La cuarta generación regenta actualmente este típico bar setabense

Casa Chulla: desde 1885 «cacau i tramús, fabes bollides i porronet de cervesa»

 

Es imposible que exista un sólo setabense que no conozca Casa Chulla. Ubicado en un lugar estratégico de la ciudad, justo donde termina esta y comienza la carretera de Bixquert, este típico Bar ha sido siempre punto de referencia a la hora de tomar «una fabetes bollides» o un poco de «cacau i tramús» con el «porronet de cervesa». Hubo épocas donde Casa Chulla tuvo momentos de verdadero esplendor e incluso los más jovenes han frecuentado este bar en sus meriendas domingueras. La parada obligatoria antes de subir a Bixquert era precisa para comprar la bebida y el hielo. Su ebullición en épocas pascueras todavía se mantiene. La cuarta generación de los “Chulla” regenta ahora el bar. Todo un símbolo que ya lleva abierto 106 años. Fue fundado en 1885 por Elvira Tomás.

                En 1885 Elvira Tomás Gandia debió pensar que la esquina la última esquina de Xàtiva, junto a la fuente de los 25 caños era un lugar ideal para abrir una pequeña taberna. Su estratégico emplazamiento en la calle de San Pasqual, camino obligado de paso para subir a las casas de campo de Bixquert, bien en burro o bien andando, podía suponer una parada para todos aquellos que transitaban la zona.

Dicho y hecho. Elvira Tomás abría el bar y lo bautizaban como «Chulla», apodo por el que era conocido el segundo marido de Elvira: el tío Chulla. Elvira fue siempre la dueña de un bar que años después se especializó en los productos típicos de la zona: las habas, el cacao, y el buen vino a granel. En aquel año de 1885, no fue precisamente un año bien recordado: más de 30.000 valenciano morían a causa del colera, y el cierre de las exportaciones provocaba que existiese hambre entre la población. Más de 200 personas morían ese año en Xàtiva a causa de la enfermedad.

También en ese año de 1885 moría el rey Alfonso XII y la Virgen de los Desamparados era nombrada patrona de Valencia.

Es de suponer que en la primera época «Casa Chulla» no era un negocio propiamente dicho, sino un lugar de encuentro entre los labradores y ganaderos existentes en la ciudad que antes del trabajo, durante las horas de ocio, y después de la jornada laboral, se reunían junto a una mesa para hablar y hablar durante horas. Ni radio ni televisión: tertulias para matar el tiempo. Vieron pasar dos guerras mundiales y una civil, pero «Casa Chulla», vivienda familiar arriba, y taberna abajo, se mantuvo siempre fiel a los principios que la habían creado: ser lugar de encuentro entre las gentes del campo.

A Elvira Tomás Gandía la sustituyó en su día su hija María Solá Tomás, como mandaban los cánones y el negocio se traspasaba de padres a hijos. Ya María Solá introdujo las famosas «faves bollides» entre las ofertas de «Casa Chulla», y estas estaban acompañadas de un buen vino tinto del terreno y el «cacau i tramús». Era más que suficiente para pasar una buena tarde de invierno, junto a la estufa, el ambiente cargado provocado por los cigarrillos «Ideales», los «Caliqueños» de la Canal de Navarrés, y una acalorada discusión sobre la subida del precio del trigo o las aventuras amorosas de «doña tal» que «viu en el carrer de Sant Josep».

Y María Solá Tomás legó «Casa Chulla» a la tercera de las mujeres que la regentarían: su hija María Vicedo Solá. La señora María consolidó «Casa Chulla» como el lugar idóneo para comer «faves», «cacau i tramús», vino y cerveza, y que las tertulias continuasen siendo el punto fuerte de este lugar. Junto a un buen plato de «faves» se podía estar hablando horas y horas. Además, hay que tener en cuenta que las fábricas no existían, y prácticamente toda la mano de obra era para el campo y esta no era fija. De este modo los jornaleros iban de buena mañana a «Casa Chulla» con el «saquet de la berena», y mientras se hacían el carajillo de anís o la «casalla» a secas, esperaban que algún patrono acudiese a contratarles para ese día. Y cuando terminaban el día en el campo de vueltas a «Casa Chulla» para que la señora María les sirviese el plato de «faves bollides» antes de llegar a casa para la cena.

En los años setenta «Casa Chulla» fue todo un fenómeno social de masas. Gran parte de la juventud setabense descubrió que «les faves bollides, cacau, tramús i vi» existían también para ellos, y de esta forma, barata y sencilla, era posible pasar una buena tarde de invierno en un ambiente cálido en un típico bar de la ciudad. Así era frecuente ver las mesas abarrotadas de gente. También la masificación de Bixquert hizo de «Casa Chulla» un lugar obligado de parada para comprar la bebida fresca y la «picaeta» del domingo, cuando las neveras brillaban por su ausencia en las casas de veraneo. De igual modo las colas eran enormes durante la época de pascua para adquirir las bebidas, que se llevaban para comer en el campo.

La aparición de grandes superficies comerciales hizo decaer el parte el negocio, pero «Casa Chulla» supo mantenerse fiel a sus principios de bar de encuentros y sin grandes pretensiones, solo las de mantener las especialidades que lo han hecho famoso a largo de estos más de cien años de vida. Cuando algunos grupos de amigos, fieles clientes de «Casa Chulla», se reunían allí para almorzar como cada domingo por la mañana, y a alguno de ellos se le ocurría pedir un bocadillo, la reacción de la señora María era inmediata: «si home, bocadillo i tot...».  Pero al final se le hacía el bocadillo, como prueba de complicidad entre la dueña y los clientes de siempre.

Ahora María Vicedo Solá sigue al pie del cañón en «Casa Chulla», aunque el negocio lo regenta ya su hijo Enrique Vila Vicedo, quien junto a su mujer, pretenden seguir potenciando este típico bar, con los productos de siempre y la atención de siempre. Las mesas de hierro y mármol muestran la riqueza histórica de este establecimiento donde Enrique y su mujer ponen todo su esfuerzo en mantener.

Y como los años no pasan en balde, «Casa Chulla» sigue con toda su memoria histórica de cuatro generaciones, pero no ha querido quedarse atrás y han creado hasta su propia página «web» donde muestran sus excelencias.

«Faves bollides, cacau i tramús, cervesa i bon ví» y como complemento al «bon día tingau tots», también ahora hay que teclear: « www.xatired.com/chulla ».

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