SU DOMINIO Y MANEJO DE ESTE MATERIAL ES REALMENTE SORPRENDENTE
José Teodoro Escamilla Martínez, el último espartero
COMENZÓ A PRACTICAR ESTE OFICIO COMO AFICIÓN Y COMO MEDIDA TERAPÉUTICA

 

Al final de la Calle Bruns, donde comienza la de Ciurana, puede verse todos los domingos por la mañana una casa abierta de par en par y sentado en una silla a José Teodoro Escamilla, más conocido como el señor Pepe, elaborando una cesta, una capazo o reproduciendo un burro de esparto. El señor Pepe abre las puertas para que las futuras generaciones conozcan de primera mano que es el esparto y como se trabaja, un oficio que desapareció casi totalmente hace años y que dado su carácter artesanal supone un enorme atractivo. El señor Pepe comenzó con esto del esparto por prescripción médica después de haber sufrido una embolia hace pocos años.
José Escamilla recibió de su médico de familia la prescripción de que debía jugar con una pelotita de goma en las manos para facilitar la circulación de la sangre después de haber sufrido la embolia. El señor Pepe pensó entonces que podría hacer algo más efectivo y práctico y le preguntó si no era igual el que trabajase el esparto que obliga a mover continuamente las dedos de las manos. Por parte del médico no hubo ningún problema, y el señor Pepe, jubilado y con mucho tiempo libre, comenzó a trabajar en aquello que había visto desde que era un niño.
José Escamilla nació en Castellar, provincia de Jaén en 1924. Allí los niños nada más salir del colegio ayudaban a las mujeres de los tres o cuatro esparteros del pueblo a trezar el esparto, para después fabricar todo tipo de capazos de uso cotidiano, que era lo único que se utilizaba para transportar las cosas. En un día, recuerda el señor Pepe «se podían hacer 6 capazos que después se vendían a dos reales, lo que era una buena cantidad teniendo en cuenta que un día de trabajo en el campo se pagaba a una peseta. Sin embargo las ventas venían a épocas siendo las mejores durante el tiempo de recogida de las aceitunas, ya que se vendían capazos de grandes dimensiones para este menester».
También se fabricaban en el pueblo grandes alfombras de esparto que se colocaban en la entrada de las casas hasta las cuadras para que pudieran pasar los burros. Igualmente las alforjas para estos animales se fabricaban asiduamente.
Pese a que José Escamilla tuvo siempre afición por este trabajo, termino siendo pocero, -otro de los oficios que ha desaparecido- y vivió grandes temporadas en el extranjero practicando esta profesión. Ya de vuelva a este país siguió con su profesión de siempre hasta su jubilación, a la que siguió el matar el tiempo libre con las tareas de un pequeño campo de su propiedad. Desde hace unos años el esparto es su pasión y ha conseguido que sus trabajos sean conocidos por todo el barrio, incluso ha sido invitado en diferentes ocasiones por algunos colegios de Xàtiva para que trabaje delante de los niños y les explique la técnica de este oficio tan artesanal.
El señor Pepe reproduce burros con sus alforjas tirando incluso de carros con todo lujo de detalles «esos no los vendo» - ha manifestado-. Incluso se ha atrevido a hacer toros de esparto, sin olvidar las cestas, capazos, bolsos, pequeños recipientes para el pan, etc. 
Y todo ello sin olvidar el encorde de sillas, que pueden hacerse de mil formas diferentes, y cuya duración es infinita, al hacerse de forma totalmente manual, apretando individualmente cada ramal cuando el esparto está seco.
Para la fabricación de sus piezas artesanales, el señor Pepe utiliza ramales de distintos tamaños y esparto sin ligar, para dar las formas que cree necesarias. En todo este tiempo que lleva como espartero, ya se le han curvado los dedos, «imagínense que hubiese estado toda la vida en esto», pero la movilidad de sus manos ha sufrido una gran mejoría.
La materia prima la consigue en Adzeneta d´Albaida, aunque recuerda que en Murcia y Granada también se hace esparto de una gran calidad.
En cuanto a la venta, el señor Pepe ofrece sus productos a todos aquellos que pasan por su casa y se interesan por ellos. Obtener un artículo fabricado manualmente no es nada fácil en la actualidad y menos de un oficio que prácticamente ha desaparecido. Por eso no es de extrañar que los niños de queden con la boca abierta cuando ven trabajar al señor Pepe, «me lo tocan todo y me preguntan como lo hago. Tienen una gran curiosidad».
Recuerden, en el final de la calle Bruns. Allí está el último espartero: José Teodoro Escamilla Martínez.Por si quieren comprobar como se trabaja de forma totalmente artesanal.

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