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Cuando
escribo este artículo aparece en los medios de comunicación que la
televisión pública ¿valenciana? va a presentar su nueva
programación para el otoño-invierno apostando, -como no-, por la
televisión-basura a la que nos tiene tan acostumbrados últimamente
y que tan buenos resultados le está dando para provocar el vómito
en algunos miles de telespectadores que haciendo zapping conectan
con la central de Burjassot.
Una televisión pública
como la valenciana se está cubriendo de lodo y pagándose con el
dinero de todos, sin que a nuestros dirigentes les caiga la cara de
vergüenza el consentir la proliferación y continuidad de programas
como Tómbola, donde periodistas del amarillo más reaccionario
viven aireando la vida privada de los demás y además cobrando por
ello. También es lamentable el que se pague a presuntos «artistas»
para que acudan al programa y de esta forma saciar la voracidad de
los espectadores que, ignorantes de la cultura más sencilla, optan
por otorgarle a Canal-9 índices de liderazgo en su programación.
No es lo que el
espectador quiere, sino la lucha encarnizada por saber quien es
capaz de sacar más basura y ofrecerla en bandeja de plata en el
horario de más audiencia.
Entre las
novedades leo que se presenta un programa llamado «números rojos»
donde acudirán gentes con alguna deuda que gracias a nuestra
televisión pueden conseguir pagar.
Veremos al deudor
aparecer ante las cámaras, presentándose ante los espectadores
confesando que tiene tres letras del televisor pendientes y que se
lo quitan si no lo paga. En ello el presentador le ofrecerá la
posibilidad de ganar ese dinero a cambio de una serie de pruebas o
preguntas y el deudor aceptará, mientras sus vecinos del
pueblo reirán la gracia y conocerán de primera mano que Juan y
Teresa debían 15.000 pelas por la tele de la que tanto fardaban.
Lamentable y
vergonzoso que se tenga que llegar a estos extremos con estos
programas donde los presentadores aceptan hacerlo con la excusa del
«todo vale».
Una televisión pública
de este tipo lo mejor que puede hacer es cerrarla y destinar los
miles de millones de pérdidas a conseguir un mejor estado de
bienestar para la Comunidad que es la que aporta sus impuestos y sus
dineros.
Un medio de
comunicación tan impresentable como este sólo puede funcionar
cerrado y bien cerrado y no consentir que programas como los que nos
ocupan tengan ni un sólo minuto para ser mostrados. Ahora que la
privatización está a la orden del día, es el momento de decidirse
a que Canal-9 caiga en manos privadas, porque, ¿que empresa privada
funcionaría con miles de millones de pérdidas y en quiebra total?.
Mientras la administración siga aportando el dinero con esa gran
ligereza, y no administre lo que es de todos, tendremos que soportar
la presencia de un medio vomitivo cuya principal virtud es no tener
ningún programa digno de poderse ver.
Con este panorama tan desolador, sólo cabe
animar a los telespectadores a que no sintonicen Canal-9, aunque de
poco servirá, ya que con falsas encuestas y dinero público se
seguirá asomando a nuestra vida por muy mal que nos pese y nos haga
sentirnos imbéciles.
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