La bodega de la calle Montcada ha atendido a miles de setabenses 

Ca Llopis: cariño y profesionalidad contra el tiempo

 

Lleva más de cincuenta años en funcionamiento y es uno de los pocos establecimientos clásicos que resiste las embestidas de la modernidad. Miguel Llopis, dependiente del negocio familiar, reconoce que existe un truco. Él considera que el cariño y la profesionalidad en el trabajo han dado el resultado buscado. Para otros muchos, también la calidad de los productos de elaboración artesanal le ha dado el toque justo para superar al tiempo y la dura competencia de las grandes superficies comerciales.  

Palacios de grandes puertas e impresionantes ventanales jalonan la calle Montcada. Sin embargo, por una menuda portezuela desde hace más de cincuenta años han transcurrido generaciones y generaciones de setebenses. Se trata del comercio más antiguo de esta calle señorial, la Bodega Llopis.  Garrafas, botellas, botas y capazos de esparto han salido por la entrada al semisótano, muchos clientes han sido los que han visitado este establecimiento fundado en los años cuarenta. El primer propietario del almacén vinícola fue Salvador Delgado De Molina, que posteriormente sería alcalde de la vecina población de La Llosa de Ranes. Sin embargo, a pesar de todo, son los Llopis de Genovés quienes han dado el prestigio y la calidad a este pequeño servicio.

No obstante, como bien indican sus actuales propietarios, el negocio no ha sido siempre así. Desde el principio, los cuatro hermanos Llopis delegaron en Miguel las tareas de atención al público en la pequeña tienda. Según el todavía dependiente, cuando se iniciaron en el negocio de la calle Montcada, “lo que más se vendía era vino y gaseosa, y después se fueron introduciendo las aceitunas y todo tipo de género artesano, como los pimientos o tomates en salmuera”.  Ahora con el paso de los años, la situación ha cambiado y ya no se fabrica la famosa agua de Seltz, ni se venden las botas de cuero como antaño. Miguel Llopis, de 61 años, formó, junto a sus tres hermanos, la tercera generación de la familia que trabaja con el negocio del vino. Ahora, junto con dos de sus sobrinos saca el negocio adelante como honradamente puede. No en vano, en los últimos años la aparición de las grandes superficies ha acabado con muchos de los negocios artesanales. “Antes desde la plaza de Sant Pere hasta aquí, había seis establecimientos similares a éste y hoy ya no queda ninguno. Es triste ver como desaparecen algunas tiendas”. Ahora, cuando corren malos tiempos para estos establecimientos, es fácil mirar atrás y quejarse. Sin embargo, Miguel Llopis prefiere señalar que “de este negocio se puede vivir honradamente, no se trata de hacerse rico, pero si que se puede mantener en activo”.

Con todo, la bodega es uno de los pequeños negocios con un encanto especial que aún conserva Xàtiva como excepción. La clave para su propietario es bastante sencilla y, sin duda, muy esclarecedora: “Para que un establecimiento, y cualquier negocio, funcione hay que tomarle cariño, esto es lo más importante. Hay que dedicarle mucho tiempo y si se hace con profesionalidad y cariño, las cosas pueden funcionar”. Aunque Miguel Llopis no hace demasiado hincapié, también es reconocida la calidad del producto. Sus chistes, sus ocurrencias dan el justo sabor a la atención al cliente, pero sus productos son los que sin lugar a dudas cautivan a la gente que acude a comprar a Ca Llopis, como es conocida popularmente. Él mismo ya señala algunas de las características que cautivan al cliente, “toda clase de conservas en salmuera como los pimientos, las cebollas y, sin olvidarse, de las aceitunas genovenses, que son de una calidad extraordinaria”.

Para Llopis ha habido épocas mejores, como cuando en los años ochenta “trabajaba a tope”. Entre otros recuerdos, el propietario del establecimiento señala cuando todos los hermanos decidieron que también se vendería a domicilio. Ya más amargamente indica que un duro golpe fue cuando la UCD prohibió la venta de productos a granel, hecho que supuso una merma evidente en los ingresos de los negocios vinícolas al detall. Aún así, los Llopis son unos firmes defensores de los pequeños negocios, ya que fuera de toda tentación expansionista “siempre hemos querido dedicarnos al negocio clásico”, afirma el tendero. Además, Miguel se muestra casi convencido de la continuidad del negocio aunque se acerca ya a su jubilación. Llopis está seguro de que sus dos sobrinos, que por ahora se dedican a la venta a domicilio, sabrán mantener vivo el espíritu del encantador establecimiento. 

Indudablemente, la familia Llopis ha dedicado muchas horas a levantar un establecimiento que ha servido a lo mejor de cada casa setabense. Desde todos los alcaldes de la ciudad hasta el inconfundible Bruno Lomas o el reconocido Raimon han entrado en este fresco sótano. Naturalmente, son sólo unos pocos de los miles de setabenses que han pasado al interior de la Bodega Llopis.

Jesús Badenes i Mompó

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