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El viaje comenzó desde Alicante hacia Oran,
con destino a los campamentos de refugiados saharauis de la Hamada
de Tinduf. La expedición la formaban miembros de la Asociación
Amics del Poble Saharaui, 20 Médicos Sin Fronteras y ATS que tenían
como misión estos dos últimos colectivos el llevar a cabo una
serie de consultas y operaciones con los enfermos de la zona.
En Oran estuvimos siempre vigilados por el
Frente Polisario como medida de seguridad hacia nuestras personas.
Ya de camino hacia Tinduf sufrimos el sofocante calor del día y el
frío intenso de la noches. Posteriormente llegar hasta Meheri
supone recorrer 500 kilómetros por el desierto. Los hicimos Pepe
Richart, Daniel Matoses, Loles Ripoll y quien escribe este
reportaje. El viaje se hizo con un Toyota y acompañados por dos
personas del protocolo del Frente Polisario: el chófer Fadel
Mohamed y el mejor guía que existe en el desierto del sahara:
Tahualy Aali Bhagin. Aunque llevabamos 40 botellas de agua para el
viaje no tuvimos bastante, lo que nos obligó a beber agua de un
oasis, el el mismo lugar donde saciaban la sed los camellos. Es
curioso comprobar como los espejismos existen. El sol abrasador y su
intenso brillo provoca que llegues a divisar lo que parecen grandes
oasis, pero cuando llegas allí con el coche dando tumbos,
compruebas que el oasis no existe.
Llegamos a Bihrielu y Meheri, territorios que
no fueron ocupados por los marroquies y es donde se está
construyendo el hospital de Meheri, gracias al dinero que están
consiguiendo los médicos mediante loterias y ayudas, y la
colaboración de los Ayuntamientos de Requena, de Sagunto y de
Ontinyent, así como de los hospitales de Requena y la Fe de
Valencia. En este hospital han colaborado
las empresas de
Xàtiva Coese en la electricidad; Metálios Gutierrez en el
aluminio, Colchones CR con los colchones donados y Hermanos Cardona
Llopis de Genovés en las obras. El arquitecto es el setabense José
Richart quien ha elaborado todo el proyecto de forma destinteresada,
mientras el aparejador es Federico Nacher de Ontinyent. Este será
el mejor hospital construido en el Sahara.
Mientras tanto la expedición de Médicos y
personal de enfermería trataban a los enfermos en el Hospital de
Esmara
Una vez en Meheri el jefe de la Cuarta Región
Militar nos enseñó el cuartel, y como es norma nos hizo el té de
bienvenida. A la mañana siguiente visitamos el cementerio del
Frente donde un viejo polisario, de nombre Ahmed Embarek sidi Hammad
nos enseñó una tumba asegurando que «aquí estás enterrado un
bravo soldado español legionario que cuando se marchó el ejercito
se quiso quedar a ayudar al Frente Polisario contra el invasor
marroquí. Nadie supo de donde era, pero desde ese momento se quiso
llamar simplemente Bhagin y renunció a su nacionalidad española,
por entender que el estado español había traicionado a los nativos
saharauis. Cuando tengamos nuestro territorio, el legionario tendrá
su monumento, ya que siempre luchó y murió como un bravo guerrero
defendiendo nuestro pueblo».
Visitamos lo que se conoce como el Muro de la
Vergüenza del Sahara, que todavía sigue siendo español, ya que
cuando ese territorio lo vendieron en la época franquista, esa
venta no fue aprobada por las Cortes. Consecuentemente deberían ser
las Cortes democráticas las que devolviesen ese territorio a sus
dueños de origen: los saharauis, ya que el Sahara nunca fue de
marruecos, pero se aprovechó una marcha verde y una España en
transición, para que Hassan II se apoderase con la fuerza de las
armas de un territorio rico en fosfatos y con el mejor bando de
pesca de todo el mundo, que ahora venden sin ser suyo.
EL MURO: UNA VERGÜENZA PARA EL SAHARA
Fue allá por el año 1980 cuando Marruecos,
que había invadido el Sahara, construyó un muro de unos 2.600 kilómetros
que separa la parte ocupada de la libereda. Un tercio de este total
representa una franja interior que son los territorios liberados de
Birlelu, Tifarit y Meheri, que tienen frontera con Argelia y
Mahuritania, y es donde se mueven libremente los saharauis. En este
muro fue donde más batallas se libraron durante la guerra con
Marruecos de 1975 a 1991 cuando se firmó el alto el fuego y se
inició un plan de paz según el cual la ONU garantizaba la
celebración de un Referéndum sobre la autodeterminación del
Sahara occidental votado sólo por los saharahuis. Transcurridos más
de nueve años desde el final de los enfrentamientos, los saharauis
siguen viviendo en los campamentos y la consulta no se ha llevado a
cabo por las dificultades que pone Marruecos y el poco interés de
la ONU.
Sin embargo el Frente Polisario no está
dispuesto a esperar mucho más y no descartan otra guerra si no se
agilizan los trámites del referéndum, «es mejor morir
luchando por la libertad que estar condenados a la esclavitud toda
la vida», manifestaron fuentes del Frente Polisario,
cansados ya de estar lejos de sus tierras.
Ya en Esmara se nos invitó a comer y se mató
la típica cabra que es el ritual cuando alguien les visita y como
no, el típico té, que son tres vasitos. La anfitriona Minetu nos
contó que el ritual árabe consiste en tres vasitos: «la primera
taza es amarga como la vida; la segunda es dulce como el amor y la
tercera es suave como la muerte».
Ellos siguen esperando el referéndum.
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