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La
última vez que Pepe Castells expuso en Xàtiva se remonta al año
1992. Desde entonces ha llovido mucho, se han roto muchos lienzos,
se han gastado infinidad de tubos de pintura, se han inventado
nuevos conceptos y posiblemente maneras de entender el arte, y en el
caso de Castells se ha evolucionado hacia un expresionismo mucho más
cálido, mucho más influyente e incluso agresivo. El color sigue
siendo la fuente de donde bebe, y eso podrá comprobarse en la
exposición que podrá verse del 6 al 18 de febrero en la Casa de la
Cultura.
Desde
aquel año 1992 en que Pepe Castells exponía por última vez
en Xàtiva, el artista setabense ha presentado su obra en diferentes
exposiciones llevadas a cabo en Carcaixent, Ontinyent, Gandia... y
ha venido participando en encuentros anuales como el de Albarracin,
Bocairent, etc. sin olvidar las apariciones puntuales en
exposiciones colectivas como la de L´aire Lliure (grupo al que
pertenece), o las dedicadas a la Xàtiva de Jaume I o los Borja.
Pero
Castells tenía ganas devolver a colgar en su solitario en su
ciudad y presentar unas creaciones que huyen en parte de los lugares
urbanos y se recrean mucho más en el paisaje puntual de un detalle
insignificante, donde predomina el color por encima de cualquier
otra consideración.
En
todo este tiempo Pepe Castells ha evolucionado, como decíamos
antes, hacia un concepto mucho más agresivo del detalle, donde la
mancha colorista se conjuga con la soltura de unos trazos creados
con mayor seguridad que hace algunos años, y con la experiencia que
otorga el saber hacia donde se quiere avanzar; donde está el camino
de la superación y cual es el estilo que se persigue. Sólo así es
posible conseguir los objetivos, y en el caso de Pepe Castells
ha querido siempre hacer del paisaje su fuente de inspiración y
sobre todo, -y ahí podría estar la explicación a sus avances- a
disfrutar pintando.
Pepe
Castells ha reconocido, -y
no le duelen prendas de seguir haciéndolo- que el «maestro»
Leña es el ejemplo a seguir, es la verdadera perfección a
la hora de conseguir unos resultados realmente espectaculares, y Castells
sigue bebiendo de la experiencia de Roberto Martínez «Leña»
para ir labrando su propia experiencia, para ir labrando una teoría
propia en la creación, y para que en estos momentos el estilo de Castells
sea ya un estilo reconocido, donde no hace falta acudir a la firma
para saber quien ha elaborado el cuadro con esa personalidad tan
acusada.
Pepe
Castells ha recuperado
para esta exposición algunas obras que un buen día quedaron
aparcadas y que en estos momentos han sido ultimadas y reconducidas
hacía lo que el artista pretende dar a sus cuadros: luz y mucho
color. Pero Castells ha huido al mismo tiempo del azul
mediterráneo para adentrarse en los cielos grises y los colores
ocres del paisaje turolense, para demostrar, -y demostrarse- que
todos los colores son bellos si se es capaz de adentrarse en su
propio lenguaje. El cielo de la lluvia no será nunca igual que un
pequeño rincón el Jardín del Beso en primavera, pero ambos
conseguirán tener la misma atracción que la armonía y el
sentimiento ha sido plasmado con la misma intensidad. Es, en
definitiva, la «Llum i Contrasts», título de la exposición y que
define perfectamente el conjunto pictórico que se expone.
En
los paisajes que Castells aporta a esta exposición el dibujo
del detalle o el monumento siempre queda en segundo plano para que
destaque la hoja amarilla, el tallo verde, el pequeño detalle que
por sí sólo sirve como punto de atracción a todo el lienzo. Al
artista le interesa esa conjugación por encima de otras
consideraciones más academicistas, largas y farragosas. La simple
hierba podrá ser protagonista de un primer plano donde en segundo término
se adivine la ciudad de Xàtiva.
Y
además, los detalles no son simple detalles, sino que están
adornados de una imaginación que determina la presencia concreta de
su existencia.
Un
total de 34 cuadros conforman la exposición de Pepe Castells
que seguro significará toda una sorpresa para aquellos que sólo
han visto pequeños indicios de su obra en los últimos años. El
pintar por el simple placer de pintar se adivina casi al instante, y
ello supone que los resultados sean una amplia variedad de matices,
de fuerzas encontradas, y de dignificación de los trabajos, que
comienzan a la luz de los paisajes y los rincones más olvidados y
terminan en el acogedor estudio de la Plaza de Sant Joan.
En la calle
nacen y allí crecen.
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