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La
fabricación de artículos de malla se constituyó en una actividad
en pleno auge en Xàtiva en la década de los años treinta. Más de
media docena de fabricantes constituían el eje de una artesanía
que con el paso de los años fue muriendo lentamente, aunque en la
mente de muchos setabenses todavía se recuerdan los nombres de las
fábricas de Francisco Climent, J. Pascual Sanchis, Julián Serra,
etc. Ahora, en el año 2.000 se ha podido ver una muestra de piezas
de malla realizadas por Rafaela García, que ha conseguido mantener
viva esta actividad.
Rafaela
García, conocida también como La Rubia o La Blanca, mantiene vivo
este proceso artesanal donde todo es posible: cubre-camas, cojines,
tapetes, puntillas, cortinas, etc. son elaborados artesanalmente
como hace más de sesenta años en las viejas fábricas que
constituyeron todo un esplendor económico en Xàtiva, ya que las
piezas que se elaboraban en los talleres, eran muy apreciadas por
los compradores.
Rafaela
García, con 82 años a sus espaldas, y sin gafas que le sirvan para
concretar los puntos cuando maneja la malla, utiliza un viejo teler
por el que el tiempo no ha pasado, y que ha visto como centenares de
piezas artesanales han salido de las manos de esta setabense que
trabajó en aquellas fábricas de la década de los años treinta,
que tanta importancia tuvieron en la ciudad. Rafaela comenzó a
trabajar a partir de los nueve años manejando la malla y no dejó
el oficio hasta que se casó, como era la costumbre de la época, ya
que una mujer casada no trabajaba. Esta setabense, estuvo de
aprendiz en varias fábricas, entre ellas la conocida de Enrique Ramón,
que estuvo en activo hasta hace un par de décadas en la calle de la
Reina.
Pese
a dejar el oficio «en activo» y estar durante muchos años sin
volver a la malla, Rafaela García intuyó que la manufactura se
estaba perdiendo, al tiempo que pensaba que había que transmitir
los conocimientos y la técnica a su hija, por lo que volvió a
tejer y lo sigue haciendo en estos momentos, con una increíble
precisión. Sólo con tener tensado el soporte y la red, únicamente
falta ponerse a enhebrar hilo, para crear todo tipo de figuras que
parecen salidas de un complejo programa de diseño por ordenador,
cuando son las manos de esta artesana las que crean las formas, los
lazos, las transparencias, las flores y las diferentes
composiciones.
La
prisa es una mala consejera para la malla. El teler espera el
momento justo para cuando llegan las ganas de ponerse a trabajar. Se
sabe cuando se empieza pero no cuando se termina y los mejor es
armarse de paciencia y trabajar la malla cuando se tengan ganas. Es
posible que un tapete o una cortina pueda tardar meses en estar
terminado. La artesanía lleva a estas situaciones, pero de no ser
por Rafaela García se perderían tradiciones como las que ella
sigue manteniendo en la malla como el primer día en que se puso a
tejer.
Son tradiciones como la de la «almidonera»
o el «el cairer» que todavía pueden encontrarse en Xàtiva,
aunque es necesario el relevo generacional para perpetuar unos
oficios que en su día fueron el verdadero sustento económico de
una gran parte de la ciudad. Y eso lo sabe Rafaela, con sus
recuerdos sobre las fábricas que existieron y fueron cerrando sus
puertas.
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