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Els dotors (
tristes y estúpidos personajillos de mente cata que se dedican a la
crítica difamatoria en los lugares estratégicos de los pueblos
valencianos ) diuen én ixa típica veu teatralment parsimoniosa y
estudiá que’els fa acreehors de la veritat: «! Che, tú, que sí,
qu’es veritat, que ixe Papa tenía fills, no t’heu estic diguen...
no era poc revolcahor el tío...» Luego, la burda imaginación al
poder, y tema para matar el corrosivo aburrimiento que perpetuamente
les invade. Pero desgraciadamente para la historia del pueblo
valenciano, en muchas ocasiones “ els Doctors es travestixen en
Dotors”. De Rodrigo de Borja y Borja se han dicho y escrito las más
grandes e inciertas difamaciones a considerar, sin que nadie les
quite coma ni acento.
De los numerosos y doctos autores que han escrito repugnantes
libelos sobre el setabense Rodrigo
de Borja y Borja, uno de los historiadores más prestigiosos, el
doctor Luis Knöplier, a la sazón profesor de historia eclesiástica
en Alemania, escribió en su libro, editado por el librero
pontificio Herder, y titulado «Lehrbuch der Kirchengeschichte»,
despachándose a
bocanadas de eructos fétidos contra nuestro insigne setabense. En
esta densa obra (pseudo)histórica, y
escogido al azar entre sus tendenciosas y apestosas
paginas afirma, sin el menor recato ni pudor histórico, con
rotunda animosidad y textualmente, lo siguiente:
« El punto más crítico de esta triste etapa del
Pontificado coincidió con el advenimiento de Rodrigo de Borja,
elegido por unanimidad en el cónclave de 11 de Agosto de 1.492 con
el título de Alejandro (1.492-1.503)
Antes de aquella fecha había llevado una vida muy disoluta. Había
servido en los ejércitos españoles hasta que su tío le llamó a
Italia y le invistió con la púrpura, continuando aún en este
elevado cargo su vida de corrupción y sus livianidades. A pesar de
los paternales avisos y amonestaciones de Pio II (Raynold. ad ann.,
1460. n. 31) mantuvo íntimas relaciones con una matrona de la
nobleza romana llamada Vanozza de Catauels, de la cual tuvo cinco
hijos, cuatro de los cuales vivían aún al ser elevado Alejandro al
solio pontificio. El empeño por encumbrar a los más elevados
cargos y enriquecer a estos cuatro hijos fue la nota característica
de este Pontífice, en el que el repugnante nepotismo llegó
a su apogeo...»
Y
seguía, y seguía... hasta llenar un espectacular mamotreto. Frente
a tales calumniosos y falaces asertos, no se puede decir mas que la Historia se escribe a
pies puntillas, con alevosía, y si no somos capaces de escribir
nuestra propia Historia estará mas que bien que la escriban, con
sinsonte mente y aviesa pluma, nuestros maledicientes depredadores
antagonistas. Advertir que la Historia o, mas bien, Leyenda
Negra de Alejandro VI, en la que tantas falacias se han vertido, están
basadas en un mendaz cronicón de ensañadas y vengativas memorias
secretas escritas por un tal Bucharli, maestro de ceremonias de la
Corte Pontificia, despedido de dicha Corte por falsario y ladrón.
Pero no son sólo estos
doctos personajillos los que se entretienen y sacian su sed sacando
agua del pozo que nunca perforaron, sino la mayoría de historiadores franceses e italianos se han
mostrado injustamente implacables contra la memoria y los hechos
históricos referidos a Alejandro VI, especialmente Francesco
Guicciardini. A nadie se le escapa que a España,
por motivos de envidia política y cultural, siempre se la ha
maltratado, sobre todo los ilustrados chauvinistas
franceses. Algunos se olvidaron, críticamente, quiza por
desconocimiento del hecho histórico, de
mentar, ridicularizándole, que el Papa Alejandro VI excomulgó al cometa Halley,
visionado en forma de sable, al que se le atribuía ya en el 1.066
la muerte de Harold en la batalla de Hastings contra Guillermo “El
Conquistador” y que había aparecido de nuevo en el año 1.456, en
el mismo fragor de la Guerra Santa emprendida
por Calixto III contra los infieles ejércitos seguidores del
Gran Turco, apareciendo como un alfange radiante de luminosidad,
cuatro veces mas grande que la luna, achacando el perder la guerra
al paso por la tierra de este nefando cometa. Suceso muy debatido
tanto popularmente como por los cortesanos, príncipes de la iglesia
y asesores papales, y que motivó que Alejandro VI excomulgara al
intempestivo cometa al reemprender la guerra contra los Turcos. No
es dubitativo razonar
que, el que el Papa excomulgara al siniestro cometa Halley, fuera un
mero reforzamiento político o táctica psicológica
para calmar la ansiedad y el temor provocado por la
superstición que afectaba a sus huestes y al pueblo en general,
pues era secularmente indicativo
que el fulminante paso
por la tierra de este cometa acarreaba a la humanidad toda suerte de
catástrofes y desgracias. Pero vayamos al análisis de esta
aleatoria y panfletaria página histórica de la que, expertos y
eruditos, jamas
han refutado ni siquiera discutido un ápice de ella, dejándola
como impoluta verdad histórica. Comencemos por el nombre: le llama
Alejandro, como si de un vulgar mequetrefe se tratara, como si
hubiera comido sopas con él, como lo que realmente efervece de su pensamiento perverso, que no
es otro que el de rebajar, ya en la forma, la singular personalidad
del controvertido Papa setabense. A ningún historiador,
medianamente equilibrado, se le ocurriría llamarle “Alejandro”
sin el “VI.”
