...Y seguimos tan vigilados como antes

 

Mi decepción alcanza límites insospechados al comprobar que soy la misma de hace apenas una semana cuando me pongo a escribir este artículo para LA CIUTAT. Y soy la misma en todas las condiciones de antes: con mis virtudes y mis defectos, con el mismo DNI que sirve para controlarme; con la misma letra que me identifica ante hacienda; con el mismo historial médico; la ficha policial correspondiente; las deudas; los ingresos; el número de orden en el padrón municipal; en el colegio profesional y en la Visa Clásic. Nada ha cambiado.

Pensaba yo, inocente de mí, que eso del efecto 2.000 iba a cambiar mi vida en todos los sentidos. Retiré, por seguridad radical el poco dinero que tenía en el banco y lo guardé en un lugar seguro de la casa. Pensaba yo que me serviría para ir tirando durante unos meses, antes que las fuerzas de intervención ocupasen el territorio de mi ciudad.

No era para menos. El efecto 2.000 iba a convertir la sociedad en un nuevo modelo para el futuro más inmediato. Estaba segura que pese a todas las pruebas y comprobaciones, la verdadera situación estaba por llegar, y que justo al final de las doce campanadas se iba a producir la verdadera catástrofe nacional. Todo iba a quedar paralizado y comenzaba una nueva era.

Mi banco de toda la vida ya no me avisaría nunca más de mi situación de números rojos y de la correspondiente comisión que tenía que pagarles para que ellos, al final del ejercicio manifestasen orgullosos los miles de millones que habían ganado de beneficios. Hacienda, el viejo fisco desaparecería de mi vida y no seguiría controlando mi pequeño capital del que tenía que entregarle una parte, mientras que los que tenía muchas más posibilidades que yo, lo convertían en negro o lo guardaban en cuentas suizas.

El correspondiente gobierno perdería mi ficha de ciudadana ejemplar y consecuentemente en control sobre mi vida, alcanzando al mismo tiempo a aquellas empresas que compraban mi afiliación al funcionario corrupto que la vendía por unos cuantos miles de pesetas. Cortarían la luz y volvería a encender el fuego de la chimenea y nadie me llamaría por teléfono para intentar venderme una multipropiedad entregándome un regalo si le garantizaba que yo tenía una nómina decente y no un contrato basura como el que me hicieron hace justo tres años después de seis en el paro pasando las correspondientes revistas trimestrales.

Y me felicidad sería completa justo en el mismo momento en que dejasen de funcionar los surtidores de gasolina y los políticos perdiesen su poder cuando el chip de sus tarjetas de identificación personal fuesen inoperativas y les impidiesen el paso a sus despachos.

En ese mismo momento ya no habría nombres ni apellidos, sólo hombres y mujeres, niños y niñas que tratarían de comenzar a construir una nueva sociedad basada en diferentes valores.

Justo así sería cuando se descorchase la última botella de cava al tiempo de la campanada número doce. Es posible incluso que volviese una revolución pacifica que dejase a cada uno en su sitio para iniciar el camino.

Pero todo era mentira. Mi banco me acaba de avisar que vuelvo a estar en números rojos porque tenía pendiente el pago de la última compra con la 6.000; me han llamado por teléfono para decirme que he conseguido un premio de una pulsera de oro si compro una camiseta de no se que material resistente al frío y he escuchada por radio el inicio de la mueva campaña de hacienda para la renta.

Vaya mentira eso del efecto. Estoy como siempre, o sea, un poco más controlada que antes.

Mi gozo quedó en un pozo. Dejaremos pues la revolución para mejores tiempos.

¿Quizás en el 3.000?

Amparo Grau

LA CIUTAT de Xàtiva
Director: Vicent Soriano
C/ Forn del Vidre, 1 - 46800 XÀTIVA (Valencia)
Tel. 96 227 26 82 - laciutat@xatired.com
Depósito Legal: V-4512-1997

www.xatired.com - el primer portal de Xàtiva en internet