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En
el refranero popular encontramos un doble rasero que mide y
determina el papel que la belleza, la búsqueda de un ideal
imposible, va a desempeñar en la vida de las mujeres y de los
hombres. Desde muy pequeñas se nos advierte que «para presumir,
hay que sufrir», lo cual se traduce en algunas enfermedades fatídicas
que tempranamente destruyen a las jóvenes. A medida que nos hacemos
mayores, y nuestros cuerpos van adquiriendo las formas propias de la
madurez, nos queda la posibilidad de aplicarnos diferentes torturas,
a fin de conseguir que nuestros cuerpos se alejen lo menos posible
del ideal de belleza escuálida e irreal que nos ofrecen los medios
de comunicación y las tiendas de moda. Para ello podemos someternos
a liftings, dietas, operaciones varias y gimnasias, con tal de
paliar los disgustos que nos da la báscula y la talla imposible o
el pavor al verano con la celulitis al aire libre; sin olvidar que
siempre nos queda la alternativa de dejarnos el pellejo y el sueldo
en cremas, depilaciones, peluquerías, tintes, maquillajes y rayos
varios. En definitiva, hacer con nuestros cuerpos y nuestro dinero
el caldo gordo a una industria cosmética y quirúrgica que engrosa
su capital gracias a los complejos que se consigue desarrollar en
las mujeres, al definir como feo o como enfermedad algo que es
constitutivo de nuestros cuerpos sanos, convirtiéndolo en fuente de
sufrimiento y de tortura; en objeto de consumo y lucha sin fin. A
los hombres, por otra parte, el refranero les aleja de cualquier
lucha por conseguir la belleza, puesto que la poseen esencialmente:
«el hombre y el oso, cuanto más feo más hermoso». La belleza no
es, en este caso, un imperativo categórico, una necesidad
ineludible, sólo un capricho tolerable para quienes de ellos
deciden aplicarse ungüentos y tintes, una coquetería perdonable.
Es difícil, con este panorama, aceptarse una misma, amar su cuerpo,
sentirse cómoda dentro de él, a medida que éste va adquiriendo
los signos de una edad deseable y saludable; un cuerpo en el que la
grasa se deposita naturalmente más en unas partes que en otras, en
el que las arrugas son la huella de numerosas sonrisas compartidas,
conversaciones mantenidas, reflexiones llevadas a cabo a lo largo de
muchos años; signos, en fin, de la madurez del ser femenino. Es
necesario que definamos nuevos conceptos de belleza que nos liberen
de los tirones, del cabello calcinado, las ropas estrechas e incómodas.
Vivir a gusto en nuestra piel y aceptar la evolución de nuestros
cuerpos a lo largo de los años, cuidarnos para estar sanas y
gustarnos, gustarnos mucho. Romper el modelo enfermizo e irreal que
nos hace desgraciadas, cuando deberíamos sentirnos bellas y sanas.
¿Cómo plantearnos el futuro, pues, en una sociedad empeñada en
situar a las mujeres, al hacerse mayores, en los márgenes?
Cualquier modificación básica deberá partir de las propias
mujeres quienes, a través de una manera diferente de entender las
relaciones, podemos erradicar los profundos estereotipos que constriñen
y limitan nuestras vidas e ir haciendo espacio para la existencia
libre y feliz de las mujeres mayores. La sociedad sostiene muchas
ideas que no nos representan. Seremos nosotras, cuando realmente
consigamos no dar crédito a tales creencias, quienes diseñemos
nuevos espacios. Para ello deberemos tomarnos en serio, mirándonos
unas a otras como modelos de un estar libre en el mundo, dándonos
la palabra, escuchándonos, otorgándonos el máximo valor y
credibilidad, buscando la medida en nosotras y haciendo espacio a
los deseos, siempre pospuestos. Este es, sin duda, algo nuevo e
incierto; sin embargo no deberemos desistir en el empeño por crear
nuevos caminos para el transcurrir de nuestras vidas al hacernos
mayores. Buscar nuevas imágenes con las que definir la belleza a lo
largo del tiempo y llevar a cabo nuestros deseos, pueden ser algunos
de los componentes de una vida saludable y divertida que acompañe a
las mujeres hermosamente maduras y ¡afortunadamente sin regla y sin
reglas!
Anna
Freixas. Universidad de Córdoba.
(Ganadora
del VI Premio de Divulgación Feminista)
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