Se puede descalificar, criticar, e incluso vilipendiar las
actividades de un personaje público, pero en ningún modo,
manipular y falsear los hechos
históricos de una manera torpe y grotesca. Cuando
el Cardenal Rodrigo de Borja y Borja asciende al trono
Pontificio lo hace con el nombre indivisible de “Alejandro VI”,
y en todo caso se le podría mencionar con el nombre de pila que era
el de Rodrigo o en
idioma valenciano Roderic. Había llevado una vida “muy
disoluta”, afirma con
rotundidad ofendiendo al intelecto del lector y abandonándole en
los aposentos mullidos de la cretinidad. Ilustrado Catedrático vida disoluta es una
vida licenciosa, atrevida, entregada a los vicios, y en ninguno de
los libelos escritos se encuentra que Rodrigo de Borja fuera un
malandrín, mujeriego, jugador de envite, beodo... Por otra parte,
que es la que se intenta recabar maliciosamente, si se considera el
hecho de enamorarse de una bellísima, inteligente y virtuosa dama
como era Vanozza de Castauels; si se considera que tuvo cinco hijos
con ella; si se considera que siempre le fue fiel; si se considera
que dio apellido y educación a sus hijos; si se considera que
formaban una unida familia... ¿dónde se encuentra la base de la
difamatoria y parafraseante “vida disoluta”?
ó ¿
acaso tendremos que reconocer y acusar que el genero humano lleva
una “vida disoluta” en vez de una vida familiar?.
Si la cuestión de fondo es que un cardenal o clérigo puedan
tener hijos, esa es cuestión que solo a los miembros y a la moral
de la iglesia corresponde, pero que se le deberá calificar con
rigor y no con la primera, o malintencionada, palabra que se
encuentre con objetivos perversos que distorsionan la realidad.
“Había
servido en los ejércitos españoles” afirma con retorcida intención
de bifurcar a Rodrigo de Borja como hombre pendenciero. Pero vuelve
a marrar su estrategia, sacando del contexto histórico tal afirmación.
En primer lugar, las órdenes religiosa eran órdenes militares
capitaneadas por altos cargos eclesiásticos o maestres que dependían
de la autoridad de la Iglesia, sirviéndola, fiel y legítimamente,
en defensa de sus intereses.
Se puede hacer un alegato en contra de aquella Iglesia, de
los motivos, de las causas, efectos e incluso de los hombres que la
“sirvieron”, pero es de poco rigor personalizar en un hombre lo
que la sociedad civil y, en particular, la sociedad cristiana tenía
por normal. En segundo lugar, no
sé a que “ejercito español” hace erudita referencia. Quede
claro que fue el propio Rodrigo Borja quien estableció las bases y
relaciones políticas para la unificación de los reinos medievales,
intentándolo sin éxito en el
resto de coronas de Europa, con los objetivos de exterminar la etapa
del feudalismo de ella y fortalecer su defensa contra el peligro de
oriente personalizado en el Gran Turco; pero, aun siendo Papa, haber
coadyugado a la unión
de las coronas de Aragón y Castilla formando el primer Estado
moderno del orbe conocido tras la expulsión de los judíos y la
toma del reino de Granada, se olvida que “España”, y por tanto,
el “ejército español” no
existía en aquella etapa histórica de la que abusa
incorrectamente.
