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Desde
septiembre de 1934 muchas generaciones se han acercado a la plaza de
la Bassa con un único objetivo: comprar en Casa Gorba. La charcutería
de “La Guapa”, hoy regentada por José Cortell, nieto de los
fundadores, sigue conservando el aroma de las tiendas de trato
familiar. Una cuidada atención al cliente que combina amistad y
buen humor, con una larga trayectoria sirviendo productos de gran
calidad.
Durante
muchos años, los pocos alimentos que se podían encontrar en Xàtiva
se servían en pequeñas tiendas comerciales. Ultramarinos, bodegas
o charcuterías eran los principales proveedores de los ciudadanos
setabenses. La época de la posguerra no fueron tiempos fáciles
para nadie, tampoco para los comerciantes. Desde Xàtiva salían
camiones cargados con productos locales que en otros lugares de España
eran intercambiados por embutidos, salazones, conservas, etc. De
esta manera, los comerciantes locales conseguían traer la materia
prima con la que servir a sus conciudadanos.
Aunque
el establecimiento actual de la popular Casa Gorba ya encontraba en
1934 en su ubicación en la confluencia de la calle Canónigo Cebrián
con Sant Francesc, pocos son los que saben que la tradicional Casa
La Guapa no siempre fue una charcutería ni estaba ubicada en la
Plaza de la Bassa. El
sobrenombre de “La Guapa” ya se usaba para la carnicería que
los abuelos de José Cortell poseían en la calle Menor Cuesta, de
la que eran muy apreciados sus botifarrones. Sin embargo, como
acreditan los documentos que aún conserva el propietario, el abuelo
compró la tienda actual en un traspaso en septiembre de 1934. Desde
ese momento surgió un negocio próspero del que han vivido ya tres
generaciones.
Casa
Gorba es una de las pocas tiendas de Xàtiva que conserva la esencia
de su inicial cometido. Desde sus comienzos, José Gorba y su
esposa, la conocida “Guapa”, comerciaron en su pequeño
establecimiento con una gran surtido de productos como
salazones, sobrasadas, quesos, bacalaos, aceitunas, vino y,
como no, la gran marca de la casa, el jamón serrano. Poco después,
ya bien entrados los años cuarenta, se establecen en la capital de
La Costera diferentes almacenes que surten a las principales tiendas
de las comarcas cercanas. Esto supone un impulso importante para la
reactivación económica de la ciudad, pero no evita que sigan
habiendo clases bien diferenciadas entre los clientes como señala
Pepe Cortell. “Los había que tenían posibles y podían
llevarse una paperà de una peseta, en la que había un poco
de todo; los que aparentaban que tenían y los pobres, que se
llevaban las puntas de los embutidos y las sobras de los bacalaos”,
indica con resignación el actual propietario.
Con
todo, las dificultades no han sido pocas para Casa Gorba. Al
fallecimiento del fundador, José Gorba, sus descendientes pensaron
en traspasar el negocio, dado que había dificultades para atender
debidamente el establecimiento. De los dos hijos de La Guapa fue su
hija quien se decidió a sacar a delante el negocio. De esta manera,
la línea sucesoria continuó manteniendo el negocio familiar.
Durante
un tiempo, la madre de José Cortell continuó con la ayuda de la
abuela, hasta su fallecimiento en 1974. Además, también
colaboraron con ella, el hermano del propietario actual y su
hermana, Mª Carmen, que trabajó codo con codo en la charcutería
hasta que se casó. Su hermano mayor dejó los estudios para estar
de dependiente durante un año, con sólo 16 de edad y regresar
después a los libros.
Desde
el año 1990 es Pepe Cortell quien se encarga de atender el
establecimiento, es quien relata sin dudar que se trata de “un
negocio del que se puede vivir, en el que se debe trabajar mucho y
ser serio”. Aún así, no se puede evitar una sonrisa ante el comentario,
ya que Cortell es muy conocido por su buen humor y por su trato
familiar con los clientes. “Aquí se sirve al señor o a la señora
Tal, pero no atendemos al número 13 o 14. En este establecimiento
se sirve a personas y se las trata como personas y no como números”,
indica el dependiente de Casa Gorba en una clara alusión a los
grandes centros comerciales. “Nos han hecho mucho daño, peor
aquí seguimos ofreciendo calidad, mientras que algunos prefieren
ofrecer cantidad”, remata Pepe Cortell. “La calidad es el
lema de este establecimiento desde que se fundó y eso es lo que
hemos heredado de nuestros antepasados, no nos ha servido de nada
los cursos de marketing”, dice el propietario. Por otra parte,
“el oficio de charcutero no está muy extendido en la
actualidad y los clientes buscan productos cortados a mano y eso sólo
se encuentra en las charcuterías selectas que aparecen ahora”,
señala Cortell.
Sobre
el futuro de la tienda, Pepe se muestra muy claro: “Por ahora
ninguno de mis dos hijos quiere trabajar aquí, pero yo también era
el único de mis hermanos que tenía claro que no iba a atender este
negocio y mirar donde estoy”. Sin embargo, el dependiente
también muestra sus dudas ya que “la transformación del medio
urbano no nos ha beneficiado, porque la gente quiere ir motorizada y
por aquí cerca no hay sitio para aparcar, lo que supone que
clientes que vienen de siempre dejen de venir a comprar”.
Más
de sesenta años de trabajo y esfuerzo familiar que siguen
demostrando que las cosas bien hechas son motivo suficiente para la
satisfacción y también para el buen funcionamiento de los
negocios. Y Casa Gorba sigue siendo un establecimiento donde los
nietos de los primeros clientes son atendidos por el nieto del
fundador. Por muchos años.
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