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Vaya
por Dios. Sólo faltaba para el duro que un pub de Xàtiva fuese
asaltado a punta de pistola de mentiras, para intentar poner orden
en una jungla de ruidos, decibelios a altas horas de la madrugada,
vomiteras por las aceras, y «yo me paso por el forro de mis
derechos los derechos de los demás».
Sólo faltaba
para el duro que el asalto fuese con batín incluido, con furia
rebosante de vitalidad que rompía vasos y platos y además
acojonaba a un incrédulo personal que si no llega a ser por el
espectáculo, todavía está por allí tomándose el cubata de JB
con hielo sin que nadie les diga en que hora están.
La actitud de
Justeta, víctima del descontrol que últimamente rodea la zona, no
debe excusarse bajo ningún concepto, pero si que pone de manifiesto
un verdadero problema al que habrá que hacer frente de cara y con
valentía por parte de la competencia municipal, si no que se quiere
que la sangre llegue al río. El descontrol que ha llegado a la
Plaza del Mercat puede alcanzar límites mucho más espectaculares a
los que en un futuro inmediato será más difícil frenar si en
estos momentos el límite de la coherencia no hace su aparición.
Es verdad que son
necesarias las zonas de ocio, y la del Mercat podría ser una buena
oportunidad de revitalizar el barrio, como era la idea inicial, tal
y como ocurre en otros barrios como el del Carmen en Valencia, pero
para ello hay que actuar con la energía necesaria para hacer
cumplir las ordenanzas, y hay que actuar a la hora de otorgar las
correspondientes licencias, y en el momento de revisar los locales
para que cumplan estrictamente las normas de insonorización, y una
vigilancia, ya no estricta, pero si al menos que no permita que los
cierres se prorroguen horas y horas sin que nadie ponga orden,
mientras que los clientes, con el beneplácito de los
propietarios, campan a sus anchas sin respetar la libertad de los
demás, que comienza precisamente donde termina la suya, aunque el
final de estos últimos, se pierde en las primeras horas de los
domingos.
Tal y como se
retira un coche de la vía pública que está molestando, se ordena
el cierre de un local a la hora establecida, y aquí paz y allá
gloria, y para quien quiera más marcha, de locales está lleno en
la viña del señor y sus direcciones al alcance de todos.
El «efecto»
Justeta no ha hecho sino meter el dedo en la llaga de una ruptura
que hace tiempo se adivinaba venir: la de los vecinos con los
propietarios de los locales de ocio, que nunca han comulgado juntos,
y de esta forma es imposible la prioridad de revitalización de la
que antes hablábamos.
Es tiempo pues de
iniciar una seria reflexión que haga brotar las pertinentes
soluciones a este conflicto que en ningún caso puede considerarse
generacional, sino más bien de libertades y derechos que no son
compartidos.
Justeta con batín, rompiendo vasos y con una
pistola de juguete o con una espada de llanero solitario, solo sirve
para poner el freno, aparcar los intereses durante un rato en el arcén
e iniciar un nuevo camino que conduzca al verdadero espíritu de
concordia. |