|
El Hotel Murta en
un claro compromiso de apoyar el arte y la cultura, acaba de abrir
el denominado Salón Ribera, en el primer piso del edificio, donde
se programarán toda una serie de exposiciones.
La primera de
ellas fue inaugurada el pasado 14 de enero, y aunque a su autor le
hubiese gustado que fuese un 14 de abril por aquello de la tricolor,
lo bien cierto es que Max La Diva, provocador incansable, inventor
de la Pollarroite y ahora de la Maxila, soñador de revoluciones
inexistentes, burlador de las pinturas, aletargado las tardes de
verano para entonces no querer saber nada de nadie, ha vuelto por
estos lares con una colección de obras llenas de juegos y
adivinanzas, para con su cultura particular, hablar de la dama que
tanto admira, desenmascarando la cultura, la incultura, el pelotazo,
el «pepismo» y el «felipismo». En definitiva todo aquello que
patrocina el poder establecido.
Max La Diva,
pretende ser como aquella serie de bebidas de las cuales rebautizó
su apellido, que mezcladas entre sí emborrachaban al más valiente
de los vaqueros, y como uno ya ha hablado de Max en demasiadas
ocasiones, y se corre el peligro de repetirse en exceso y los
excesos nunca son buenos, incluso cuando los hace un amigo, dejemos
que sean aquellos que han colaborado en su catálogo los que hablen
de él.
Dicen, y tal vez
tengan razón que
De esta
manera, criticar, alabar su trabajo es como amar sin ser
correspondido. Max, extrovertido La Diva, sienta, la necesidad de
ser, lo demás es vana ilusión que experientan los asistentes
cuando ven su obra y exclaman:
- Es increíble!...Quien
es? De que vive? Cual es su idea política? Qué etcétera?...
Lo conocí
joven, le odié después y ahora no deja de sorprenderme.».
Debería estar
cansado, sin embargo persiste en ser cogido por el absurdo
nomenclator que agrupa la gente. Pinta, escribe y se cansa tantas
veces al día que formar parte del istrionico devener que resuelve
seguir para «empreñar» a los doctos, lameculos, pinta-pinta y
dirigentes del orinal y abundante paga al mes».
Fue
creando estilos, inventando movimientos hasta que llego lo más
inaudito. LA INVENCION DE UN NUEVO COLOR, el MAXILA, que es
el rojo chillón pero femenino.
Y todavía
dicen que hay escritores, majaderos de las letras que a la segunda página
leída el lector ya está pensando en una buena cerveza».
Yo, que soy
Max, añoro la luna y lloro
con los niños. Respeto al mundo, a pesar de estar poblado por
alguno de vosotros».
Lo
dicho, Max La Diva vuelve y eso es peligroso si se entiende el
peligro como asistir a una interpretación de sueños irreales con
semitonos nostálgicos que rápidamente son rotos cuando se descubre
la memez de quienes califican a Max de cosa rara.
Eso
será, supongo, por la penuria de los que no ven por no tener
paciencia, y la paciencia, (palabras de Max) es una hembra. Pues
eso.
|