UNA EXPOSICIÓN RETROSPECTIVA MOSTRARÁ LA CONSTANTE EVOLUCIÓN DE ESTE PINTOR
«Leña»: cuando los trazos se vuelven forma y las manchas belleza

 

Una exposición retrospectiva de «Leña» podrá verse a partir del día 11 de febrero en la Sala de Columnas de la Sala de la Cultura. La última de las muestras de este excepcional artista pudo observarse hace poco más de tres años, y en aquellos momentos supuso todo un rencuentro de los amantes del buen arte con la constante evolución de Roberto Martínez «Leña», que gracias a su inconformismo ha conseguido que sus creaciones sean cada día más maduras, más trabajadas, más emocionadas y en definitiva más esperadas. En esta muestra «Leña» muestra su capacidad de asombrar con una fuerza inusual para un pintor que debería estar de vuelta de todo. Pero él no es así.

Leña, pintor como única definición, ha hecho de sus cuadros una infinita capacidad de asombro. En esta ocasión sus obras rompen los moldes que hasta el momento él mismo había establecido. Fiel a su estilo, su expresionismo y un figurativismo extremadamente personal hacen de «Leña» un pintor al que se le reclaman más apariciones públicas para poder gozar y sentir una pintura llena de matices y formas tan trabajadas, que no le sobra ni una sola pincelada, ni tampoco le falta. Cada pequeño espacio ocupa el lugar que le corresponde, y por ello, todos y cada uno de los lienzos de «Leña» respiran una inusual vida.

En esta ocasión podrá verse en la Casa de la Cultura una retrospectiva de su obra, donde el espectador podrá comprobar la constante evolución de este pintor. Desde una de sus primeras obras donde se aprecian trazos más finos, más definidos y digamos «más reales» para plasmar el paisaje, pasando por un figurativismo del que se dijo que no era suyo, y al que renunció, y aquellos cuadros donde la fuerza de «Leña» se puso de manifiesto en mezclas de tierras, arenas, pastas y colores, para conseguir unas conjunciones llenas de relieves que sobresalían sobre los lienzos como queriendo reclamar una vida propia. Al mismo tiempo se expondrán aquellas obras de propiedad municipal donde «Leña» consiguió premios en los tiempos de antaño.

Y como colofón su obra más reciente, que como antes se comentaba tiene una increíble capacidad de seducción por esa constante evolución que tiene «Leña», que no permite en ningún momento que las aguas sigan su cauce normal, sino que siente la innata capacidad de inventar. Si en algún momento presentó en sus exposiciones el rincón conocido de la ciudad, en esta ocasión ha buscado más el espíritu del paisaje para ofrecerlo con una viveza y una riqueza de matices que sorprenderán al espectador.

Ríos que se convierten en espejos de la flora, árboles que se levantan imponentes para demostrar la fuerza que sólo «Leña» es capaz de darles: nuevas perspectivas en los colores y los trazos vigorosos plasmados sin miedo hacen de cada una de las obras ejemplo de una vitalidad realmente impresionante en un pintor que como él mismo dice, sigue emocionándose cada vez que pinta un cuadro, y aunque no recuerda si cuando comenzó a pintar sentía la misma emoción, si que reconoce la sensación que ahora siente.

En esta exposición «Leña» muestra su expresividad a golpe de espátula y mezclas, para crear cielos que en apenas un metro de lienzo son verdes, grises y azules para que constrasten en perfecta armonía con las flores del almendro o la calma de un riachuelo que se pierden en el paisaje. Las tierras rojizas son rojizas por la necesidad de romper con el molde de la línea trazada en perfecta conjetura. El verde intenso de las hierbas tiene que dejar adivinar una ciudad difuminada que al instante se conoce, pero que ha sido creada con la personalidad que ha querido darle el artista. «Leña» lo dice bien claro: la pintura tiene que estar en su sitio si quiere ser bella, huyendo de minuciosidades y perfecciones, y por ello es necesaria la conjunción para no romper la armonía del conjunto. Ni tampoco la magia. La propia personalidad de «Leña» le obliga al ímpetu y a la valentía de poder plasmar en sus lienzos esas emociones compartidas que sólo los grandes artistas con capaces de comunicar.

Justamente por ello todo, lo nuevo de «Leña» es precisamente nuevo: colores, temas, matices, fuerza, emociones, contrastes, manchas, formas...y todo ello sin renunciar a un estilo vigorosamente propio que sin ninguna duda es el estilo «Leña». ¿Y cómo es posible tan fecunda y constante creación? ¿Cómo es posible dar formas cuando de cerca los cuadros de «Leña» no tienen formas?. ¿Cómo se puede plasmar un color tan enigmático, y al tiempo real para atraer al espectador?

Sería absurdo buscar respuestas y sólo nos vale conformarnos con quedarnos un buen rato contemplando las creaciones de este pintor que en plena madurez sigue siendo el mismo de siempre. Enemigo de los actos públicos y no muy amigo de las exposiciones, prefiere que sus cuadros hablen por él.

Sin lugar a dudas es una sabia decisión. Las palabras y las emociones quedan pues para esta exposición. «Leña» vuelve con más fuerza que nunca. Sus obras son sus palabras para quien quiera escucharlas.

V. Soriano

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