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A la Botiga «La
Campana» ya sólo resta decirle adiós. Después de tres
generaciones ha cerrado sus puertas allí donde siempre estuvo: en
el corazón del mercado de Xàtiva. Su última titular Nieves Arnau,
se jubiló el pasado mes de diciembre y ahora ha decidido cerrar las
puertas de la clásica droguería y también de la corsetería. Sólo
queda el recuerdo de un establecimiento cuyo símbolo: la campana,
sigue colgando del exterior, y también de la presencia de Ricardo
Arnau, padre de Nieves, que a sus 94 años, sigue siendo y será el
«botiguer» de la droguería.
La Botiga «La
Campana» cerró sus puertas con el mismo silencio con los que un día
las abrió hace más de cien años. La popular droguería, ubicada
en el corazón del Mercat, junto a la desaparecida también Casa
Reig -aquella que todavía se recuerda por su constante y peculiar
olor a café-, ha terminado su existencia después de tres
generaciones que la han regentado, aunque el más popular, sin ningún
genero de dudas, ha sido Ricardo Arnau, que a sus 94 años todavía
sigue siendo un símbolo entre los «botiguers» de la
ciudad, y hasta el cierre definitivo del negocio, se ocupaba de una
gran parte de los asuntos burocráticos de «La Campana» como si se
tratase de un ilusionado principiante.
La última
titular del negocio ha sido la hija de Ricardo, Nieves Arnau, que
tras su jubilación ha decidido cerrar las puertas de La Campana, «mis
sobrinos ya no querían hacerse cargo del negocio y los tiempos no
son los que eran, así que decidimos cerrar la tienda para siempre,
al no haber expectativas de futuro», manifestaba Nieves.
Su padre, Ricardo
Arnau entró como empleado de su tío, también llamado Ricardo
Arnau, que fue el primer propietario de «La Campana». Sólo tenía
13 años cuando comenzó a conocer el negocio de la droguería, que
en aquellos años daba lo suficiente para vivir. Gil Arnau, abuelo
de Ricardo, era el propietario de la Posada del Pescado que
albergaba en su interior a los visitantes y comerciantes que
pernoctaban en la
ciudad, así como a sus caballos y carros que era el medio de
transporte más habitual de la época.
En la fachada de
la posada todavía pueden verse las iniciales G.A. (Gil Arnau) y el
pez que cuelga desde la puerta superior, igual que cuelga la campana
del establecimiento. El nombre de «La Campana» no se sabe a
ciencia cierta porque se puso, aunque según Ricardo Arnau, que
todavía conserva vivos los recuerdos, es posible que se debiese a
su parentesco lejano con los famoso «Campana», arrieros de Xàtiva
y que en la actualidad todavía conservan la estirpe.
El joven Ricardo
Arnau, con 13 años, fue testigo de como el mercado de Xàtiva era
un hervidero de transacciones comerciales los clásicos martes y
viernes, «los productos se amontonaban por el suelo y en los
puestos de madera se podía encontrar prácticamente de todo, no
como ahora que los supermercados y los hipermercados han ocupado el
lugar del mercado tradicional y de la compra familiar».
Efectivamente los
comerciantes estaban solos como profesionales de la venta, y los
clientes eran fijos y habituales. «La Campana» fue siempre un
referente en el mundo de la droguería y en ofrecer los clásicos
productos que se utilizan y se han utilizado hasta hace pocos años:
«la gente demandaba mucho la sosa cáustica, la terreta, y un
detergente llamado «limpión» que era muy efectivo. En la
actualidad hay mucha más oferta y muchos más productos químicos
que entonces, pero eso no quiere decir que sean mejores», asegura
Ricardo Arnau.
La botiga «La
Campana» llegó a tener tres empleados que al tiempo que estaban en
la tienda viajaban también por la comarca recogiendo pedidos de
clientes a los que se les mandaban los productos posteriormente por
los tradicionales «ordinaris». Los mismos empleados vendían
los productos directamente si los llevaban consigo. La presencia de
los «ordinaris» era constante en la Plaza del Mercado, ya
que allí también se encontraba el Mercado de Abastos, por lo que
el hervidero comercial era continuo y los medios de transporte eran
muy escasos en aquellas épocas.
Ricardo Arnau
recuerda como se establecía cierta complicidad entre el «botiguer»
y el cliente, «como nos conocíamos de siempre habían ocasiones
que la necesidad obligaba a no poder pagar los productos que adquirían,
y entonces nosotros permitíamos está situación con total
normalidad. En ocasiones pagaban cuando les llegaba una cierta
bonanza económica, pero en otras la deuda se mantenía para
siempre. No había otro remedio que trabajar de esta forma».
Ricardo Arnau se
hizo cargo de «La Campana» cuando su tío se jubiló, y cuando lo
hizo Ricardo fue su hija Nieves quien
cogió las riendas del negocio, ampliado a corsetería en la
tienda contigua, aunque siempre ayudada por su padre, que nunca se
ha retirado totalmente como «botiguer» y ha estado ayudando a
Nieves hasta prácticamente el cierre del negocio quien opina que «los
tiempos cambian y también los negocios y los mercados. Mira la
diferencia que existe entre este mercado y el que había hace décadas.
Hay que mirar el futuro y el futuro nos indica que las grandes
superficies comerciales son las que mandan».
Padre e hija comparten la vivienda en la parte
superior de la tienda, allí donde justo cuelga «La Campana» desde
el balón, una campana que los niños querían tocar cuando eran
pequeños y que ha dejado de sonar, pero pese a todo, siempre quedará
un trozo de historia para la centenaria Botiga que ahora sí, ya es
historia del comercio de Xàtiva.
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