|
María
Menéndez recuerda la vida mercantil de una zona que era sólo un
camino de paso
Su
existencia es centenaria y en su interior se siguen amontonando los
detalles que la han convertido en la decana del comercio en Xàtiva.
Aunque lleva muchos años cerrada al público, sigue siendo un
motivo de atracción para ciudadanos y visitantes, que encuentran en
su cartel de «Precio Fijo» todo un elemento identificador de una
época pasada, donde el comercio tenía otras lecturas muy
diferentes a las actuales. Su dueña, María Menéndez Vilar,
mantiene vivos los recuerdos de un comercio donde vive, donde ha
vivido siempre desde que nació hace ahora 90 años. La tienda y la
vivienda se entremezclan entre sí con signos del pasado. Allí nació
también Bruno Lomas.
María
Menéndez, con 90 años a sus espaldas, abre las puertas de su
tienda cada mañana por el simple hecho de que también son las
puertas de su vivienda. El típico escaparate viejo y centenario,
junto con el cartel de «Precio Fijo» y las dos muñecas, de adorno
hablan de un pasado que ya no existe. María nos abre las puertas y
nos deja entrar en todo un mundo de recuerdos. Allí se conservan
los cajones que contenían las camisas de los caballeros, «desde la
talla 34» -recuerda-, y junto a ellos vitrinas que antes albergaban
ropa de señora, caballero y niño, ahora llenas de libros y viejas
fotografías. El mostrador y una cortina separan la tienda de la
vivienda, pero María nos hace entrar también en su casa donde
todavía se conserva en una habitación la cenefa que se pintó en
la pared el día que tomó la primera comunión.
Allí
nació su sobrino Bruno Lomas «antes las mujeres iban a casa de
las madres para dar a luz y aquí vino mi hermana para dar a luz a
Emilio Baldoví Menéndez (Bruno Lomas). Ahora van a dedicarle una
calle que creo que se merece», cuenta María.
La
tienda y la vivienda la adquirieron sus padres a un sastre que tenía
allí su negocio. Su padre, Antonio Menéndez, muy pronto hizo que
la tienda se convirtiese en un punto de referencia para todos
aquellos que buscaban ropa de calidad que sólo podían encontrar en
Xàtiva. Las telas las adquirían en Barcelona y Valencia y las
ropas las cosían su padre y su madre, «mi madre era una gran
modista. Recuerdo que un día me hizo un vestido que un señor se me
quedó mirando muy fijamente y me preguntó al oído, ¿que?
Christian Dior, ¿verdad?».
Desde
diferentes puntos de la comarca y la provincia venían a Xàtiva
para abastecerse de diferentes elementos, ya que en aquellos
momentos la ciudad era el centro comercial por excelencia, con el
mercado como eje neurálgico de la vida en la ciudad. La actual
calle de las Tiendas era sólo un camino, «que precisamente
se llamaba Carrer del Camí y comenzaba en la Plaça de la Bassa
hasta la Seo, pasando por el mercado. En esta calle sólo estaba
esta tienda y la Posada, ubicada en lo que fue la Papelería Vidal.
Allí habían fuentes en el patio donde estaban las cuadras para los
caballos con agua que manaba continuamente».
A
los 15 años María Menéndez comenzó a ayudar a sus padres en el
negocio y recuerda como la tienda tenía una gran reputación por la
calidad de sus prendas. El letrero de «Precio Fijo» lo puso su
padre para dejar bien claro que allí no valía el regateo, y lo que
se pagaba era justamente lo que valía la prenda: ni más ni menos.
Así lo debió entender la fiel clientela que jamás puso reparos a
tal exigencia comercial.
En
1952 María heredó el negocio y siguió con los mismos conceptos y
planteamientos que le enseñaron sus padres. La tienda vendía
calidad como verdadero reclamo comercial. Pero la ciudad fue
creciendo y llegaron nuevos comercios y nuevas superficies, aunque
la tienda de María Menéndez nunca notó la crisis y se mantuvo en el mercado con su clientela de siempre, con su
decoración de siempre y manteniendo la relación de amistad con el
cliente que nunca abandonaría. Siempre mantuvo la misma filosofía
de venta y los mismos productos que ofrecer, hasta que un día «la
seguridad social me obligó a cerrar a causa de mi edad. El negocio
dejó de existir, pero he querido mantener la tienda como siempre
estuvo».
María
Menéndez, a sus 90 años, y con una vitalidad de hierro sólo nos
exige una cosa: a ella no se le hace ni una foto, «no me gusta ser
protagonista de nada. Nunca lo he sido y a estas alturas menos aún».
Sigue recordando la posada del camino y como en una vivienda
contigua a la suya se escondieron algunos refugiados de guerra con
los mantuvo una gran amistad, «todavía me escriben cartas y nunca
hemos perdido el contacto».
Alguien
escribió de María Menéndez Vidal que era «blanca y peligrosa
como dama irlandesa. No quiere hablar de jubilación y es feliz con
su tienda de ropa suave, blanca, celeste y rosa, y sigue sin
importarle la ausencia del apellido en el cartel».
Perfecta
definición para todo un personaje entrañable.
|