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Apenas tenía nueve
años cuando su sueño era tener una bicicleta. La tradición
ciclista familiar hacía hecho mella en Miguel Soro, que escuchaba
las conversaciones en su casa siempre relacionadas con el mundo del
ciclismo: los éxitos y los fracasos de un deporte extremadamente
duro pero que engancha. Pese a la oposición de su madre, que no
quería que Miguel se involucrase en el ciclismo, al final consiguió
la ansiada bicicleta, y al paso del tiempo también consiguió que
su madre se convirtiese en su mayor admiradora. Ahora, con poco más
de veinte años, Miguel Soro espera dar el salto definitivo al
profesionalismo. Es la gran esperanza del ciclismo setabense.
Miguel Soro se
subía a su primera bicicleta recién cumplidos los nueve años y de
inmediato se pudo adivinar que el niño tenía buenas maneras. La
tradición ciclista familiar había hecho mella en Miguel, que de
inmediato pasó a formar parte de la Escuela de Ciclismo de Castelló
de la Ribera. Allí aprendió a pedalear, a dominar la bicicleta y a
descubrir el gran sacrificio que supone este deporte. Pasó de
principiante a alevín, y cuando dio el salto a infantil se enrolló
en las filas del Velo Club Pedalier de Xàtiva.
En aquellos
momentos Miguel únicamente pensaba en correr sin preocuparse por el
futuro más inmediato. El juego del Miguel Soro adolescente era
subirse a la bicicleta cuantas más horas mejor e intentar quedar lo
mejor posible en cuantas pruebas participaba.
En el Velo Club
Pedalier estuvo hasta alcanzar la categoría de juvenil, donde pasó
al equipo ciclista Dos Ruedas de Valencia, que sería su trampolín
para futuras metas. Allí conoció a Amadeo Olmos, el director
deportivo que más le ayudó y le descubrió sus verdaderas
posibilidades como corredor. En el Dos Ruedas participa en multitud
de pruebas incluso de carácter internacional, y es a partir de ese
momento cuando surge el gusanillo de la curiosidad de si será
posible algún día ser profesional, aunque todavía quede lejos ese
momento.
El primer año
como juvenil le sirve de rodaje, y es en el segundo cuando comienza
a saborear las mieles del éxito. Participa en numerosas carreras
como la Vuelta a la Safor, y consigue los campeonatos de Fondo y
Crono de la Comunidad Valenciana, así como la mejor puntuación
final en la Challenge de la Comunidad Valencia después de todas las
modalidades. Al mismo tiempo participa en el Campeonato de España
de Crono por equipos y es seleccionado para acudir al mundial que se
celebró en Ecuador en 1994. Era el premio a una temporada
brillante.
El siguiente año
pasa a la categoría de amateur también con el Dos Ruedas, y la
primera temporada no le salen del todo mal las cosas en el estreno
de categoría, y en la siguiente decide fichar por un nuevo equipo,
el Santa Clara, que no salió como se esperaba, y Miguel Soro decide
volver al Dos Ruedas, donde consigue la victoria en dos o tres
pruebas y es en este momento, cuando ya comienza a plantearse su
futuro como profesional, lejos de la Comunidad Valenciana.
SU
PASE AL EQUIPO BANAKA Y UN
«¿SEGUNDO
PUESTO?» EN LA VUELTA
A
LA COMUNIDAD VALENCIANA
Es en 1998 cuando
ficha por el equipo vasco Banaka, dirigido por Fede Echave. La
preferencia por este equipo se debe en parte por la creencia
generalizada de que los corredores que militan en equipos vascos
tienen más posibilidades de llegar al profesionalismo, por ser los
mejores. Sin embargo Miguel Soro opina que «lo que ocurre es que
allí hay muchos más corredores, y entonces es normal que salgan más
profesionales».
