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De
que Xàtiva fue la cuna del papel en Europa es una realidad
demostrable y demostrada. Que la calidad de los diferentes papeles
que se fabricaban en la ciudad tuvieron fama mundial también es un
hecho del que se ha venido haciendo eco, pero sin embargo ha quedado
un tanto olvidada la industria textil en Xàtiva y concretamente la
fabricación de la seda que tuvo una enorme repercusión en la
economía en diferentes épocas de la historia. Si primero se
utilizaron el lino y el cáñamo para fabricar telas exquisitas que
eran muy estimadas en Roma y Grecia y que fueron consideradas de las
mejores del mundo, la seda no le quedó a la zaga. Esta es su pequeña
historia.
Escribía
Carlos Sarthou que el origen de la seda en Xàtiva era milenario. La
ciudad mora ya cosechaba, torcía, tintaba y tejía la seda,
fabricando bellos tapices y finas telas.
Si
de China llegó el invento del papel, también de China llegó aquí
el gusano de seda. Allí se criaba de forma salvaje en los árboles,
pero aquí era cuidado con mimo en los cañizos de las barracas y
alquerías y alimentado por las moreras. Cuentan que fue una
princesa china la inventora de tejer en telas la seda del capullo
antes de que el gusano lo perforara para metamorfosearse de
mariposa. Cabe señalar que en la antigüedad el coste de la seda
era el mismo que el valor del oro.
En
la época foral los artesanos de Xàtiva tejían rasos, damascos y
terciopelos que se cotizaban a los más altos precios. Después de
la destrucción e incendio de Xàtiva a manos de las tropas borbónicas
de Felipe V, resurgió de nuevo el arte de la seda y la cosecha del
capullo llegó a ser enorme. Todavía puede verse en algunas zonas y
fincas privadas gran cantidad de moreras, de cuyas hojas se
alimentaban los gusanos en los cañizos de las alquerías.
Ante
tan gran cantidad de cosecha y dado que los ciudadanos de Xàtiva se
veían agobiados de tributos, lo que llevó a una pobreza casi
generalizadas, principalmente
desde 1715 al 1718, los tejedores de seda de otras ciudades veían a
Xàtiva para comprar la
seda a precios irrisorios. Para evitar esta situación el
Ayuntamiento prohibió venderla a menor precio que el de tasa,
oficialmente estipulada en cada año previo informe del que corría
en otras ciudades. La venta hecha a menor precio que el de la tasa
se castigaba con una multa y el decomiso del genero mal vendido. En
la lonja de la Seda, que es en la actualidad el Museo Municipal, se
concertaban las transacciones, previa estadística ordenada por el
corregidor.
Los
tejedores de Xàtiva elaboraban cintas, felpas, damascos y
brocateles, así como unos riquísimos tisús que enseñaron a tejer
los árabes en el siglo XII.
Según
una estadística fechada en 1759, había en Xàtiva más de 60
telares de sedería, aparte de 158 para tejer lino y 225 para lana.
Llegaron a funcionar en la ciudad 44 fábricas de sedería con
numerosos telares.
200 KILOS DE HORAS DE MORERA PARA 5.500 KILOS DE CAPULLOS DE
SEDA
Para
el mantenimiento del gusano de seda habían 17 hectáreas de terreno
plantadas de moreras, aparte de millares de árboles diseminados por
el término municipal que producían más de 200.000 kilos de hoja
tierna. En total se llegaron a contabilizar en esa época unos 5.500
kilos de capullos de seda. Era tal la industria creada en torno a la
seda que Fernando VI ordenó unas Reales Ordenanzas para su
distribución, creación y venta, y que fueron entregadas al Colegio
de Torcedores de Seda de San Felipe (Xàtiva).
En
el siglo XVIII, según Carlos Sarthou, seguían tejiéndose en Xàtiva
los ricos tapices de seda, tisús y damascos, para sillerías y
cortinajes al estilo árabe del siglo XII, y el Consejo Municipal y
la Iglesia, la nobleza y los gremios de muchas ciudades se surtían
de las lujosas sederías de Xàtiva, que incluso exportaban sus
productos al extranjero, como anteriormente se hacía con el lino en
tiempos romanos.
Los
gremios relacionados con el negocio de la seda: torcedores,
tintoreros, cinteros, terciopeleros, etc. lucían sus prominencias
en los desfiles procesionales y festividades oficiales. Tan
abundante era la cantidad de gusano de seda muerto que era arrojado
a la calle, por no saber que hacer
con él, que hubo una prohibición expresa de parte del gobernador
de la ciudad para no poner en peligro la salud pública.
Tal
cantidad de seda fabricada al año necesitaba ser exportada, pero sólo
se permitían los tejidos ya elaborados y no la materia prima. Ante
esta disyuntiva los gremios de Xàtiva acudieron al rey para
explicarle los graves perjuicios que padecía la ciudad por no poder
sacar a otros pueblos y ciudades la cosecha de seda. Fernando VI
instó entonces a la Real Junta de Comercio y Moneda de Madrid a que
levantase la prohibición, y de este modo llegaba a Xàtiva una
compañía de Toledo que adquirió mucha seda y concertó
transacciones con fábricas de tejido de Sevilla, Toledo y
Extremadura entre otras.
El
paso de los años fue provocando una paulativa entrada de seda
artificial, denominada sedalina, y aunque la crianza del gusano se
mantuvo incluso hasta después de la postguerra en Xàtiva, lo bien
cierto es que las épocas de esplendor de la fabricación de seda ya
habían muerto y la existencia de esta industria quedaba sólo para
la historia, una historia que debe recordar que Xàtiva fue
considerada de las mejores fabricantes de tejido de Europa.
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