Mariquita Pérez y el Patinete: repetir la historia

 

Recordar el pasado es, en ocasiones, vivir el presente sin querer renunciar a la propia identidad de los individuos, cuya historia ha quedado escrita por diferentes motivos en cuestiones que pueden ser importante o vanales, pero que marcaron el tiempo que nos tocó vivir.

La España de la postguerra -tal y como publicaba este revista el mes anterior- tuvo un juguete de excepción. Una muñeca que marcó la época, que fue la verdadera protagonista de unos juegos, donde existían vencedores y vencidos, donde existían dos bandos bien diferenciados: los ricos y los pobres. Los de la cartilla de racionamiento y los que acudían a la escuela con bocadillos de salchicha casera.

Mariquita Pérez murió el mismo día en que dejó de interesar como protagonista de juegos infantiles, para dejar paso a una nueva moda, a un nuevo concepto de muñecas, más americanizadas, más estilizadas, más modernas, sin michelines ni caritas que daban miedo. La cultura anglosajona marcó su paso rotundo sin dejar tiempo a la pauta, y Mariquita Pérez envejeció de repente, y su muerte fue letal por congelación. Pero fue tan inteligente que se guardó en la manga el poder de la resurrección. Su historia había sido demasiado intensa como para decir adiós sin conocer nuevas generaciones de niños y niñas, amantes del videojuego, de internet, y de los móviles, pero que no han olvidado que un juguete es la fuente de cualquier fantasía oculta.

Mariquita Pérez ocupa de nuevo un lugar, posiblemente distinto al que tuvo en su momento, y sus competidores cotizan ahora en la bolsa, sin cartillas de racionamiento.

En su momento fue también la estrella de la calle, el peligro en forma de velocidad que se llamó patinete. Creado a partir de cuatro rodamientos y una tabla de madera, sirvió para suplantar las motos y las bicicletas que estaban al alcance de unos pocos. Las empinadas rampas de la ciudad fueron la jungla donde los patinetes compitieron por ser los primeros en las manos de sus dueños, unos dueños que marcaban el ritmo de la calle y del grupo; los enfrentamientos entre las pandillas rivales; el honor de ser los primeros; los amos del barrio.

Y el patinete murió aquel mismo día que la bicicleta dejó de ser un objeto de lujo, y aunque sin frenos, era posible conseguirla con menos esfuerzo del esperado, pero al igual que su colega, dejó el espacio justo para la resurrección, sabedor que los ciclos vitales se repiten, y cuando el aburrimiento de una sociedad cansada y sin iniciativas, les diese la oportunidad, sería el momento de volver.

Mariquita Pérez y el Patinete se juntan de las manos justo cuando comienza un nuevo siglo marcado por los avances tecnológicos más espectaculares. Cuando la ciencia y la medicina han alcanzado límites que hace apenas cuatro décadas eran impensables y cuando el futuro promete nuevas sensaciones que nadie es capaz de predecir ni en forma de teléfono celular.

La historia se repite y siempre quedará tiempo para los trenes del recuerdo, los aviones de latón, los indios y vaqueros de plástico...el sabor de una calle que afortunadamente vuelve a ser recuperada con un patinete que la inunda o una Mariquita Pérez vistiéndose junto a su dueña en el rincón de una esquina.

La historia lucha contra el inmovilismo del ordenador, y el «chatear» con alguien al que jamás has visto, pero que el anonimato otorga una triste confianza.

Ahí es donde los ciclos vitales se rebelan con toda su intensidad y permiten la resurrección de los recuerdos más entrañables.

Pilar Climent

LA CIUTAT de Xàtiva
Director: Vicent Soriano
C/ Forn del Vidre, 1 - 46800 XÀTIVA (Valencia)
Tel. 96 227 26 82 - laciutat@xatired.com
Depósito Legal: V-4512-1997

www.xatired.com - el primer portal de Xàtiva en internet