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Una ciudad como Xàtiva
posiblemente no aparece ni una sola vez en todo un año en los
telediarios nacionales. Lo hace una docena de veces en informativos
territoriales o autonómicos. Puede verse reflejada varias veces al
mes en las páginas de las ediciones de los diarios nacionales. De
no albergar una gran catástrofe, un suceso de magnitud, un escándalo
político de envergadura o ser la sede de un acontecimiento cultural
o artístico de primer orden, un colectivo ciudadano como el de la
capital de La costera tendría, como mucho, la mencionada frecuencia
en los medios informativos.
A
los ciudadanos nos interesa saber las interioridades del presidente
de los Estados Unidos, conocer detalles sobre el estado de la nación,
escuchar las declaraciones de nuestro primer responsable de gobierno
o conocer la actuación del cantante de turno famoso que anoche dio
recital en Las Ventas. Pero si junto a esa información hay un
soporte que nos permite no sólo acceder a esos segmentos, sino
conocer con detalle aspectos cotidianos que nunca antes habían
tenido resonancia en los mass-media. Entonces estamos ante la
necesidad de la información local y comarcal. Quizá por ello, hace
mucho tiempo que tanto personajes inquietos con proyectos modestos
como grandes empresas editoriales ya entendieron el mensaje. El
lector, el oyente o el espectador televisivo desea saber, también,
qué deciden los políticos de su localidad, cómo va el equipo de fútbol
del pueblo, quién les representará en las fiestas mayores o cuándo
terminarán las obras que les están impidiendo aparcar en su barrio
desde hace dos semanas. Para hacerse eco de esa otra información
que tanto anhela el lector -centrémonos en la prensa escrita- todos
conocemos los semanarios o publicaciones que acuden a su cita con
los lectores un par de veces a la semana; los periódicos
estrictamente locales de las ciudades medias españolas, los
mensuales como LA CIUTAT o esos nuevos productos desconocidos
hace quince años y que ahora ocupan un lugar destacado en las
necesidades informativas del presente: las ediciones comarcales de
los periódicos.
Con esos
criterios nació a finales de 1991 la delegación para La Costera y
La Canal de Navarrés del diario Levante-EMV, que más tarde
se amplió a las poblaciones de La Vall d’Albaida. Desde aquel
momento, el periodista setabense Lluís Cucarella asume el
cargo de delegado del periódico de Editorial Prensa Valenciana en
todo ese territorio. Casi diez años después de la creciente
implantación del periódico, Cucarella señala que «la aceptación
ha sido desde el primer momento magnífica. Prueba de que no son
palabras huecas es el hecho de que la delegación ha ido creciendo a
un ritmo constante: empezamos con dos páginas, pasamos después a
tres, a cuatro, y actualmente, como mínimo, publicamos siete páginas
al día, y hay jornadas, bastantes, en que llegamos a las ocho o
nueve páginas diarias. Sería impensable que pudiera sacarse tanta
información si no fuera por la colaboración de los lectores, que
desde el primer momento han hecho de la edición comarcal de
Levante-EMV su medio de comunicación».
Pero consolidar
una oferta informativa requiere grandes esfuerzos colectivos. Según
el máximo responsable de la delegación de Levante en Xàtiva, «son
ya muchos años trabajando juntos y aquí no hay trampas posibles.
Desde el primer momento -insiste Lluís Cucarella- hemos
dejado clara cuál era nuestra postura: ser un medio independiente
en el que todas las opiniones que sean respetuosas con los demás
tienen cabida».
Cucarella no
evita la crítica. «Nosotros
- advierte- no debemos favores. Nadie nos ayudó a buscar piso
para montar la delegación, ni nos han dicho éste tiene que
escribir, pero este no, y por tanto, nuestro único compromiso es
con la información; con los lectores. Y eso nos lo agradecen. Ser
independiente no significa sólo sostener nuestras opiniones,
nuestra forma de trabajar, sin dejarnos influir por amenazas,
halagos o respetos, sino también adoptar una actitud humilde. Un
medio de comunicación sólo es influyente en la medida en que posee
lectores, cuando los lectores no dan esa confianza al periódico esa
influencia no existe».
Sobre la
importancia de un medio de comunicación con enorme penetración
social, el delegado de Levante-EMV es claro:
«Eso significa que, como hacemos aquí, hay que hacer un
uso responsable de esa influencia y actuar como un medio con fines
sociales. Eso significa, también, que las simpatías o antipatías personales no pueden llegar
al papel y para eso se requiere profesionalidad. A mi me abochorna-
confiesa el periodista de Xàtiva- comprobar que en otros medios
de comunicación hay personas que por sus manías personales
arrastran a ese medio al que trabajan al abismo. De repente, esa
persona que hasta entonces había escrito en un boletín o en una
hoja parroquial, creen que ha sido investido de un poder
extraterrenal, y empiezan a utilizar sus columnas para tratar de
hacer la vida imposible al presidente de alguna asociación, a un
concejal, al abad o a quien se ponga por delante, por cuestiones
absolutamente personales. Se sienten llamados a quitar o a poner
cargos públicos y eso deja en el lector muy mal sabor de boca y una
nefasta impresión», apostilla el redactor de Levante-EMV.
PRENSA
BIEN HECHA
Paralelamente a ese compromiso de ser
independientes y rigurosos también está el de renovarse, el de
evolucionar y estar al tanto de todo lo nuevo que va apareciendo, de
las nuevas tendencias comunicativas, de nuevos libros para tratar de
explicar lo mejor posible qué esta sucediendo en la sociedad, en
las ciudades de nuestro ámbito de cobertura. Por todo eso,
Cucarella manifiesta su satisfacción como delegado y señala que «a
todos nos gusta leer enseguida qué sale, por ejemplo, desde el último
libro o artículo de Vicent Ribes, Agustí Ventura, Josep Lluís
Cebrián, Alfred Boluda, Vicent Pons, Marià González, López Sellés,
Germán Ramírez, Isaïes Blesa, Toni Cucarella u otros, hasta
asuntos más concretos de nuestra profesión, como teorías de
comunicación y ensayos sobre el periodismo, junto con una obsesión
por no contribuir más a maltratar la lengua, porque es nuestra
forma de comunicarnos con los demás. En eso sí que soy un poco
pesado y me preocupa que escribamos correctamente. Escribir bien, y
más en el caso del periodismo, es una tarjeta de presentación. Aquí
tenemos como libros de cabecera no sólo diccionarios, sino todos
aquellos libros que en un momento determinado nos sacan de dudas
como los libros de Lázaro Carreter, de Alarcos Llorach, Manuel
Seco, etc. El hecho de que se trate de prensa comarcal no significa
que nuestro nivel deba ser inferior. Al contrario, aunque en eso
creo que somos una excepción. Otros medios de comunicación toman
esto de la prensa comarcal como una forma de cubrir el expediente,
una obligación, y eso se trasluce después en páginas alejadas de
la sociedad, mal escritas, y además, sujetas a las fobias
personales».
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