|
Menos
mal, pensé, que tras la derrota sufrida por el socialismo el pasado
12 de marzo, los líderes políticos reconocieron que el varapalo
había sido de los que hacen historia, todos, excepto la duquesa de
Alba (entiéndase Ciscar) que por unas horas lloró como una
desconsolada dama sabiendo que se le podía escapar el chollo de
Madrid, una vez que su dueño, el señor Almunia presentase su
dimisión como secretario general de un socialismo que ha llegado al
extremo más lamentable de toda su historia.
Pero aún así,
se pudieron escuchar frases lamentables de autocomplacencia e
indignidad que hablaban de la abstención de la izquierda, como si
la izquierda fuese abstencionista cada vez que se pierden unas
elecciones de la forma en que se perdieron, y máxime teniendo en
cuenta el pacto con Izquierda Unida, que menos mal que no cuajó, ya
que en caso contrario, juntos duran menos que un caramelo a la
puerta de un colegio. ¡Pero si no se han entendido nunca!.
Evidentemente no
hubo mensaje al electorado que otrora votaba socialismo, cuando el
socialismo era sinónimo de progreso, de modernidad y de nuevos
horizontes, pero cuando aquellos que pregonaban esos mensajes, hace
casi dos décadas, se siguen aferrando al sillón de su pesebre, no
es de extrañar que se produzcan rechazos a unos personajes más
quemados que la pipa de un indio, sin ninguna credibilidad, y lo que
es peor: que crean desconfianza.
El sinónimo de
la duquesa de Alba, no ha tenido jamás la valentía de reconocer
una derrota, sino todo lo contrario, siempre ha salido por los
cerros de Ubeda para intentar justificar su propia incapacidad, y el
no querer retirarse de una forma digna para dejar paso a nueva sabia
que relance un partido histórico que ha tocado techo.
Almunia y Borrell
no son ningún alternativa, como tampoco lo son ni Bono ni Chaves ni
Ibarra. Hagamos repaso a los tres primeros candidatos de la lista
por Valencia y veremos el resultado: Ciprià Ciscar, Carmen Alborch
y Pérez Casado (massa pa la carabassa). Más vistos que la charito
y mas sobados que el tebeo, y menos mal que Vicent Vercher apoyó a
los de Valencians pel Canvi, o de lo contrario me lo colocan de
cuarto en discordia. Bajo estas perspectivas no es de extrañar que
el electorado, que recordemos es el que quita o entrega el poder y
los votos, dijese hasta aquí hemos llegado y con vuestro pan os lo
comáis, muchachotes, que se acabó lo que se daba.
Es necesaria una
profunda renovación dentro del socialismo para que en un futuro
pueda volver a tener garantías de alternativa al poder, y como
Ciscar se acabará cargando del todo el partido en Valencia, será
entonces el momento de comenzar de nuevo, dando portazo a los que
fueron y preparando a los que serán. Mientras no hay caras nuevas,
seguiremos escuchando la tontería de que la izquierda no votó,
pero no oiremos el porqué. Lamentable. |