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Está
donde estuvo siempre. Ni un sólo cambio, ni una sola ampliación,
pero con una fiel clientela que desde la década de los años 50
acude regularmente a la carnicería de carne de caballo situada en
la calle de la Peixcatería (ahora entrada al mercado municipal),
buscando las excelencia de esta carne que para algunos resulta
rechazable simplemente por aprensión al animal, pero que es muy
rica en proteínas y hierro. José Guillem rige la carnicería desde
1973 y trabaja en ella desde 1957. Justamente hace 44 años.
En
1957 Manuel Espinosa Muñoz regia la carnicería
situada en la calle de la Peixcatería nº 7 y 9, cuando entró a
trabajar en ella José Guillem Losada. En aquellos
tiempos la zona del Mercat era de una continua ebullición
mercantil, y la pequeña carnicería de carne de caballo ocupaba el
lugar que le corresponde a aquellos comercios a los que acudían las
clases más desfavorecidas para adquirir una carne que era mucho más
barata que la ternera, destinada a las clases más altas.
Para
hacerse una idea mucho más gráfica de las comparaciones, el kilo
de la carne de caballo costaba 28 pesetas y la de ternera 57, según
recuerda José Guillem. Y como las clases más
desfavorecidas eran mayoría en aquella época de la posguerra, la
venta de carne de caballo era constante. Desde todos los pueblos de
la comarca de la Costera, la Ribera, la Canal y la Vall d´Albaida
acudían a la carnicería de Xàtiva para abastecerse de esta
materia.
José
Guillem
trabajaba con Manuel Espinosa hasta que en 1973
adquiere el negocio en propiedad. La carne de caballo sigue siendo
muy apreciada entre los clientes de «toda la vida» y
es fácil recordar como los médicos cuando un niño o un adulto se
encontraban enfermos o se decía aquello de «està fluixet»,
se recomendaba comer carne de caballo por sus rocas proteínas y
hierro que provocaban un rápido fortalecimiento del paciente. Se
podía afirmar que era un perfecto reconstituyente.
La
carne de caballo también ha venido modificando su calidad al paso
del tiempo. José Guillem recuerda perfectamente que
en aquellas épocas, «se mataban caballos catalogados como de
ganado mayor, pero por el tiempo se impuso el potro lechal, cuya
carne es mucho más tierna y más rica en proteínas».
La
clientela a la carne de caballo ha sido siempre fiel, pese a que
existen ciertas reticencias en algunos sectores de la sociedad a
comer carne de caballo por pura aprensión, «debe ser por pensar
que es un caballo y porque se está menos acostumbrado a la carne de
este animal, al tiempo que la gente no la ha probado tanto como la
de otros animales, pero cuando se prueba ya no se deja de comer
nunca. Es una carne extremadamente rica».
Valga
el símil para otros animales. Es posible que se tenga aprensión
por la carne de tortuga, cocodrilo o avestruz, pero sin embargo cada
día están más introducidas en la sociedad actual cuando se
conocen sus propiedades.
José
Guillem
es el único carnicero de carne de Caballo que existe en Xàtiva, «antes
estaba también Juan, en la Plaza de la Bassa, pero desde que
falleció me quede yo sólo como carnicería de caballo».
Los
potros de José Guillem proceden de diferentes parte
de España: Valencia, Albacete, Córdoba, Jaen, Pamplona y el Valle
de Aran, y su crianza siempre es en el campo y su engorde se lleva a
cabo «en las cuadras que Eduardo Serrra posee en Llaurí y
Favara, y siempre son potros lechales los que servimos».
De
hecho, de este animal se aprovecha casi todo como ocurre con otras
especies destinadas al consumo humano: «no tiene ninguna
diferencia con otros animales y se utilizan los huesos para caldos,
se hacen hamburguesas con su carne, se aprovecha el hígado, etc».
Conforme
se ha venido conociendo la existencia y las propiedades de la carne
de caballo, esta ha venido cotizando al alza. Si en la década de
los años 50 un kilo de carne en canal costaba unas 13 pesetas, en
la actualidad alcanza las 600, precios incluso superiores a otras
carnes de mucha más aceptación en la sociedad...hasta hace poco.
LA
CRISIS DE LAS VACAS LOCAS
La
crisis de las vacas locas ha disparado la venta de carne de caballo.
Barajando cifras, es posible que estemos hablando del doble de venta
que hace unos meses. El desabastecimiento de carne de ternera en las
carnicerías ha provocado que el consumidor opte por otras
alternativas y entre estas se encuentra el caballo. José
Guillem reconoce que ha aumentado considerablemente su
clientela y que ahora acude gente que jamás vio en su
establecimiento, pero ha mantenido los precios, y manifiesta que no
le gusta nada el asunto de las vacas locas «me gusta más
trabajar a la marcha de siempre que no que me desborden los pedidos.
No es bueno para nadie que se haya desatado esa crisis en las
terneras, aunque ahora se este reconociendo el gran valor
alimenticio de los potros lechales».
En
estos momentos José Guillem sacrifica una media de
dos potros por semana lo que supone unos 500 o 600 kilos de carne, «recuerdo
que en otras épocas la gente no quería ser carnicero de caballos
porque les daba cierto asco descarnar estos animales, pero ahora
todo el mundo querría montar una carnicería de este tipo por haber
descubierto las excelencias de esta carne».
En la calle Peixcatería, en el mismo sitio
de siempre, sin ampliaciones ni cambios, pero con una fiel clientela
que aumenta semana tras semana. |