En su primer año
en el equipo Banaka consigue el Campeonato de Crono y Fondo de la
Comunidad Valenciana; vence en tres carreras más y en la Vuelta a
la Comunidad Valenciana (antes llamada Vuelta a Sedaví), consigue
una etapa y el segundo puesto de la general, ya que en la última
contrarreloj Soro acude como primer clasificado con seis segundos de
ventaja respecto al segundo clasificado, un compañero de equipo, de
nacionalidad australiana, que consigue reducirle la ventaja y
quitarle «inextremis» la victoria. Aquel final de Vuelta fue muy
comentado en todos los círculos ciclistas por la forma en que
produjo, aunque Miguel Soro quiere quitarse leña al fuego, «fue
más rápido que yo y punto».
En la temporada
pasada Miguel consiguió la victoria en dos etapas en la Vuelta a
Castilla y León, participando en numerosas clásicas, por todo el
territorio español donde casi siempre estuvo en segundos y terceros
puestos en estas carreras de un día, aunque el ciclista setabense
afirma que «faltó rematar la faena con la victoria en alguna
vuelta de dos o tres días».
El mundo del
ciclismo es un constante sacrificio y un esfuerzo por llegar a lo más
alto, pero se lleva con ilusión y sobre todo muchas ganas, «ser
ciclista te obliga a cuidarte en todos los sentidos: no salir por
las noches, llevar una alimentación adecuada, controlarte
adecuadamente...pero es un sacrificio que se lleva muy bien y que
tiene su recompensa cuando consigues ganar una carrera. Además, la
educación de un deportista te da muchas satisfacciones»,
afirma Miguel.
Miguel Soro vive
la mayor parte del año en la localidad de Guernika, en un piso que
comparte con compañeros de su mismo equipo. Allí ellos mismos
hacen su comida, lavan su ropa y también comparten la ilusión de
llegar un día no muy lejano al profesionalismo. Miguel Soro lo
tiene muy claro, «el equipo Banaka está intentando
profesionalizarse, y si se consigue yo seré uno de los que esté
allí, ya que así lo ha afirmado el director deportivo, pero si no
llega la profesionalización, habrá que plantearse seriamente
buscar otras alternativas aunque sea fuera de España, en equipos
italianos o portugueses».
Y es que ha
llegado el momento justo de dar el salto o no darlo. La categoría
amateur, es, según Miguel, «casi exactamente la misma que la
profesional, con la diferencia de que los profesionales cobran y los
amateurs no, y mientras nosotros trabajamos para llegar a
profesionales, los profesionales que ya están piensan en los
objetivos que van a marcarse durante la temporada. Pero el
sacrificio es el mismo».
De hecho en estos
meses de invierno Miguel Soro se prepara para la pretemporada con
unos entrenamientos que asustan: días de seis horas de bicicleta
recorriendo 180 o 200 km. y días de cuatro horas, hasta alcanzar 25
o 26 horas semanales hasta ponerse a punto, según las instrucciones
recibidas por parte del preparador físico. Además hay que cuidarse
en las comidas hasta alcanzar el peso justo que te permita subir
puertos con la mayor facilidad posible y rendir en las
contrarrelojes de forma óptima, consiguiendo de esta forma ser un
corredor completo en todas las circunstancias, y cuando se consigue
esta forma física necesaria, «hay que mantenerla el mayor número
de tiempo posible, teniendo en cuenta que la plena forma te deja
apenas sin defensas y eso es peor que estar enfermo».
Miguel Soro tiene
muy claro que la constancia, el trabajo y el esfuerzo es la única
forma de conseguir las metas deseadas, pero además también ha sido
fundamental en su carrera, «el apoyo incondicional de
mi familia, ya que sin ellos yo no podría hacer nada. Desde
el primer momento han creído en mis posibilidades, y tantos mis
padres como mi familia han sido mis primeros valedores. Por ellos
también merece la pena seguir esforzándome y llegar a lo máximo
que se pueda».
Miguel Soro es, sin ninguna duda, la gran
esperanza del ciclismo setabense.
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