En 1759 llegaron a funcionar més de 44 fábricas de sedería y se cultivaron casi 6000 capullos

La seda en Xàtiva fue un pilar fundamental en la economía de los siglos XVI y XVII

 

De que Xàtiva fue la cuna del papel en Europa es una realidad demostrable y demostrada. Que la calidad de los diferentes papeles que se fabricaban en la ciudad tuvieron fama mundial también es un hecho del que se ha venido haciendo eco, pero sin embargo ha quedado un tanto olvidada la industria textil en Xàtiva y concretamente la fabricación de la seda que tuvo una enorme repercusión en la economía en diferentes épocas de la historia. Si primero se utilizaron el lino y el cáñamo para fabricar telas exquisitas que eran muy estimadas en Roma y Grecia y que fueron consideradas de las mejores del mundo, la seda no le quedó a la zaga. Esta es su pequeña historia.

Escribía Carlos Sarthou que el origen de la seda en Xàtiva era milenario. La ciudad mora ya cosechaba, torcía, tintaba y tejía la seda, fabricando bellos tapices y finas telas.

Si de China llegó el invento del papel, también de China llegó aquí el gusano de seda. Allí se criaba de forma salvaje en los árboles, pero aquí era cuidado con mimo en los cañizos de las barracas y alquerías y alimentado por las moreras. Cuentan que fue una princesa china la inventora de tejer en telas la seda del capullo antes de que el gusano lo perforara para metamorfosearse de mariposa. Cabe señalar que en la antigüedad el coste de la seda era el mismo que el valor del oro.

En la época foral los artesanos de Xàtiva tejían rasos, damascos y terciopelos que se cotizaban a los más altos precios. Después de la destrucción e incendio de Xàtiva a manos de las tropas borbónicas de Felipe V, resurgió de nuevo el arte de la seda y la cosecha del capullo llegó a ser enorme. Todavía puede verse en algunas zonas y fincas privadas gran cantidad de moreras, de cuyas hojas se alimentaban los gusanos en los cañizos de las alquerías.

Ante tan gran cantidad de cosecha y dado que los ciudadanos de Xàtiva se veían agobiados de tributos, lo que llevó a una pobreza casi generalizadas,  principalmente desde 1715 al 1718, los tejedores de seda de otras ciudades veían a Xàtiva  para comprar la seda a precios irrisorios. Para evitar esta situación el Ayuntamiento prohibió venderla a menor precio que el de tasa, oficialmente estipulada en cada año previo informe del que corría en otras ciudades. La venta hecha a menor precio que el de la tasa se castigaba con una multa y el decomiso del genero mal vendido. En la lonja de la Seda, que es en la actualidad el Museo Municipal, se concertaban las transacciones, previa estadística ordenada por el corregidor.

Los tejedores de Xàtiva elaboraban cintas, felpas, damascos y brocateles, así como unos riquísimos tisús que enseñaron a tejer los árabes en el siglo XII.

Según una estadística fechada en 1759, había en Xàtiva más de 60 telares de sedería, aparte de 158 para tejer lino y 225 para lana. Llegaron a funcionar en la ciudad 44 fábricas de sedería con numerosos telares.

 200 KILOS DE HORAS DE MORERA PARA 5.500 KILOS DE CAPULLOS DE SEDA

Para el mantenimiento del gusano de seda habían 17 hectáreas de terreno plantadas de moreras, aparte de millares de árboles diseminados por el término municipal que producían más de 200.000 kilos de hoja tierna. En total se llegaron a contabilizar en esa época unos 5.500 kilos de capullos de seda. Era tal la industria creada en torno a la seda que Fernando VI ordenó unas Reales Ordenanzas para su distribución, creación y venta, y que fueron entregadas al Colegio de Torcedores de Seda de San Felipe (Xàtiva).

En el siglo XVIII, según Carlos Sarthou, seguían tejiéndose en Xàtiva los ricos tapices de seda, tisús y damascos, para sillerías y cortinajes al estilo árabe del siglo XII, y el Consejo Municipal y la Iglesia, la nobleza y los gremios de muchas ciudades se surtían de las lujosas sederías de Xàtiva, que incluso exportaban sus productos al extranjero, como anteriormente se hacía con el lino en tiempos romanos.

Los gremios relacionados con el negocio de la seda: torcedores, tintoreros, cinteros, terciopeleros, etc. lucían sus prominencias en los desfiles procesionales y festividades oficiales. Tan abundante era la cantidad de gusano de seda muerto que era arrojado a la calle, por no saber que  hacer con él, que hubo una prohibición expresa de parte del gobernador de la ciudad para no poner en peligro la salud pública.

Tal cantidad de seda fabricada al año necesitaba ser exportada, pero sólo se permitían los tejidos ya elaborados y no la materia prima. Ante esta disyuntiva los gremios de Xàtiva acudieron al rey para explicarle los graves perjuicios que padecía la ciudad por no poder sacar a otros pueblos y ciudades la cosecha de seda. Fernando VI instó entonces a la Real Junta de Comercio y Moneda de Madrid a que levantase la prohibición, y de este modo llegaba a Xàtiva una compañía de Toledo que adquirió mucha seda y concertó transacciones con fábricas de tejido de Sevilla, Toledo y Extremadura entre otras.

El paso de los años fue provocando una paulativa entrada de seda artificial, denominada sedalina, y aunque la crianza del gusano se mantuvo incluso hasta después de la postguerra en Xàtiva, lo bien cierto es que las épocas de esplendor de la fabricación de seda ya habían muerto y la existencia de esta industria quedaba sólo para la historia, una historia que debe recordar que Xàtiva fue considerada de las mejores fabricantes de tejido de Europa.

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