Somos, definitivamente, racistas

 

No es que la encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) nos haya revelado nada nuevo al decirnos que un 49 por ciento de españoles se confiesa muy o algo racista. Pero es un nuevo aldabonazo en nuestras conciencias cuando, para esta primavera-verano, nuestras autoridades esperan la llegada de al menos un cuarto de millón de inmigrantes clandestinos, según cálculos que, por supuesto, no se harán públicos. Hay muchos datos para la máxima preocupación. Si los españoles podíamos, antes, presumir de no racistas era porque teníamos una inmigración escasa. Ahora se multiplican los problemas, las huelgas de hambre de los ilegales que se resisten a volver a sus países se tornan en problema incluso para la seguridad ciudadana y no faltan participantes en tertulias radiofónicas que se declaren contrarios a la apertura a la inmigración porque los foráneos hacen ruido por las noches en sus reuniones y fiestas. Ha habido, y hay, escasa previsión en el Gobierno. Y en todos los partidos de la oposición. Y en el colectivo nacional. Ha habido, y hay, egoísmo en las contrataciones clandestinas. Ha habido, y sigue habiendo, miopía en toda Europa a la hora de abordar el que será el problema del siglo XXI, el que acabará con el nuevo imperio romano en el que se convertido la ‘fortaleza europea’. Tiene razón el CIS, y no será con un ‘plan Greco’, que ni siquiera está dotado presupuestariamente, como acabemos con ese incipiente sentimiento de racismo que se detecta en las encuestas.

No será con viajes a Ecuador, ni convirtiendo al Estado español en una agencia de viajes que oferta billetes de ida (pero no de vuelta) a los que nos llegan, como solucionemos un conflicto que afecta a nuestros bolsillos, sí, pero mucho más a nuestras conciencias. Lástima, lástima, que decir que la recién entrada en vigor Ley de Extranjería no podrá nunca aplicarse en su totalidad sea considerado como «hacer el juego a la oposición». O que defender la necesidad de una norma reguladora del actual y caótico estado de cosas se califique desde ámbitos socialistas y de Izquierda Unida como «hacer el caldo gordo al Gobierno». Así no vamos por buen camino en un tema cuyo alcance es infinitamente superior a esas «cositas» que agobian a la clase política, como las vacas locas, el síndrome de los Balcanes, el Tireless o el varapalo de la Audiencia Nacional al Ejecutivo a cuenta de los salarios de los funcionarios. ?Será posible tanta miopía?

FERNANDO J.

LA CIUTAT de Xàtiva
Director: Vicent Soriano
C/ Forn del Vidre, 1 - 46800 XÀTIVA (Valencia)
Tel. 96 227 26 82 - laciutat@xatired.com
Depósito Legal: V-4512-1997

www.xatired.com - el primer portal de Xàtiva en internet