocasiones a magnetizar el agua, «cuando un enfermo no
puede venir muchas veces seguidas lo que hago es magnetizar el agua
para que vayan bebiendo de ella y de esta forma siguen el
tratamiento para poder curarse».
Como la mayoría
de curanderos Iluminada Peris no cobra por sus consultas ninguna
cantidad estipulada, «en la entrada de mi casa hay un pequeño
recipiente donde la gente deja lo que quiere sin que nadie les vea.
Pienso que cada uno sabe muy bien lo que tiene que hacer, y en mi
caso lo que me gusta es curar y que la gente se encuentre bien. ».
A las puertas del
siglo XXI, el curanderismo sigue siendo una alternativa.
¿ Que es la
curandería ?
La curandería
podría definirse como un proceso en virtud del cual una persona
recupera la salud física o mental, mediante lo que se considera una
intervención directa de una fuerza divina. La curandería se
distingue tanto de la medicina científica, que trata la enfermedad
con remedios específicos desarrollados a través de la observación
y la investigación, como de la medicina precientífica, que combate
la enfermedad con conocimientos tradicionales, como puede ser el uso
de ciertas plantas y hierbas, y es practicada a menudo por personas
que poseen un cierto conocimiento.
En los tiempos
modernos las actitudes frente a la curandería se han polarizado.
Según la medicina científica, concebida de manera rígida, toda
enfermedad —incluso las enfermedades mentales— es el resultado
de un desorden fisiológico; de acuerdo con este esquema, la
curandería no resulta creíble. En el extremo opuesto, los
practicantes de la curandería creen que el origen de toda
enfermedad reside en un desorden de la mente o del espíritu, para
el cual ellos conocen el remedio. Estos sostienen que el origen de
todo mal, también la enfermedad física, reside en la ignorancia
que la mente tiene de la auténtica realidad.
Del mismo modo,
muchas personas consideran la salud como una complicada relación de
numerosos factores físicos, emocionales y espirituales de carácter
determinante, y creen que el remedio más eficaz para la curación
consiste en utilizar simultáneamente todos los medios disponibles,
incluida la oración.
Historia de la
curandería
La curandería
era practicada en la antigüedad por los griegos y romanos, quienes
creían que Asclepio, dios de la medicina, se aparecía en sueños a
los enfermos que dormían en los templos consagrados a su culto, curándoles
o indicándoles el tratamiento que debían seguir. El Antiguo
Testamento, por el contrario, contiene escasas referencias a la
curandería; la más concreta aparece cuando Eliseo cura a Naaman de
la lepra con un baño ritual en el río Jordán. En los Evangelios,
en los relatos de los milagros de curación realizados por Jesús,
la enfermedad se considera como un signo de la presencia de espíritus
malignos, y se proclama el poder de Jesús para acabar con ella como
una muestra evidente de que el Reino de Dios se encuentra en su
persona.
Jesús transmitió a sus discípulos el poder de curar la enfermedad y la
Iglesia ha proclamado y ejercido desde sus orígenes un ministerio
curativo. El apóstol san Pablo consideraba la curación como uno de
los dones especiales del Espíritu Santo , y cabe la posibilidad de
que ciertas personas posean este don en grado extremo. Hacia el
siglo III d.C. se generalizó la creencia en el poder curativo de
las reliquias. La práctica de conducir a los enfermos a santuarios
como Lourdes, en Francia, ha sido muy común desde el renacimiento.
|