La gota fría o la prisa en cumplir una orden

 

Y es que tienen un morro que se lo pisan. Es increíble poder leer y escuchar algunas declaraciones relacionadas con la suspensión de las clases en los colegios los pasados días 24 y 25 de octubre, con motivo de la «gota fría», a cargo de las federaciones de enseñanza de los diferentes sindicatos.

Se quejan amargamente de la tardanza de la Consellería de Educación en decretar la suspensión de las clases, sabiendo como sabían que existía una gota fría anunciada, predecida y comenzada. Por eso y sólo por eso, ya debía Consellería haber anunciado la supresión, aunque el miércoles día 25 saliese un sol que rompía las piedras. Pero eso es lo de menos. Lo importante era disfrutar de un día de permiso, que como no hay muchos, no era cuestión de desperdiciar la ocasión.

O sea, que la gota fría implica necesariamente según las federaciones de enseñanza, la supresión de las clases, aunque ya puestos en faena, podían exigir la supresión de la sanidad, los servicios, los mercados y todo aquello que permanece abierto con cierto riesgo y peligro, ya la gota fría aparece para todos y todos deben cumplir las «precauciones».

La irresponsabilidad en algunos casos fue de algunos centros que mandaron a los niños a casa sin preocuparse lo más mínimo si allí habría alguien esperándoles. La cuestión era cumplir la orden a rajatabla, una orden absurda en el mismo momento en que se generaliza, ya que no existía el mismo riesgo en Sagunto que en Tabernes o en Catarroja y Xàtiva.

Suponer un riesgo en los colegios por el simple hecho de que haya niños es una frivolidad muy peligrosa, y ya  podrían las federaciones prestar más atención y tener la misma responsabilidad y prisa en otros problemas generalizados como la falta de profesorado o la calidad en la enseñanza. Se dieron una inusitada prisa en anunciar la supresión de las clases el martes 24 por la tarde y cuando recibieron la nueva orden, llamar por teléfono a alumnos para que hiciesen correr la voz que el miércoles 25 tampoco habría, aunque ese día luciese un sol de otoño maravilloso. Eso ya no importaba. La orden era lo que mandaba. Y punto.

Es justo decir que el peligro existía en cuanto al transporte público, inundaciones en algunos centros y cuestiones parecidas, pero generalizar un problema supone un absurdo precedente. ¿Porqué no se quejan los sindicatos de que algunos polígonos industriales quedaron inundados con trabajadores dentro de las fábricas?. No vale la excusa de los niños, por cuanto muchos centros de enseñanza, repito, muchos centros de enseñanza, tienen unas formidables condiciones de habitabilidad, y si no existe, por lo menos que se anuncie la vuelta a clase en caso de mejora del tiempo. Pero eso no debe hacerse, que un día de fiesta es un día y lo mejor es optar por el silencio.

Emilio Plá Gallego

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