El poble està calmat no s´ha posat nervios

 

Buena la ha armado la ministra Celia Villalobos con aquello del caldo de cerdo en sustitución de la ternera, y buena le han contestado los que regalaban caldo de tan  sospechoso animal en los últimos meses.

La postura de la ministra es la de la metedura de pata que nunca hace un político. ¿Quien en capaz ni de insinuar que en los Valcanes el uranio empobrecido ha provocado cáncer en los soldados?. Nadie. Y por muy evidente que sea la situación, siempre existirá la tan manida frase de: «nada tiene que ver la causa con el efecto».

Lo de la ministra ha sido una respuesta a lo que piensa la calle, por mucho que se empeñen los honrados ganaderos de este país que alimentan correctamente sus vacunos, pero que no han podido escapar de un escándalo que todo el mundo se empeña en negar, pero que existe. Y por cuatro ganaderos legales, habrá uno ilegal que montará el cirio de la vaca loca y ya la tenemos armada.

¿Y saben ustedes por que se llega a esta situación?. Por el simple hecho de que la gente ya no se cree nada cuando suena la cantinela aquella de: «todo está bajo control. Podemos asegurar que no existe ningún riesgo para la salud pública». Justamente cuando se termina de decir esa frase deja la gente de comprar ternera.

Sería mucho más positivo manifestar, «evidentemente hay un riesgo pero no es generalizado. Compre usted la carne a su carnicero de confianza que le asesorará correctamente y no correrá ningún peligro su salud». Ese simple razonamiento sería mucho más efectivo que las palabras del político de turno intentando tranquilizar a una población que cruza los dedos cuando le dicen: «tranquilo que estás en buenas manos».

Ocurre como en la legionella de Alcoi, que mientras hubo cuatro casos no era epidemia, -por aquello de las estadísticas- y cuando hubo cinco el contagio ya era masivo. Pero para llegar a ese número hubo de certificar un montón de muertes «por parada cardíaca», como si hubiese alguna muerte que no fuese a consecuencia de una parada.

Negar las evidencias únicamente conducen a situaciones donde la incredulidad de la gente es cada vez más.

Es correcto que las asociaciones de ganaderos reclamen una indemnización millonaria a la ministra por haber creado una alarma, pero que la extiendan también a los que negaron la enfermedad, y de paso sacan más dinero.

Entre vacas locas, enfermedad de los valcanes, legionellas que aparecen y desaparecen, siempre estará aquel que intentará poner una calma que no existe. Que como bien cantaba Ovidi Montllor, «el poble està calmat, no s´ha posat nerviós».

Luis M. Miñana

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