|
Montserrat
Caballé, la gran diva catalana estuvo por fin en Xàtiva. El
castillo fue el escenario donde la soprano se encontró con la
ciudad de su madre, Ana Folch, y donde Montserrat Caballé no pudo
ocultar su emoción al recordar como su madre le hablaba de Xàtiva
en las largas noches en las que ambas compartieron épocas de penuría
durante la postguerra. Por ello, el espectáculo que Montserrat
Caballé ofrecerá durante la clausura de la Fira será «algo
especial» según sus propias palabras. Le acompañará su hija
Montserrat Martí y se ha programado un final con música, luz,
color y fuegos artificiales.
Sólo
durante la clausura del Xacobeo 98 se pudo presenciar un espectáculo
de características similares como el que se ofrecerá en Xàtiva
teniendo a Montserrat Caballé como principal protagonista. Ella será
la que cierre la Fira del 750 aniversario con un recital que
comenzará en solitario; seguirá
acompañada por su hija y finalizará con una serie de «sorpresas»
dedicadas a Xàtiva. Estarán acompañadas por una orquesta y una
coral formada por prestigiosos músicos valencianos que dejarán
paso a un espectáculo piromultimedia, donde se sincroniza la música,
la luz y el color junto al disparo de un castillo de fuegos
artificiales compuesto por más de 12.000 kilos de pólvora.
Unos
11.000 espectadores podrán presenciar la actuación de Montserrat
Caballé y no se descarta la instalación de grandes pantallas en el
exterior del recinto deportivo, tal y como apuntó la propia Caballé,
«ya que sería una lástima que alguien se quedase sin poder ver
el espectáculo por falta de espacio».
La
soprano acudió al castillo de Xàtiva acompañado de su marido Bernabé
Martí y desde el primer momento se le notó una fuerte
emoción por encontrarse en la ciudad donde nació su madre y donde
vivió hasta los cinco o seis años, «pero mantenía vivos los
recuerdos de su ciudad, hasta tal punto que tenía un diente roto
producto de una coz de un caballo que tenían en casa y nunca se la
arregló. Cuando un día le pregunté el porqué, me contestó que
era lo único que le quedaba de Xàtiva», recordó Montserrat
Caballé.
La
soprano mantuvo en todo momento un clima emocional constante cuando
hablaba de Xàtiva, «una ciudad que siempre me he preguntado
como sería. Una ciudad de la que mi madre me habló infinidad de
veces y que yo he repasado mentalmente muchísimas veces, pero nunca
eres capaz de adivinar la realidad, ya que los lugares se desdibujan
en la memoria, y por ello yo quería venir aquí, a este lugar entrañable
que me ha emocionado. La historia se encuentra en los cimientos de
las ciudades, y aquí hay un trozo de la mía y también de mi hija,
que está deseando venir para conocer el lugar donde nació su
abuela».
De
su madre, Montserrat Caballé destacó que «era una mujer muy
parecida a mí, con un fuerte carácter pero una gran sensibilidad.
Y sobre todo muy luchadora. Recuerdo que una vez me dijo que ella se
pasaría las noches cosiendo calcetines, pero que yo estudiaría música».
Precisamente
la música y el canto es para la soprano, «la expresión máxima
de la paz y la serenidad que se manifiesta según tu estado de
animo, pero que crea un puente entre los espectadores y el cantante.
La voz humana es un sonido que todos tenemos. Cuando el sonido y el
espíritu se unen es cuando sale el canto que puede ser de una forma
o de otra según sean tus sentimientos en ese momento. Es como el
amor, que unas veces puede ser fuerte, otras dulce, otras lento, y
así un largo etcétera».
Finalmente
aseguró que su actuación en Xàtiva estará, «llena de
sentimientos hacia está ciudad, y el recuerdo de mi madre presente
en todo momento. Por ello puedo asegurar que intentaré ofrecer
alguna sorpresa».
Una
infancia en la miseria y una vida ligada al Liceu
Maria de Montserrat Viviana Concepción
Caballé i Folch -ese es su nombre completo-, nació el 12 de
abril de 1933 en la barcelonesa calle Igualada. Su madre, Ana
Folch, provenía de una aristocrática familia de Xàtiva en
plena decadencia, mientras que su padre, Carlos Caballé,
era químico y miembro de una familia de prósperos industriales.
Los Caballé-Folch se casaron en 1932, en pleno
contexto de crisis económica, y hubieron de abandonar la ciudad
camino del exilio, cuando las fuerzas de ocupación franquistas
entraron en Barcelona. Alguna vez ha recordado Montserrat Caballé
que «no había comida, dinero ni ropa. Mi familia, que había
perdido la posición social y la fábrica, estaba en una situación
desesperada».
Necesitados, pero cultos, sus padres
inculcaron a Montserrat el amor a la música. En la temporada
1939-1940, la llevaron por primera vez al Liceu donde vieron «Madame
Butterfly». A Montserrat le impactó tanto la representación
que memorizó el aria «Un bel di» para cantársela a
sus padres en señal de agradecimiento. Al año siguiente pudieron
apuntarla en el Conservatorio del Liceu para aprender piano y
solfeo, pero la situación familiar empeoró tanto que al cabo de
dos años se vio forzada a abandonarlos por no poder pagarlos. Los
reemprendió en 1945 porque ayudaba a costearlos con su trabajo en Casa
Comellas, una pañería situada en el barrio gótico de
Barcelona. Montserrat pudo acabar los estudios de canto gracias al
mecenazgo de una familia de la alta burguesía catalana -los Beltrand
i Mata- que le costearon los estudios con una sola condición:
que una vez alcanzada la fama siguiera cantando anualmente en
Barcelona.
El 7 de enero de 1962 la soprano debutó en
el Liceu y mantuvo aquel compromiso de cantar anualmente hasta la
temporada 1989-1990, en que, sintiéndose maltratada por el
administrador del teatro, Josep María Busquets,
decidió abandonar lo que en carta al presidente de la Generalitat
Jordi Pujol, denominó «mi hogar».
Cuatro años después de haberse marchado, el
Liceu era pasto de las llamas. La forma en que la soprano vivió la
noticia revela los sentimientos encontrados que albergaba: «me
enteré del incendio por la radio, mientras iba en mi coche camino
del aeropuerto, pues ese día debía grabar un disco en Londres. Sabía
que tendría problemas con la discográfica BMG, como así fue, pues
me denunció, pero el dolor fue más grande que el interés. Ordené
al chofer que diera la vuelta, y viví la tragedia lo más cerca que
pude del teatro».
|