Envestido de
púrpura continuó “ su vida de corrupción y livianidades”. En
cuanto a las livianidades que esboza a continuación el doctor Knöplier,
criticable o no, lo dejaremos en fidelidad a su familia a la
que jamás, ni por nada ni por nadie, renunció. En cuanto a la
referida corrupción, o es una mendaz afirmación o ciertamente
desconoce los hechos históricos. Cualquier neófito que, con
curiosidad, se aproxime
al siglo XV verá diáfanamente que fue una época de corrupción
sin limites y, Rodrigo de Borja, a través de sus distintos y
elevados cargos, fue advertido, observó y conoció perfectamente
desde el Papado de su tío Calixto III, Paulo II etc. Con toda
rotundidad fue el Papa setabense el que más árduamente
combatió con éxito la corrupción, y de ello hay abundante
documentación, precisamente por
que la había observado en todas sus formas y la conocía en todos
los ámbitos, ¿ Como hubiera podido mantener un ejercito poderoso
dispuesto para vencer a los turcos y una iglesia fuerte con la sangría
de la corrupción?.
Y por fin se
mete con toda su familia y las relaciones con ella. Por supuesto que
trató, como obliga a cualquier padre que se precie, de acomodar a
sus hijos, que indudablemente serían seres excepcionales por el
ambiente y educación de crianza en los que se desenvolvieron. Sin
embargo, no sé a que viene esa maniobra de distracción en afirmar
obviedades, tales como que Cesar Borja fuese nombrado cardenal,
cuando en aquel tiempo era normal que los ricos y nobles
intercambiaran arcas repletas con ricos tesoros por un obispado o cardenalato para sus hijos no
herederos; sin embargo, el punzante historiador añade como estoque
en la lidia: “ en el que el repugnante nepotismo llegó a su
apogeo...” No
entrando en la calificación de “repugnante” al nepotismo,
afirmar que emplea aviesamente mal el lenguaje. La palabra népota,
del latín nepos, nepotis, significa sobrino, y Alejandro VI no elevó
a ningún cargo a sobrinos, sino a sus hijos. En todo caso el népota
sería su tío Calixto III, pero en ese tiempo, y no hace falta ser
un experto filólogo, los romanos aún no habían italianizado la
palabra nepote, sino que lo hicieron algunos años después,
en el papado de Inocencio VIII(1.484-1.492), Hubiera sido más
elegante y estricto por su parte italianizar filius en figlio e
inventar “figliotismo” para definir los favores del Papa hacia
sus hijos.
Sin embargo, a
pesar de todo, hay que reconocerle que en tan breves lineas se pueda
tener tal capacidad de síntesis y la densificación
procaz y calumniosa con la que trata de ilustrarnos,
insultando al raciocinio de aquellos a los que va dirigido el patrañoso
manifiesto. De la observación de algunas biografías
se deduce que lo que no se perdona al Papa Alejandro VI fue
el que tuviera cinco hijos en unión con Vanozza de Catauels. En
este punto hay que decir que, los historiadores también manipulan,
o al menos no tratan la realidad histórica con justeza. Rodrigo de
Borja fue promovido y aceptado por varios papas, e incluso en el cónclave
que le otorgaron la mitra papal fue elegido por unanimidad, con la
anuencia de toda la Iglesia, conocedores del mínimo detalle de todo
su pasado. Por lo tanto, no se le puede reclamar sino a la Iglesia
el que el setabense Rodrigo de Borja fuera erigido Papa con el
nombre de Alejandro VI. Si la elección
recayó sobre él fue, aparte de la valoración de sus méritos
junto con su excepcional y contrastada personalidad e inteligencia,
por motivos que hoy intuimos
a traves de la história o desconocemos y que se razonaron en el cónclave.
Cónclave es la
elección del dirigente del Catolicismo, y por tanto los distintos
candidatos al papado exponen pormenorizada su política de Estado y
tras un celoso, así como secreto y alternativo, debate se bota al
papable teniendo que ser electo por unanimidad. De la futura política
Vaticana que propuso el Papa Alejandro VI en el cónclave, solo son
los hechos históricos que acaecieron los que pueden dar luz a una
buena parte de las causas por las que fue elegido. Sin embargo hay
constancia, aparte de la influencia que mantenía con los Reyes Católicos
o con los usureros y prestamistas judios de Játiba y Valencia, base
política y financiera del descubrimiento de las Grandes Indias, de
que el Cardenal Borja era conocedor de que la tierra era redonda y
no plana como era la creencia general, pues en unos legajos
documentales que se conservan en los archivos Vaticanos, hacen
referencia a que en el sobrecogedor Libro de la Apocalipsis está
escrito “...sobre la redondez de la tierra”, elemento
sustancialmente básico para avalar ayudando a
emprender la aventura del descubrimiento de Colonia (América).
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