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José
Tormo Vidal apareció -puntual como siempre- el 14 de julio frente a
la Font del Lleó y montó su «basquet» lleno de figues
de pala, el pozal de plástico azul, su pequeña silla de
boga, su viejo cuchillo que parece afilado como el agua, y desde ese
mismo momento se supo que el sabor de la Fira d´Agost acababa de
comenzar. Un verano y una Fira, sin José Tormo y sus figues
de pala, ya no serían lo mismo. Faltaría la tradicional
postal de este entrañable personaje que año tras año sale a
vender este postre tan autóctono, tan tradicional y tan desconocido
para algunos como es la figa
de pala. Ya no queda nadie como él.
José
Tormo Vidal, también conocido como «El Machero», cumplirá el próximo
mes de diciembre 74 años, y lleva vendiendo figues de pala, «74
años y medio, ya que cuando estaba dentro de mi madre ella ya venía
aquí a vender les figues». Su madre heredó la tradición de
su abuelo, y su abuelo de su bisabuelo, que a su vez lo aprendió de
su tatarabuelo, por lo que el árbol geológico de la venta de figues
de pala se pierde en la historia.
Este misma
historia asegura que siempre han estado en el mismo sitio, aunque
con una cierta variación. En un principio se colocaban justo frente
a la Font del Lleó, -los ojos del animal de piedra se cruzaban
paralelamente con los de Tormo- pero hubo una época
en que colocaron un paso de peatones que abarcaba desde el espacio
ocupado por Tormo, al edificio del viejo Hotel Españoleto,
por lo que la presencia física de José Tormo,
molestaba en parte, y se optó por desplazarlo unos metros más
hacia allá, justo donde se encuentra ahora.
Ese lugar se le
respeta por encima de otras consideraciones económicas, ya que
nadie puede ocupar el lugar de les figues de pala, ni incluso
en Feria, cuando este puesto estaría muy solicitado dada su ubicación,
pero la presencia de Tormo es toda una institución, y
las instituciones tienen ciertas consideraciones, afortunadamente.
También hubo una
época donde José Tormo debía pagar una tasa
municipal por ocupar ese lugar de venta, pero desde la llegada de la
democracia se abolió ese pago, también afortunadamente.
La figa de
pala contiene diversas vitaminas y tiene propiedades
astringentes y antisépticas, es dulce, fresca, aromática. Sirve
para producir miel, vino, alcohol y confituras, y para José
Tormo «es un vicio. Cada mañana puedo comerme diez o
doce, e incluso lo hago con pan en aceite».
Tormo
coge los frutos a primeras horas de la mañana, para impedir que el
calor y el viento suelte los dolorosos pinchos de las chumberas, y
tiene diversos lugares concretos donde hacerlo: «me levanto a
las cinco y media de la madrugada y cada día voy a un sitio
diferente: la Solana del Castillo, el Huerto del Marqués en Enova,
etc. Hay algunas propiedades privadas que me permiten coger les
figues de pala, ya que son mucho años los que acudo puntualmente y
ya me conocen de sobra».
A partir de las
nueve y media o diez de la mañana José Tormo ya está
puntual en su lugar de siempre esperando los posibles clientes,
muchos de ellos fieles clientes que año tras año esperan su
presencia. También les llama mucho la atención a los turistas
extranjeros, algunos de los cuales ha pretendido probar el fruto
antes de adquirirlo y pretendía hacerlo con piel incluida.
Comprar figues de
pala es también un ritual. Se pide la cantidad, Tormo
te entrega una bolsa de plástico, te agachas, y él, después de
meter les figues en el pozal, las saca una a una, corta de una
rodaja un extremo y mientras se dirige al otro hace un corto central
que resulta casi imperceptible para la vista. Corta la última
rodaja y la figa ya está dentro de la bolsa de plástico. ¿Y el
precio? Pues el mismo de hace años: 300 pesetas la docena. Como
para hacerse rico.
José Tormo
sabe que con él se acabará la venta de figues de pala. Antes también
las vendía una señora en Cullera, pero ya sólo queda él. A pesar
de que ha sufrido diversas intervenciones quirúrgicas en los últimos
años, no ha querido faltar a su cita anual con el verano y la Fira
d´Agost, «no puedo permitir que se pierda la tradición
mientras yo pueda seguir vendiendo. La gente sabe que cuando yo
salgo, ya llega la Fira».
José Tormo,
el vendedor de figues de pala, todo un personaje complementario a la
Fira d´Agost que ha permanecido fiel a su tradición al paso de los
años -más de 74 dice él-, y que espera sin muchas esperanzas
-ninguna- que alguien recogiera en relevo.
Mientras José
Tormo siga donde está, la Fira tendrá otro sabor: el de
saber que todavía se conservan costumbres que no han perdido su razón
de ser, y que la Figa de Pala, es, sin ningún genero de
dudas, protagonista y parte inseparable de la historia.
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