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Los
orígenes de las fallas, se ha podido leer en algunos lugares,
fueron la necesidad de quemar todas aquellas cosas que molestaban en
el interior de los talleres de los carpinteros, que posteriormente
se ampliaron a los de los ciudadanos particulares y finalmente se
decoraron estas piezas inservibles con carteles y alusiones a las
problemáticas y situaciones vividas día a día en las diferentes
poblaciones donde se plantaban los monumentos. De ahí surgió la crítica
mordaz y divertida, que en algunas épocas fue especialmente ácida.
No es así en la actualidad, excepto algunas excepciones.
Los
orígenes de las fallas en Xàtiva se nos presentan con unas críticas
donde Blai Bellver fue todo un precursor en narrar las problemáticas
ocurridas en la ciudad durante todo el año, y además dejarlas
impresas sobre papel.. Con un lenguaje ácido, directo y sobre todo
divertido, no se dejaba títere con cabeza en aquellos que tenía
cabida en la crítica, que era prácticamente todo: el gobierno, la
iglesia, el sexo... «i una que estava en la sala/en l´alcalde
disputant/anava palpant-li en tant/ les borles de la bengala», «I
a pesar que era de Cotes/i ella de lleis no sabia/de dos en dos les
pilotes/al joc tornar-li solia», «Mos paregué sastresseta/una
xica que solia/posar la mà en la bragueta/dels pantalons que cosia».
Las
críticas trajeron más de un dolor de cabeza a sus autores, hasta
el punto de llegar a prohibir algunos monumentos, que sin embargo
siempre conseguían ser conocidos por la población. Las criticas
preferidas de los artistas falleros eran los relacionados con
comentarios más o menos veraces de lo que había ocurrido en la
población durante todo el año. La plantà del monumento era el
momento oportuno para sacar a relucir los trapos sucios de los
vecinos. El criticado no veía con buenos ojos ser el centro de
atracción y la mofa de los demás, mientras que el que criticaba
era felicitado por aquellos que se mantenían al margen de las polémicas.
El
franquismo no sólo prohibió las criticas al poder y todo lo
relacionado con él sino que prácticamente lo anuló completamente.
Si en algún monumento aparecía algún alusión al régimen, el
responsable se arriesgaba incluso a ser detenido y encarcelado. Pero
los tiempos fueron suavizándose paulativamente y consintiéndose
algunas pequeñas cosas. Las criticas hablaban de los problemas en
los barrios y de las necesidades de la población; los monumentos ya
dejaban ver algunas escenas de desnudos e incluso se puso de
manifiesto algunas actitudes de los políticos de turno, pero la
critica local no era todo lo amplia que podía haber sido.
Con
la llegada de la democracia hubo unos primeros años donde las
fallas se desmadraron en su gran mayoría. El sexo acaparó la gran
mayoría de escenas de los monumentos con grandes alusiones a los
desnudos, los atributos masculinos, los destapes de las famosas y
los escándalos de cama. Los primeros gobiernos del CDS y del PSOE
fueron también objeto de critícas en las fallas, así como de
algunas actuaciones en la política local, pero se pero siguió
careciendo de una critica auténticamente localista, si exceptuamos
algunas pinceladas muy puntuales.
Posiblemente
se fue perdiendo la crítica como objeto de la fiesta y de la propia
cultura del monumento, y al mismo tiempo la proliferación de
artistas no locales provocó que la critica local no fuese todo lo
ácida que se hubiese deseado. Las comisiones, -siempre en su gran
mayoría- no se han preocupado de vigilar el trabajo de confección
del monumento y tampoco han aportado excesivas ideas al artista, por
lo que la universalización de los temas ha sido una constante, y así
la obtención de un óscar por parte de un director; unas elecciones
generales; una enfermedad contagiosa, o temas semejantes, se han
podido ver y leer en un gran número de fallas.
La
aparición en 1981 de la falla Jaume I trajo consigo una revolución
en el mundo de la crítica local. Hasta ese momento sólo Manolo
Blanco y Antonio Grau eran los artistas locales que incluían
críticas locales en sus momentos. Los miembros de la falla Jaume I
ignoraron la calidad del monumento y volcaron sus esfuerzos en una
critica local despiadada, inteligente y mayoritaria, que les trajo más
de un disgusto pero que abrió las puertas a un nuevo concepto de
entender el mundo fallero.
La
aparición de Paco Roca también sirvió de revulsivo para no
sólo plasmar critica local escrita sino moldeada. La aportación de
Roca a la fiesta fallera fue decisiva, ya que fue capaz de poner en
sus monumentos a toda una serie de personajes perfectamente
identificados de la vida social, cultural, política y deportiva de
la ciudad. Miguel A. Gozalbes Moracho siguió la línea de
Roca, y aunque no tan identificados, si que supo también renovar el
espíritu critico de la falla. Xavier Herrero ha sido el último
de los artistas que ha apostado por la critica local como uno de los
elementos fundamentales del monumento, lo que agradece el público.
Hace
una década el desaparecido semanario Noticia-7 y la absorbida
Antena-3 de Xàtiva llevaron a cabo una iniciativa conjunta para
premiar a la falla que presentase una mejor crítica local.
Comisiones como República Argentina, Juan Ramón Jimenez, Sant
Jordi, Mercat, Sant Feliu o Raval -por citar unas cuantas-, ya habían
entendido anteriormente el mensaje y comenzaron a ser asiduas en
presentar monumentos estrictamente locales. De la mano de artistas
de Xàtiva y de otros a los que se les ha estado indicando que tipo
de monumento se quería, la critica local ha sido una constante en
los últimos años, pero aún así todavía queda mucho
trabajo por hacer si realmente se quiere llegar al público en
general y que la crítica local sea la base donde se sustente el
monumento fallero, pieza indispensable de la fiesta, la tradición y
la cultura.
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