Más de 40 niños han estado acogidos este verano en familias de la Costera

Un referéndum justo para el pueblo saharaui

 

Después de finalizadas las vacaciones estivales y tras el trasiego consumista del verano, es un buen momento para reflexionar sobre nuestra responsabilidad en la situación del Sáhara, coincidiendo con la estancia de unos cuarenta niños saharauis en la comarca de la Costera y un total de setecientos en la Comunidad Valenciana. La impresión, llegados a este punto, es que nos ofrecen escasos motivos para creer que hemos progresado en aquellos aspectos que se refieren a los valores humanos. Más bien avanzados en sentido contrario.

Ya no sólo se trata de los grandes desastres acaecidos a lo largo de este siglo. Aún seguimos conviviendo con el genocidio, las masacres, los desaparecidos, las purgas, la política de tierra arrasada, la intolerancia...

En definitiva somos conscientes de muchísimos ejemplos, y sólo basta con hacer un repaso de los conflictos que hoy persisten en el mundo para dilucidar que todos ellos se encuentran «atascados» y se han convertido en conflictos duraderos, ya que la solución que se pretende hallar tiene otras prioridades antes que los derechos humanos.

En la Comunidad Valenciana hemos asistido este verano al fenómeno de la acogida de muchos niños saharauis. Se trata de jovenes deslumbrados por el sueño del bienestar y opulencia de que gozamos los europeos. Sin apenas recursos económicos y sin el paraguas de una familia, su destino acostumbra a ser la penuria junto a la desprotección legal y social. Sufren, como muchos niños del continente africano, graves problemas de desnutrición, con dolencias en la vista y otras enfermedades, algunas de ellas irreversibles. Un conflicto, el del Sáhara, que como la mayoría de las guerras tienen como víctimas a los civiles, y especialmente a los niños, los ancianos y las mujeres, como principal objetivo y fundamento de la estrategia política y militar que desde hace 25 años lleva a cabo el gobierno marroquí contra el pueblo saharaui con total impunidad.

Es por ello por lo que l´Associació d´Amics del Poble Saharaui y otras ONG´S han dispuesto ayudas y centros de acogidas con familias dispuestas a dar protección y amparo durante unos meses a estos jóvenes.

La problemática, no obstante, surge frente a la tardanza de reacción de las instituciones políticas españolas y su pasividad frente al conflicto que no nos es ajeno.

La hambruna, la sequía, la escasez de agua y alimentos básicos son el fiel reflejo de una situación extensible a todo el territorio africano y que acostumbra a aparecer diariamente en nuestros medios de comunicación.

Sin embargo el Sáhara es una tierra rica y fértil que, a diferencia de otros paises africanos, posee importantes minas de fósfatos y caladeros de pesca, que, atrapados por los avatares de la historia y ahora hostigados por Marruecos, convierten al pueblo saharaui en un pueblo tremendamente pobre y traumatizado por una violencia que no conoce tregua desde hace varias generaciones, cuando debería ser todo lo contrario. Esta situación hace que el «crecimiento y la riqueza» no vaya acompañado del progreso, la justicia y la solidaridad. Ocurre justamente lo contrario. De todos los pactos y derechos, el de Derechos Civiles y Políticos es de los más importantes, puesto que añade la libre determinación de los pueblos, los derechos de los niños y las minorías. Derechos y pactos que en el caso del Sáhara son constantemente vulnerados por Marruecos, más concretamente por los monarcas alauitas que se enriquecen a costa de su pueblo y el de los saharauis.

Pero otro de los problemas que nos atañe directamente sería el de la actuación ante las violaciones por inacción del Estado, o sea, cuando el Estado no es el infractor directo pero mantiene una actitud indiferente y pasiva ante la acción de otros. Es aquí donde la actuación española y europea no sale bien parada, puesto que mantiene una actitud indiferente y pasiva frente al conflicto.

Es momento pues, de reflexionar y tomar las medidas pertinentes para llevar a cabo el referéndum de autodeterminación auspiciado por la ONU tras los acuerdos firmados por el Frente Polisario y Marruecos en 1991.

De este forma el estado español debería asumir el papel de garante y de mediador en el conflicto -como lo fue Portugal en el caso de Timor- y dinamizar el proceso de autodeterminación. Un problema que nos atañe conscientemente, puesto que no hay que olvidar que el Sáhara fue provincia española hasta 1975.

Así pues, más de cincuenta años después de la declaración universal de los Derechos Humanos, debe seguir siendo la única forma decente de que los humanos vivan en paz y no se vulneren los derechos fundamentales.

BATISTE LLOPIS

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