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La
Plaza del Mercat estaba a reventar. Se cumplían diez años de la
muerte de Bruno Lomas en la carretera y se le quería rendir
el merecido homenaje que hace tiempo se le debió dar. El campo de
la Murta también. Se cumplían 750 años de la Fira de Xàtiva y Montserrat
Caballé ponía el broche final a una noche mágica.
El
recuerdo de Bruno estaba en la mente de todos los que,
bocadillo en mano, se disponían a rememorar las canciones de El
Leopardo. Para el acto de la Murta la gente ya había cenado, que no
era cosa de acudir con el bocata, el traje y la corbata.
Una
foto de Bruno, arrugada y lateral, presidía el escenario
hasta que lo ocupó Enrique Ginés, que pese a tener una gran
dificultad en caminar no era excusa de tenerlo de «florero» toda
la noche. En un costado hubiese estado más acorde con el momento.
En la Murta los instrumentos y la sobriedad del escenario hacían
presagiar algunos momentos gloriosos.
Comenzó
lo de Bruno y de Bruno aquello tenía lo mismo que El Titi
tiene de machote. El «Libérate» «Maredeuta» y semejantes, hacían
presagiar lo peor. Los elegantes músicos comenzaron a llenar el
escenario de la Murta y con ellos el comienzo de la apoteosis que
era esperada por todos.
Salió
Dova y no se besó porque no se llegaba. Hizo confesar a Ginés
que la canción que ella mejor cantaba era la de los «Gitanos» y
nadie como ella la interpretaba igual. Y como era tan amiga de Bruno
tuvo «el detalle» de plastificar una cuartilla con la canción «Rogaré»
del recordado rockero para que no se le olvidase la letra. Y salió Montserrat
Caballé y Montserrat Martí y aquello fue la explosión
de jubilo más grande que se recordará en muchos años en Xàtiva.
Apenas dos canciones, y los miles de espectadores aplaudiendo a
rabiar.
Yako
Lara
hizo más de lo mismo, mientras el concejal de feria y fiestas ponía
cara de pocker y el alcalde llegaba tarde después de haber estado
con los jubilados, que tampoco era cosa de marear la perdiz. La
Caballé se acompañó después de hacer una pieza con «miauss»
junto a su hija, de una gran coral, mientras comenzaba un espectáculo
piromusical que a más de uno le hizo caer la baba.
Emilio
Solo
aprovechó para decir a la gente que Bruno Lomas ya no está
pero está él, que no le hace ni sombra pero que le imita
descaradamente, mientras que el público comenzaba a abandonar
resignado el lugar pensando que sólo faltaba Rosita Amores
para que las «varietes» hubiesen sido completas. Los fuegos
artificiales alumbraron el cielo de Xàtiva bajo los cantos de la Caballé
y su hija, de una orquesta de fábula y un acompañamiento acorde
con el acto.
En
la Plaza del Mercat cerró el acto un Juan Bau desconocido
para el cual los años han pasado y no han sido en balde. En la
Murta cerró el acto un homenaje de Montserrat Caballé a su
madre y a Xàtiva, con el público en pie cerrando el 750
aniversario de la Fira.
Bruno
Lomas
debió pensar que su homenaje fue anecdótico, lejos de la realidad
de su persona, y es que el viejo rockero nunca tuvo suerte, incluso
después de muerto.
Sólo
esperamos que se cumpla la palabra de dedicarle una calle y así,
por lo menos, se le recordará en silencio. Lejos de «espectáculos»
como la de aquella noche de agosto. |